Esos licores ancestrales, sacados del milenario agave o maguey, están tan identificados con el mexicano que al extranjero le es difícil pensar que en una cantina de barrio o en un bar de lujo, haya en los estantes otras bebidas también nativas como el ron de la caña de azúcar. Pero no es así.

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LLEGÓ A MÉXICO

Como en la América ibérica, en particular Brasil, Venezuela, el Caribe y Centroamérica, los colonialistas trajeron también a México la caña de azúcar.

Aquí no llegó en las goletas que zarparon de Islas Canarias en el segundo viaje de Cristóbal Colón a las Américas en 1493 con canutos para hacer guarapo a bordo, sino que la trajo Hernán Cortés tras uno de sus viajes a La Habana.

Lo curioso es que Cortés no conoció el ron porque en su época, de la caña solo se extraía guarapo para hacer azúcar y es lo que él procesaba con sus esclavos en el trapiche montado cerca de su casona de Coyoacán.

Y en los predios de la casa de su concubina la Malinche (Malintzin o doña Marina), la madre de su hijo Martín, mandada a asesinar por él mismo.

El asunto radica en que ni a la gente de Nueva Guinea, de donde es oriunda la caña, ni a los europeos, se les ocurrió pensar que esa planta, además de dar azúcar, diera también alcohol.

Eso se descubrió en Barbados, donde la historiografía sitúa la primera destilería para extraer alcohol y hacer ron en el año 1700.

Según historiadores, los negros de plantación sacaban ron de la caña que cortaban, y fue por ellos que los colonialistas lo conocieron, pero esa afirmación no está documentada.

AGUARDIENTE, CHARANDA O CHINGUIRITO

En México, país donde el negro no preponderó, las plantaciones de caña -menos extendidas que en el Caribe-, eran atendidas por personal liberto y asalariado. Actualmente este país ocupa el quinto lugar mundial en extensión de plantaciones de caña, producción de azúcar y de alcoholes.

Como indica la maestra mexicana en historia Martha Delfin Guillaumin, la caña de azúcar y los alambiques para destilar su jugo forman parte de la herencia española.

La charanda, explica, es un aguardiente, reconocido como el ron de México, cuyo nombre proviene del llamado Cerro de la Charanda, voz purépecha que significa tierra colorada.

Es importante porque allí estuvo la primera destilería virreinal para el jugo de caña, en las inmediaciones de Uruapan, Michoacán, aunque hay que tener presente que al aguardiente se le llamaba chinguirito cuando era hecho en la entonces Nueva España.

Desde esa época se liba ron en este país. Sin embargo, no es un superproductor en las cantidades que lo pueden ser Brasil, Cuba, Venezuela o República Dominicana.

Más bien se limita a unas decenas de destilerías con ese propósito, pero con el hecho interesante y poco divulgado de que sus marcas están ranqueadas entre las de mayor calidad del mundo. Se puede asegurar que el ron mexicano es muy selecto.
 
DEBUT IMPRESIONANTE

El experto internacional y presidente de la Asociación Barmen de México, Rodrigo Gaytán, destaca para la sección Escáner de Prensa Latina cómo este destilado se abre paso hasta convertirse en algo más que una tradición emergente, junto con un comercio en crecimiento.

Pues aunque los rones de México son de limitadas variedades en comparación con otros, resultan de una calidad indiscutible, resalta el especialista. Así, estilos nativos se entremezclan con visiones foráneas para crear un sabor distinto, delicioso, que los caracteriza, aunque sin alejarse mucho del gusto antillano.

El nombre de México fue puesto en alto en todo el mundo el año pasado gracias a un ron de etiqueta originaria, el cual fue votado a través de una cata a ciegas hecha por 200 chefs y sommeliers de todo el mundo.

Considerado como los premios Oscar del mundo gourmet, de los galardones más esperados por 131 países, el International Taste Institute (ITQI) otorgó el oro, la máxima distinción, al ron Villa Rica 23 años Edición Oro.

Proveniente de Córdoba, Veracruz -cuna de buenas bebidas y el café-, el ron Villa Rica 23 años Edición Oro obtuvo por sexto año consecutivo el máximo galardón de la Superior Taste Award o Premio al Sabor Superior.

El jurado emitió una opinión con base en cinco criterios principales: primera impresión, visión, olfato, sabor y sensación final, todo esto sin conocer el nombre del producto que están probando o su país de procedencia.

MARIDAJE CON EL RON CUBANO

Otro hecho interesante es que la industria moderna del ron en México está muy ligada a Cuba, no solamente porque su caña es de origen cubano, sino por las raíces de productores contemporáneos.

Ellos trajeron sus métodos y técnicas de añejamiento desde la década del 20 del siglo pasado, e incluso en años posteriores, como la familia Seoane, camagüeyanos asentados en Veracruz y creadores de la marca La Gloria, quienes sentaron sus reales en estas tierras en 1949.

Don José Seoane Lavín trajo desde Cuba una variedad específica del central Jaronú (hoy Brasil), la cual sembró en Veracruz e injertó con otras locales hasta obtener una que bautizó Diamante, al parecer cercana a la Media Luna típica de Camagüey.

La Gloria obtuvo en 2017 con el Cristalino doble medalla de oro y con el Añejo medalla de plata en el San Francisco World Spirits Competition, uno de los eventos más importantes a nivel mundial. Y el año pasado otra dorada en el Concurso Mundial de Bruselas, en las dos presentaciones.

En el ranking de los 10 primeros rones de México, al menos cuatro son de origen cubano.

ACOMPAÑANTE DE LAS RANCHERAS

También el ron está muy relacionado con el pentagrama musical y la claqueta cinematográfica en México, aunque menos que el tequila y el mezcal.

La referencia al ron suele aparecer ligada al nombre o marca de bebida como la charanda, la cual despunta en la canción y la película Juan Colorado, un valiente de la Revolución que se jacta de ir de pueblo en pueblo para ganarse a las mujeres y ahuyentar a los hombres.

Otro que también es famoso y menciona al ron es el corrido “Gabino Barrera”, interpretado por los más conocidos autores y mariachis mexicanos, pero sobre todo Tony Aguilar.

Pero una presente en nuestros días es “Canción del Mariachi”, interpretada por Antonio Banderas en la cinta Desperado, que se inicia con planos del actor con una guitarra en la mano, y en la letra coloca al aguardiente incluso por encima del tequila.

El propio Cantinflas le hizo en su momento propaganda cuando en una de las más famosas escenas de Ahí está el detalle, al abrirse una puerta aparece fumando un tabaco y abrazado a una botella de ron, e invita al dueño de la casa a “echarse” un traguito.

arb/lma

(*) Este trabajo contó con la colaboración de David Reyes, editor de PLTV, Amelia Roque, Alberto Corona, y el editor web Rey Dani Hernández.