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Relaciones Rusia-EEUU evocan tiempos de la Guerra Fría

Moscú (Prensa Latina) Rusia y Estados Unidos concluyen un año que por momentos recordó los duros tiempos de la Guerra Fría, aunque también se registraron acontecimientos que presagian la posibilidad de un mejoramiento en los vínculos bilaterales.
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En 2021, los eternos enemigos protagonizaron enfrentamientos públicos que no se recordaban en décadas, marcados por una fuerte retórica antirrusa y amenazas que parecían terminar con el rompimiento de las relaciones entre las partes.

Políticos, diplomáticos y expertos coincidieron que la gota que desbordó la copa fueron las declaraciones del presidente estadounidense, Joe Biden, quien a dos meses de tomar el poder calificó de asesino a su homólogo ruso, Vladimir Putin, en una entrevista televisiva.

Para la portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova, sus palabras pusieron en un callejón sin salida los maltrechos vínculos entre ambas naciones y advirtió que “la demonización” de Rusia por parte de Washington ya alcanzó su límite.

Una de las razones del ataque de Biden a Putin estuvo en que Washington “necesita enemigos temibles” para justificar su política agresiva, consideró sobre el tema el politólogo cubano Santiago Pérez.

“Desde principios de la década pasada dejó de ser el terrorismo. Pasaron a ser Rusia y China. Con Rusia hay menor nivel de interdependencia que con China. Les afecta menos el enfrentamiento con Moscú que con Beijing”, escribió en su cuenta de Facebook.

Pérez advirtió no pasar por alto que Biden es un hombre de los tiempos de la Guerra Fría, que “viene de una cultura antisoviética y antirrusa”, con 47 años trabajados para diferentes administraciones estadounidenses.

El académico cubano opinó que tampoco es posible obviar que en Estados Unidos la oposición a Rusia es consensual en los más diversos sectores de poder.

MEDIDAS DE WASHINGTON CONTRA MOSCÚ

A la acusación de Biden se unieron un grupo de medidas aprobadas por Washington contra Moscú, cuando todavía no habían concluido los primeros 100 días de la nueva administración estadounidense.

La Casa Blanca justificó las sanciones al argumentar que eran en respuesta al supuesto envenenamiento del opositor Alexei Navalny, por lo cual estuvieron dirigidas a castigar a altos funcionarios de la Seguridad y Defensa rusa.

Otras tuvieron como diana centros de investigaciones y de producción de la industria, bajo el pretexto de frenar el presunto desarrollo y uso de armas químicas.

Al respecto, el secretario de prensa de la Presidencia, Dmitri Peskov, manifestó que su país cumple plenamente con las disposiciones de la Convención sobre Armas Químicas y acusó a Estados Unidos de contar con armamento de ese tipo en su territorio.

En medio de la controversia bilateral, el jefe de la diplomacia estadounidense, Antony Blinken, exigió a todas las entidades implicadas en la construcción del gasoducto Nord Stream 2, entre Rusia y Alemania, la retirada “inmediata” de la obra o tendrían que enfrentar sanciones de Washington.

Por si fuera poco, los servicios estadounidenses de inteligencia denunciaron en un informe la supuesta injerencia rusa en las elecciones de 2020 en ese país.

Sin duda, las brechas entre ambos rivales geopolíticos son profundas y sistémicas. Tienen que ver con la forma de afrontar la realidad y la visión sobre cuál es el papel que ocupan en la solución de los problemas internacionales.

Mientras Rusia apela al diálogo como política para la solución de conflictos, Estados Unidos impone sanciones unilaterales para resolver los problemas según sus conveniencias.

Cuando Moscú habla de multilateralismo y apego a la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, Washington interviene en los asuntos internos de otras naciones.

Por demás, los vínculos históricos siempre estuvieron cubiertos de desconfianza, competencias, ataques, sanciones, más amenazas y fanfarronadas lanzadas por Estados Unidos. En realidad, Moscú y Washington nunca disfrutaron una luna de miel.

LUZ AL FINAL DEL TÚNEL

En evidente interés por restañar los vínculos bilaterales, el mandatario ruso invitó a su homólogo estadounidense a sostener un diálogo en línea y de manera directa.

Señaló que podrían conversar sobre el estado de las relaciones, la estabilidad estratégica, la resolución de conflictos regionales y el enfrentamiento a la Covid-19, entre otros temas.

Refiriéndose a las declaraciones de Biden sobre su persona, Putin llamó la atención acerca de la diferencia entre las opiniones del pueblo estadounidense y las de su Gobierno.

Destacó que en esa nación hay “gente honesta, decente, sincera” que quiere vivir en paz y amistad con Rusia. “Lo sabemos y valoramos, confiaremos en ellos en el futuro”, dijo.

El intercambio telefónico sentó las bases para el encuentro que sostuvieron ambos presidentes el 16 de junio en la ciudad suiza de Ginebra. Como expresó Putin: “Tenía que suceder tarde o temprano”.

La reunión respondió a la necesidad imperiosa de acercamiento entre las dos mayores potencias nucleares del planeta, convencidas de sus diferencias conceptuales, pero también de la importancia de lograr entendimientos en temas de sobrevivencia global.

Ya en febrero, Moscú y Washington le habían dado un respiro a la tensa situación con respecto a la estabilidad estratégica mundial, al firmar la prórroga del Tratado de Reducción y Limitación de Armas Estratégicas Ofensivas (Start III), por cinco años.

A la agenda del encuentro en Ginebra se sumaron otras preocupaciones como los temas vinculados con la seguridad informática, o la solución de conflictos regionales o locales en el Medio Oriente, Siria, Afganistán, Belarús y Ucrania.

Las expectativas sobre la reunión fueron pocas. “No habrá ninguna mejoría. La relación de confrontación se mantendrá, al igual que las contradicciones sistémicas y concretas entre los dos países”, dijo el académico Dmitry Suslov, del Centro de Estudios Internacionales y Europeos de Rusia.

Sin embargo, sirvió para mantener abiertos los canales de comunicación y, en opinión del vicecanciller ruso, Serguéi Riabkov, se convirtió en un punto de partida para nuevos contactos.

Que Putin y Biden se sentaran frente a frente y revelaran sus cartas sobre la mesa, fue un paso importante para enderezar el camino.

ACERCAMIENTOS Y RAZONES PARA DESCONFIAR

Desde entonces, delegaciones rusas y estadounidenses realizaron dos consultas sobre estabilidad estratégica y comitivas al más alto nivel dialogaron sobre cooperación en temas de enfrentamiento al cambio climático.

También sostienen intercambios para tratar de resolver el grave entuerto que mantiene al más bajo nivel los servicios diplomáticos y consulares de las embajadas de Moscú y Washington en cada país.

A principios de noviembre, el jefe de Estado ruso conversó por teléfono con el director de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), William Burns, sobre la crisis entre los servicios diplomáticos de ambos países, los conflictos regionales y la ciberseguridad.

Burns realizó una visita de dos días a esta capital junto a una delegación de alto nivel, durante la cual se reunió con el secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolái Pátrushev, y con el director del Servicio de Inteligencia Exterior, Serguéi Naryshkin.

Resultan evidentes las aproximaciones, como también las razones para que la desconfianza se mantenga. Ejemplos son el acercamiento de la Organización del Tratado del Atlántico Norte a las fronteras rusas y el apoyo de Washington a la militarización de Ucrania.

Durante una reunión reciente con altos jefes militares rusos, Putin subrayó que las autoridades del país están claras de la existencia de ciertas amenazas para la seguridad de la nación y ante ellas Rusia se encuentra preparada a fin de responder de la manera adecuada.

arb/mml

(*) Corresponsal jefe de Prensa Latina en Rusia

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