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Trasplante renal, la virtud de donar la esperanza (+Fotos)

La Habana, 14 mar (Prensa Latina) La Habana. Cuba. Década de 1970. Instituto Nacional de Nefrología (INEF). Un prestigioso equipo de profesores cuece las bases fundacionales de uno de los proyectos más significativos de la especialidad en el país.
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Los doctores Abelardo Bush, Charles Magrans, Reynaldo Mañalich, Jorge Pablo Alfonso y Bartolomé Arce estiban la audacia de realizar el primer trasplante renal.

En lo adelante, también serían ellos quienes, desde el centro rector del INEF, impulsarían la práctica generalizada, la coordinación de este procedimiento quirúrgico y el despliegue de la tecnología hacia otras instituciones cubanas.

Desde el actual ‘cuartel general’ del grupo nacional que atiende la organización y coordinación de todo el programa —radicado en el hospital Hermanos Ameijeiras—, el doctor Antonio Enamorado evoca aquel éxito del sistema de la salud pública y lo hace mediante el agradecimiento hacia sus ilustres predecesores.

Porque ellos, además, conservan el mérito de extender una técnica muy avanzada y de alta complejidad, reconoció el nefrólogo y coordinador nacional del Programa de Trasplantes.

Bajo la tutela de tales proyecciones, otras provincias comenzaron a integrarse a esa práctica. Junto a varios hospitales de La Habana, la asumieron, por este orden, Santiago de Cuba, Camagüey, Villa Clara y Holguín. En su conjunto, estos territorios cubren todas las regiones del país.

Pero lo fundamental, enfatizó Enamorado, es contar con un sistema sanitario como el nuestro que busca beneficiar a sus ciudadanos, de manera gratuita y con medicamentos que emplea el mundo desarrollado. Algo similar sucede con el proceder quirúrgico, el cual puede equipararse al nivel profesional de cualquiera de esas naciones.

En los últimos cinco años, a nivel nacional, se realizaron 609 trasplantes renales de donantes cadáveres provenientes de las terapias intensivas.

A pesar del complejo escenario pandémico derivado de la Covid-19, el Estado nunca interrumpió el programa. En semejante contexto logramos realizar 55 trasplantes en 2020, confirmó el doctor.

                                       
                                           

EL ROSTRO DE LA GRATITUD

Los ojos brillantes y húmedos de Magllory Pérez expresan la dimensión infinita de la gratitud. Su rostro detrás dela mascarilla protectora hace adivinar que ríe feliz. Esta habanera de 44 años de edad, y diabética desde los cuatro, está prendida a la vida y a los sueños de realización personal que nunca creyó hacerlos realidad.

Alrededor de los 20 años, los riñones comenzaron a darle serios problemas, con infecciones constantes y otros síntomas graves. Pasado el tiempo, ‘el deterioro aumentó hasta que apenas funcionaban, por lo que la única opción posible era el trasplante’, describió con evidente aflicción.

Con tales condiciones clínicas llegó a la consulta de trasplante de la doctora Berta González, nefróloga en el Hermanos Ameijeiras y con más de dos décadas de experiencia en este tipo de cirugía renal.

Una vez incorporada al programa, empezó la carrera contrarreloj y los esfuerzos extras para mantener el resto de los parámetros de salud en buen estado. No obstante, la situación empeoraba, y con ella se iban las esperanzas poco a poco. Ya a esa altura estaba en etapa terminal de la funcion renal, recibía hemodiálisis y su organismo atravesaba períodos inmunodepresivos y descompensación persistente de la diabetes.

Un día en que se agudizó la disfunción del acceso vascular (fístula arteriovenosa) y sintió que el cuerpo colapsaba, la llamaron una vez más de urgencia a la oficina coordinadora para informarle de un posible donante. Tras los exámenes requeridos y cumplir todo el protocolo de compatibilidad y aptitud, le confirmaron que sería trasplantada el 8 de abril de 2016.

Durante la recuperación en la unidad de cuidados intensivos, oyó decir a la enfermera que ya orinaba por sí misma.

‘No pude creer que fuera yo, pues llevaba cuatro años sin hacerlo. Era un milagro’. Ahora, un lustro después, dice sentirse ‘otra mujer en todos los sentidos; volvieron la coloración normal de la piel, la fuerza, el ánimo, la voluntad de retomar la vida junto a mi hija; me incorporé a trabajar y mi evolución es excelente’, relató casi con júbilo al tiempo que agradeció a la doctora Berta con toda ‘la dulzura’ que estos tiempos de Covid-19 le permiten demostrar.

                                           
                                            

LO HUMANO Y LO POSIBLE

Hasta diciembre de 2015 Cuba trabajó el Programa de Trasplante con un formato de donante vivo, al que solo podían acceder familiares de primer orden sanguíneo (padres, madres, hijos y hermanos).

A partir de esa fecha cambió la resolución del Ministerio de Salud Pública (Minsap), cuya expansión abarcó a donantes vivos hasta de tercera y cuarta línea consanguinea, incluido el llamado emocionalmente emparentado (cónyuge), puntualizó el doctor Enamorado, mientras recordó la impronta de Fidel Castro, líder de la Revolución, en esas decisivas transformaciones.

‘Él fue un visionario que expuso el tema a la sociedad de un modo sencillo y supo cómo llamar la atención de la ciudadanía y despertar su sensibilidad ante la utilidad de donar órganos para salvar vidas’.

Sin embargo, al margen de decisiones jurídicas y personales, las autoridades sanitarias nunca abandonaron la política del ‘consentimiento informado’, una actuación invariablemente vigente, acotó el funcionario.

Al profundizar en la estructura y los servicios establecidos para garantizar el éxito del programa, la doctora González precisó a Avances Médicos que el Minsap garantiza la total atención a las personas en espera de la cirugía y a los trasplantados.

Aunque ‘la limitante fundamental que impide realizar un trasplante es la no existencia del donante, afirmó González, es imposible eludir las múltiples dificultades con que el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos fustiga nuestro sistema de salud’. Sobre todo, dijo, al afrontar los altos niveles de recursos que exige la ejecución de cirugías de esta índole.

Cuba tiene un orden de prioridades para determinado tipo de pacientes: niños y aquellos que, a juicio de los médicos, presenten condiciones clínicas cuyo daño no les permitiría vivir mucho tiempo, argumentó la reconocida especialista. Aun así, no se viola lo establecido, y cada caso es analizado y discutido en el centro que rige la organización nacional.

En este punto, los doctores Antonio Enamorado y Berta coinciden en esclarecer que el enfermo renal crónico transita por varios caminos: el diagnóstico de la enfermedad, evaluación nefrológica, los tratamientos sustitutivos de la función renal como la diálisis peritoneal o hemodiálisis… Finalmente, es valorado por los médicos, que lo preparan para el proceso quirúrgico.

La consulta del hospital Ameijeiras, ilustraron los expertos, atiende a pacientes de esta institución y de otras. Aquí evaluamos los aspectos físicos, humorales, psicológicos, inmunológicos, radiológicos y, en el caso de las mujeres, ginecológicos. De cumplir adecuadamente con el protocolo establecido para trasplante renal vivo o cadavérico, se reportan aptos para recibir el órgano; luego entran en el registro de espera.

Como coordinador nacional del Programa, el doctor Antonio Enamorado rubrica el principio ético, que Cuba cumple, de disponer de una organización pública que determina la regionalización y distribución. ‘El candidato a trasplante puede estar siendo atendido en cualquier centro hospitalario del país, porque nuestra entidad coordina y asigna los órganos, pero no es dependiente de ningún centro trasplantador. Una comisión efectúa el análisis y decide quién lo recibirá’.

Para este especialista de larga data en la nefrología la sociedad tiene un peso decisivo en que sea posible el trasplante y, en ese ámbito, la solidaridad, el humanismo y la sensibilidad de los cubanos resultan una evidente muestra de altruismo cuando acceden a donar los órganos de sus familiares para salvar otras vidas. No en vano, la sociedad tiene los dos principales componentes en sus manos: la enfermedad y la donación. El sistema de salud pública solo es la interfaz para hacerlo posible.

(Tomado de Avances Médicos de Cuba)

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