Desde Francia: Biden, Cuba y la agresividad Made in USA (+Foto +Video +Audio)

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París (Prensa Latina) La administración del presidente Joe Biden da continuidad a más de seis décadas de acciones hostiles de los gobiernos de Estados Unidos hacia Cuba, una postura que no debería sorprender porque responde a pretensiones hegemónicas de vieja data.
Por:
Waldo Mendiluza

Corresponsal de Prensa Latina en Francia

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En un contexto en el que la mayor de las Antillas vuelve a estar en el centro de la cruzada estadounidense con la mira en el cambio de régimen, Prensa Latina dialogó con dos estudiosos franceses de la realidad latinoamericana, y en particular de las relaciones La Habana-Washington como uno de sus elementos de relevancia.

El objetivo de imponer un cambio de gobierno marcó desde el triunfo de la Revolución de 1959 la visión de las administraciones estadounidenses respecto a Cuba, una postura a la que Biden da continuidad, consideró Stéphane Witkowski, presidente del Consejo de Gestión del Instituto de Altos Estudios de América Latina (Iheal), centro de investigación y docencia de la Universidad Sorbona Nueva-París 3.

A su juicio, son los métodos para buscar esa meta los que pueden variar, pero el fin sigue siendo el mismo, al margen de si se trate de presidentes republicanos o demócratas.

Barack Obama apostó por un acercamiento a la isla, el llamado “poder blando”, enfocado en desarrollar lazos intelectuales y con la sociedad civil; el mismo objetivo, pero menos visible y menos hostil, mientras con Biden vemos la política tradicional, comentó.

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De acuerdo con Witkowski, el financiamiento del Congreso, las transmisiones televisivas, el estímulo a la subversión y la manipulación mediática son componentes de ese propósito planificado, frente a un país que resiste desde hace más de 60 años.

Lo vimos antes, también recientemente en julio y lo estamos viendo en noviembre; nada es casual, todo ha sido bien preparado, el 15 de noviembre fue la fecha escogida para la reapertura de las fronteras al turismo, expuso en alusión a la convocatoria promovida en Miami y apoyada por el gobierno norteamericano a marchar en La Habana y otras ciudades, intentona que terminó en un nuevo fiasco.

LA SUBVERSIÓN COMO PUNTA DE LANZA

Los planes subversivos y de desestabilización han sido punta de lanza en el objetivo estadounidense de imponer a Cuba un cambio de régimen, una guerra que evolucionó con el tiempo.

Esto es de los actos terroristas a los esfuerzos de repetir el guion de las “revoluciones de colores” y los “golpes blandos” aplicados en Europa del Este y el Medio Oriente, al amparo de las campañas mediáticas y la fabricación de opositores, métodos potenciados en la época de las redes sociales.

La isla enfrenta la misma fórmula de injerencia utilizada en otras naciones, aseguró el académico y ensayista francés Salim Lamrani, para quien, en el caso de la nación antillana, está condenada al fracaso ante la dignidad de sus habitantes.

“Desde mi punto de vista está condenada al fracaso porque, a pesar de las dificultades y vicisitudes cotidianas que hay allá, ningún cubano digno de su nombre está dispuesto a aliarse al gobierno estadounidense, el enemigo histórico de la soberanía y de la independencia de Cuba”, subrayó.

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Lamrani recordó que desde 1959, uno de los principales pilares de la política exterior de Estados Unidos hacia su vecino ha sido la organización, el asesoramiento y la financiación de una oposición interna para derrocar al gobierno revolucionario.

“Durante 30 años, hasta 1991, era una política secreta y clandestina. Desde 1992 con la adopción de la ley Torricelli es un objetivo declarado, público y admitido por Washington, ya que el artículo 1705 de dicha ley prevé un presupuesto para la oposición cubana en la isla”, señaló el experto.

El profesor universitario agregó que también la ley Helms-Burton, que sigue vigente como la Torricelli, recoge el financiamiento a la oposición en Cuba en el artículo 109, iniciativas a las que habría que añadirles los informes adoptados en 2004 y 2006 por el entonces presidente George W. Bush para aportar dinero a grupúsculos contrarrevolucionarios.

UN TEMA DE POLÍTICA INTERNA

Sin ignorar el actual escenario cubano, marcado por el impacto de la pandemia de la Covid-19, la acumulación de las consecuencias del bloqueo y su recrudecimiento por Donald Trump, y las dificultades económicas, Witkowski insistió en que la proyección de Washington hacia la mayor de las Antillas se rige por enfoques de política interna.

Ahora mismo eso significa que Biden está concentrado en las elecciones de medio término del próximo año, preocupado por mejorar una mayoría demócrata frágil en el Congreso, apuntó.

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Esa es su prioridad y también su preocupación, no la política exterior y los vínculos con América Latina y en particular con Cuba, y por tanto -añadió- busca algún entendimiento con actores con una posición radical anticubana en la Florida y otras partes, incluso dentro de su partido, expresada por el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Robert Menéndez.

Para Witkowski, otro elemento a considerar en la política estadounidense es la influencia de los medios, amplificada ahora por las redes sociales, un ámbito de marcada hostilidad hacia la nación antillana y su Revolución.

De cualquier manera, hay desilusión porque Biden prometió un cambio de postura en su campaña y no lo ha cumplido, y durante su gestión mantiene el dispositivo creado por Trump para fortalecer el bloqueo, con más de 240 medidas agresivas y el impulso al factor extraterritorial, advirtió.

El experto francés en relaciones internacionales opinó que habrá que esperar hasta después de las elecciones del 8 de noviembre de 2022 y sus resultados para analizar mejor la conducta de la actual administración respecto a Cuba.

Creo que tal vez para entonces veamos algunas iniciativas relacionadas con la isla, después de todo él fue el vicepresidente durante los mandatos de Obama, y su equipo, a diferencia del de Trump, no está coherentemente estructurado con una visión agresiva hacia el país caribeño, precisó.

PISOTEADOS LAS LEYES Y EL DERECHO

Por su parte, Lamrani llamó la atención sobre el hecho de que no pueden asumirse como normales los actos de injerencia contra una nación soberana, ni ignorarse el derecho del agredido a defenderse, aun cuando estemos hablando de una conducta de décadas y con un trasfondo histórico.

“Según el Derecho Internacional, es ilegal financiar a una oposición en un tercer país, ya que viola el principio de no-injerencia en los asuntos internos de las naciones soberanas”, subrayó.

Asimismo, manifestó que desde el punto de vista legal, cualquier Código Penal del mundo considera un delito recibir ayuda de una potencia extranjera cuyo objetivo es subvertir el orden establecido, una grave violación de la ley que enfrentaría las más severas sanciones.

En Francia, el artículo 411-4 del Código Penal expresa que recibir ayuda de una potencia extranjera con el objetivo de atentar contra los intereses fundamentales del país es pasible de 30 años de prisión, abundó.

Desde la óptica internacional, Estados Unidos sigue empeñado en desconocer el reclamo mundial de que ponga fin a su agresividad contra Cuba, una demanda que en el caso del bloqueo económico, comercial y financiero, ha encontrado eco desde 1992 en 29 resoluciones adoptadas por la Asamblea General de la ONU.

arb/wmr

Colaboraron en este trabajo:

Amelia-Roque
Amelia Roque

Editora

Luisa-Maria
Luisa María González

Editora jefa

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Diego Hernández

Webmaster

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