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La Habana, 13 nov (Prensa Latina) Finca Marta es un proyecto agroecológico que impacta en el desarrollo territorial desde los saberes acumulados en el tiempo, y constituye en la actualidad el primer usuario privado insertado en la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), provincia de Artemisa.
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Este emprendimiento tiene como objeto social la producción, beneficio, procesamiento y comercialización de hortalizas, frutales y productos apícolas, con la intención de crear una comunidad agraria sustentable, explicó a Cuba Internacional el líder de la iniciativa, Fernando Funes.

Se trata de crear un núcleo que gestione todo ese desarrollo a escala del territorio, y para ello pretendemos armar una red de fincas –unas 60 ya expedientadas-, con su programa, proyectos de siembra, de cosecha y sus ciclos productivos, añadió.

Pero el camino hacia la ZEDM fue largo. Funes, ingeniero de formación, graduado de la Universidad Agraria de La Habana, con una experiencia de unos 25 años como investigador y docente, decidió un día aplicar sus saberes en la campiña cubana.

Después de visitar los cinco continentes, más de 40 países, conocer cientos de agricultores en el mundo -desde los más hasta los menos desarrollados-, comprendió que no había puesto en práctica los conocimientos aquilatados “y eso era un vacío dentro de mi formación profesional”, comentó.

Surgió entonces la idea del proyecto, justo cuando cumplía 40 años, edad en que uno quiere hacer algo diferente con su vida, bromeó.

“Fue una decisión familiar – recordó-, y aunque conté con todo el apoyo significaba un paso muy arriesgado invertir nuestros ahorros, renunciar a la comodidad académica, adaptarse a los esfuerzos físicos que generan las labores agrícolas, lo cual en la primera etapa me hizo adelgazar unas 30 libras”.

Sin embargo, pusieron todas sus energías en función del “sueño” y comenzó la transformación de aquel lugar abandonado y en condiciones muy precarias.

“La iniciativa empezó entonces a tener cada vez más sentido, la relación con el medio rural, con los trabajadores, y en lo personal mí visión profesional se enriqueció y entendí las cosas de manera diferente”, aseguró.

Transcurridos 10 años, ahora valora el enorme sacrificio personal, la renuncia a los placeres de la vida urbana y la adaptación a la zona agrícola: un cambio de impacto social más allá de las buenas prácticas productivas, el manejo de la tecnología y la gestión económica de una hacienda.

Finca Marta genera, procesa y comercializa una amplia gama de ofertas procedentes de la horticultura, la producción animal, la apicultura con el empleo de fuentes energéticas renovables y la conservación de la naturaleza.

EN LA ZEDM

Funes y su equipo encaran hoy un nuevo reto tras su inserción en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, en la cual han tenido que aprender a lidiar con lo que denominan “otro nivel de agregación, otras estructuras organizativas e involucrarse con muchos más actores”.

“Por nuestra parte –informó el ingeniero-, pronto construiremos un centro de beneficio, procesamiento de frutales y productos apícolas para la comercialización en varios segmentos del mercado: la población, restaurantes, tiendas, centros comerciales, exportación y empresas de la ZEDM”.

Desde este nuevo emprendimiento, Finca Marta pretende fungir como un conector de la agricultura en este territorio.

“Nos preparamos para exportar -agregó el líder de este colectivo-, pero para lograr ese objetivo primero debemos conocer cómo funciona el producto en el mercado nacional, garantizar su competitividad, firmar contratos, estudiar la concurrencia internacional, y además, asegurar sostenibilidad desde el punto de vista productivo”.

Por el momento, actualmente ya tienen rubricado un entendimiento de fabricación cooperada con la Empresa Apícola Cubana, a la cual deben vender unas 10 toneladas anuales de mieles procedentes de la finca, y también laboran de conjunto con el Centro de Investigaciones Apícolas.

“Estos resultados confirman cómo pueden funcionar los encadenamientos entre los sectores privado y estatal” subrayó Funes. Confesó el empresario que más allá del valor nutritivo de la miel y de la importancia del equilibrio ambiental de los ecosistemas, Finca Marta le permitió entender el sacrificio que requiere el quehacer de los apicultores, pues en la década transcurrida miles de abejas lo han picado.

No obstante enfatiza en que siente orgullo y placer porque considera que “hay que aprender haciendo”.

mem/jcm/tdd

(*) Periodista de la redacción de Economía de Prensa Latina.

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