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Ciudad Primada de Cuba, joya natural y madre de tradiciones

La Habana, 15 ago (Prensa Latina) La Primada de Cuba, territorio oriental bautizado en sus orígenes como Nuestra Señora de la Asunción y luego conocida como Baracoa, cumple hoy 510 años de fundación, convertida en madre de singulares tradiciones culturales.

La primera capital y obispado de la isla comienza su historia en el mapa mundial con la llegada de Cristóbal Colón, el 27 de noviembre de 1492, quien avistó sus costas y calificó su belleza como la más hermosa tierra que ojos humanos divisaron.

Fue el Almirante Diego Velázquez, el 15 de agosto de 1511, quien consolidó su fundación como villa, desde donde comenzó el vínculo entre estructuras, economía, cultura, religión y el llamado proceso constructivo de la nacionalidad cubana.

Tierra de Las Tres C

Tres productos emergen del suelo baracoense, dándole también el mote de la Tierra de Las Tres C: coco, cacao y café; en tanto su relieve montañoso se alza entre la estrecha llanura y cristalinos ríos como cuadro paisajista natural.

Una flora endémica asoma por sus parajes, exhibiendo tres de las cuatro especies de palmas existentes en el país: la palma criolla azul (Roystonea Violácea), la clara (R. Stellata) y la seda (R. Lenis).

En tanto, su fauna alberga dos de los animales cubanos en peligro de extinción: el almiquí (Selenodon Cubanus) y el gavilán caguarero (Chondrohinax Milsoni).

Platos típicos preparados a base de leche de coco, pescados y chocolate distinguen también las delicias gastronómicas, en tanto sus calles estrechas exhiben la arquitectura típica de madera, otro tesoro de la ciudad.

La Primada de Cuba conserva un exquisito patrimonio material e inmaterial que evidencia la diversidad cultural del territorio, convertido en un pequeño paraíso que tiene como complemento especial las expresiones musicales.

Kiribá Nengón

Si hay un sonido que te remite a Baracoa, es el Kiribá Nengón.

De acuerdo con el presidente de la Asociación Hermanos Saíz en Guantánamo, Carlos Urgellés, este ritmo constituye una de las expresiones musicales arraigadas a las fiestas campesinas tradicionales y uno de los espectáculos músico-danzarios más singulares de Cuba.

Según enunció Urgellés, esa expresión cultural posee la categoría de grupo portador, otorgada a un grupo de familias asentadas en la zona rural del Güirito en Jamal y dentro del área conocida como paisaje cultural del cacao.

Esta comunidad preserva prácticas heredadas de sus ancestros desde el siglo XIX, que fueron valoradas a partir de la década de 1980 por un trabajo de investigación de estudiantes de música, aseguró.

Al decir del intelectual, fue el prestigioso musicólogo cubano Argeliers León el encargado de evaluar y declarar el ritmo como célula primaria del son, con una base tradicional ejecutada por quintetos que sacan los sonidos al bongó en tierra, el bajo de cuerdas de tripas de jutía, el tres, el güiro o guayo y las maracas.

Instrumentos artesanales y canciones de trabajo realizados en esta franja del país marcan las melodías de los dos bailes de salón que inician y culminan las fiestas de fin de cosecha del cacao y del café.

La ejecución, comentó el artista, simula el apilamiento con los pies del grano en los secaderos por eso se baila con un barrido de los pies desde afuera hacia dentro bajo un ranchón remozado que responde a la tipología de la época.

Allí, el proyecto liderado por Ana Teresa Rochet, realiza un espectáculo cultural que, además del baile y la música, permite el disfrute de comida típica y de otros ritmos, bailes y sonoridades como el aeroplano, el carril, el balse, el cabaret y la pasión.

Según destacó el crítico, cada uno posee una historia particular ligado a sus orígenes, al trabajo del hombre y al desarrollo económico del territorio.

El aeroplano surgió tras el arribo de las primeras aeronaves a Baracoa en las zonas por donde transitaba el avión, el cabaret proviene de los lugares con salones de fiestas y el carril emergió en poblados cercanos a la línea ferroviaria para la extracción del plátano fruta, explicó el investigador.

Sin embargo, pese a esta fortuna cultural, Baracoa precisa de una promoción efectiva para acrecentar el conocimiento entre el público más joven e incluso entre los estudiantes de música y danza que están en formación.

Urgellés aspira a que se reevalúe y redimensione el carácter de estas expresiones para alcanzar la distinción de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad como lo es la rumba, el punto cubano, el changüí o el danzón.

Tenemos que promocionar y revitalizar nuestra riqueza musical, no solo desde la perspectiva comercial, sino también identitario para fomentar su valor y el de sus consagrados cultores que son, en su mayoría, de la tercera edad, concluyó.

rc/yrv

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