Doctrinas como la Monroe, el Destino Manifiesto, el Gran Garrote y otras más recientes como la eufemística Guerra No Convencional, marcan el vínculo histórico entre el país norteño y las naciones dela región en el ámbito del tablero geopolítico mundial.

A juicio del canciller venezolano, Jorge Arreaza, el triunfo de la Revolución bolivariana en los albores del siglo XXI marcó un punto de giro en la postura de este país sudamericano respecto a los intereses hegemónicos de la potencia del norte en el área.

Venezuela se ha convertido en el objetivo central de la estrategia de Estados Unidos y sus aliados, “porque durante años los gobiernos fueron serviles a esos intereses y permitieron el saqueo de los grandes recursos, lo cual cambió con el triunfo de la Revolución”, aseveró el titular en declaraciones a la sección Escáner, de Prensa Latina.

 

“Ha sido esa postura de dominación, marcada por el entramado, el engranaje de intereses corporativos,militares, tecnológicos, industriales y financieros, lo que lleva a Washington a su obsesivo objetivo de controlar a Venezuela”, afirmó Arreaza.


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MEDIDAS COERCITIVAS, ARMA DE AGRESIÓN POLÍTICA

En su reciente visita a esta nación, la relatora especial de la ONU Alena Douhan reconoció que el Estado y pueblo venezolanos enfrentan actualmente las consecuencias de la imposición sistemática de medidas coercitivas unilaterales por parte de Estados Unidos desde 2005.

Ese año, en un intento de poner en jaque a la nación sudamericana, Estados Unidos introdujo sanciones selectivas contra personas y entidades venezolanas presuntamente implicadas en el tráfico de drogas.

Asimismo, en 2006 impuso un embargo de armas por considerar que el Gobierno bolivariano no cooperaba suficientemente en los denominados esfuerzos antiterroristas.

La declaración de Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, mediante decreto presidencial emitido por el mandatario Barack Obama (2009-2017), dio inicio en 2015 a una nueva era en las relaciones entre ambos países.

 

Dicha orden ejecutiva abrió las puertas a la imposición de nuevas medidas coercitivas contra el Gobierno venezolano y sus instituciones, incluida la empresa estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa), a través del bloqueo de transacciones y del acceso a mercados financieros internacionales.

Más tarde, la administración de Donald Trump (2017-2021) intensificó las acciones punitivas, justificadas por la supuesta mala gestión gubernamental, corrupción, represión de opositores políticos y la crisis humanitaria existente en Venezuela.

El reconocimiento del diputado opositor Juan Guaidó como presidente encargado, acto percibido en Caracas como intento de golpe de Estado, generó desde enero de 2019 una nueva escalada de asfixiae conómica.

Además de imponer un bloqueo económico total en agosto de ese año, Washington otorgó a Guaidó el control de los activos y propiedades del Gobierno venezolano en cuentas bancarias estadounidenses, incluido el dinero que va a Pdvsa desde su filial estadounidense, Citgo.

SEVERO IMPACTO ECONÓMICO

Al presentar su dictamen, la relatora especial de Naciones Unidas aseveró que las acciones ilegales implementadas por Estados Unidos frenaron el desarrollo del país debido al severo impacto ocasionado a la economía, al provocar la caída de los ingresos en divisas en un 99 por ciento durante los últimos años.

También reconoció que la aplicación de tales medidas afectó el acceso a medicamentos y alimentos, lo cual generó un efecto devastador en la salud de la población venezolana, y acentuó el escenario de crisis y las tensiones internas, con repercusiones en el flujo migratorio y la separación de las familias.

“Esas medidas coercitivas, unilaterales y arbitrarias que generan los bloqueos están al margen del derecho internacional”, subrayó Arreaza.

Por tanto, aseveró, denunciar la ilegalidad del bloqueo de Estados Unidos será siempre uno de los principales temas de la política exterior del país sudamericano.

¿ENROQUE POLÍTICO EN AMÉRICA LATINA?

Al definir el actual tablero geopolítico de América Latina, el diplomático venezolano lo calificó como un escenario en transición donde soplan aires de esperanza, en una suerte de enroque que provoca molestias en Estados Unidos y los grandes centros de poder imperial.

Sin importar quién ocupe el sillón de la Casa Blanca, el objetivo esencial de todas las administraciones norteamericanas será siempre el control y dominación de la América Latina y el Caribe, enfatizó.

“La primera década de este siglo fue ganada por los pueblos porque lograron acceder al poder distintos gobiernos, algunos más populares que otros, pero en un rango de posiciones revolucionarias y progresistas, con mucha capacidad de organización para integrarse y enfrentar los desafíos mundiales”, aseguró.

Todo ello incomodó al imperialismo, por eso, acotó, vemos cómo comenzaron a intervenir en Honduras, Paraguay, Brasil y Bolivia, al tiempo que intensifican sus acciones para desestabilizar a Cuba, Nicaragua y Venezuela, con el fin de imponer gobiernos de derecha que aseguren la relación de dependencia.

“Gobiernos serviles que, si les ordenan atacar a Venezuela, allá van; si les orientan acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI), comienzan a privatizarlo todo; hay que producir más drogas, la producen y además protegen las operaciones; así funcionan”, expuso el ministro venezolano de Exteriores.

RECUPERANDO ESPACIOS

En estos momentos hay grandes fuerzas recuperando esos espacios, recalcó el diplomático al hacer un breve análisis de la actual correlación de las fuerzas políticas en América Latina.

“México, Argentina, Bolivia, y más recientemente la probabilidad del triunfo en Ecuador, demuestran que, con matices, con diferencias,con distintos niveles, son gobiernos preocupados por sus pueblos, sensibles a sus necesidades, que van a actuar de manera coordinada y esto no es al azar o por el simple movimiento de un péndulo», explicó.

Aseguró que Estados Unidos y el decadente sistema capitalista tendrán una relación difícil con esos países, porque no les podrán imponer sus políticas; “no les quedará otra alternativa que negociar con ellos sobre la base de respeto”, vaticinó.

Van a tener que entender que esos gobiernos y esos pueblos se van a unir, a retomar el proyecto de unidad no solo de hace 200 años, sino además el de hace 10 años, interrumpido por la intervención imperialista, dijo.

“El destino de nuestra América es unirnos, enfrentar nuestros problemas y nuestras potencialidades de manera conjunta, tendrán que aceptar esa realidad”, manifestó.

Al respecto, Arreaza se mostró convencido de que en algún momento no muy lejano Latinoamérica propinará jaque mate al imperio y sus políticas neoliberales.

arb/wup/ycv

En este trabajo colaboraron Diony Sanabia, Martha Andrés Román y Adriana Robreño, periodistas; William Urquijo, corresponsal jefe de Prensa Latina en Venezuela; Amelia Roque, editora;  David Reyes, editor de televisión; Lázaro Miranda (LAZ), caricaturista; y Rey Dani  Hernández, webmáster.