Por Alberto Salazar / Fotos: Marta Llanes
Por más vueltas que dé un visitante extranjero en la capital india, nunca deja de ir al Qutab Minar, la torre de ladrillos y mármol más alta del mundo con sus 72,5 metros, y “tatuada” de la base a la cúspide con versículos del Corán.
Pero lo hará no solo por eso, o porque el complejo arqueológico del que forma parte sea Patrimonio de la Humanidad: es que entre estas antiquísimas piedras flota un cierto misterio evocador de los cuentos de las Mil y Una Noches...
Levantar lo que hoy es el monumento islámico más antiguo de Delhi consumió la vida de los tres primeros gobernadores musulmanes de la ciudad, pues si la primera piedra se colocó en 1193, la obra solo fue concluida 175 años después.
Casi a sus pies, carcomida por los siglos, yace la mezquita de Quwwat-ul-Islam, la primera construida en Delhi tras la conquista de la India por los mahometanos y edificada con elementos de 27 templos hindúes saqueados.
En sus alrededores se encuentran las tumbas de varios sultanes, las ruinas de una madraza (escuela coránica) y numerosas edificaciones accesorias. También, un pilar de hierro erigido al dios Vishnu que, sorprendentemente, no muestra la más mínima señal de oxidación, pese a datar del siglo IV.
A unos 100 metros, el testimonio pétreo de otro gobernador a quien la muerte frustró el vanidoso empeño de levantar una torre el doble de alto que el Qutab.
Vencedor de siglos, de guerras, terremotos e incendios, solo un peligro llegado de lo alto amenaza al Minar: las vibraciones provocadas por los aviones en tránsito hacia el cercano aeropuerto internacional Indira Gandhi.
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