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Sospechosa insistencia de Joe Biden en una invasión rusa a Ucrania (+Fotos)

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México (Prensa Latina) La insistencia del presidente de Estados Unidos Joe Biden en una inminente invasión militar rusa a Ucrania recuerda la táctica de Josef Goebbels de la mentira repetida, base de la justificación hitleriana para invadir a Polonia por Westerplatte el 1 de septiembre de 1939 y comenzar así la Segunda Guerra Mundial.
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Por Luis Manuel Arce Isaac

Corresponsal jefe de Prensa Latina en México

Lo preocupante es que la campaña crece acompañada de un momento militar que no puede ser peor. Las fuerzas rusas realizan desde sus dos bases naval y aérea en la costa siria los mayores ejercicios militares que se recuerden en las aguas del Mediterráneo y probaron con éxito nuevas armas disuasivas, en respuesta a las amenazas de la OTAN.

En Washington el presidente Biden convocó una reunión de su Consejo de Seguridad Nacional en medio de una intensificación de su campaña sobre el presumible ataque de Moscú a Ucrania.

El canciller ruso, Serguei Lavrov, calificó todo este despliegue noticioso de Occidente sobre la “guerra fantasma” contra Ucrania de terrorismo informativo.

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Los líderes de las regiones separatistas de Donietsk y Lugansk, en el este de Ucrania, ejecutan una movilización general, con la activación militar total de sus efectivos y la transformación de la economía, tras la evidencia de amenaza inmediata de una agresión de las fuerzas ucranianas que ordenaría el presidente Volodimir Zelensky y que provocó ya una masiva evacuación de sus habitantes a Rusia.

Esa situación llevó a advertir al ministro de Defensa bielorruso Víktor Jrenin que hay un olor muy fuerte a pólvora en la región y que Europa se ve empujada a la guerra, motivos por los cuales Rusia y Bielorrusia deciden prolongar los simulacros conjuntos debido a la escalada del conflicto en Donbass.

DUDAS RAZONABLES

La invasión a Ucrania, pronosticada por el jefe de la Casa Blanca, no se dio el 16 de febrero como sugerían, según él, los informes de su equipo de inteligencia, y la pospone ahora para las próximas semanas o días, sin fecha ni hora fija como la vez anterior.

Con eso pone en duda la credibilidad de su aparato de espionaje y la identificación de sus socios de la OTAN con la estrategia que está siguiendo, o con el desarrollo de una guerra.

Mentir así no es nada novedoso en la Casa Blanca. Pasó hace muchísimos años con la autovoladura del vapor Maine en Cuba para intentar apoderarse de esa isla del Caribe entonces en manos de los españoles.

Pero más recientemente en Vietnam con los famosos acontecimientos del Golfo de Tonkín inventados por Lyndon B. Johnson en 1965 para invadirlo.

O en Iraq con las supuestas armas de destrucción masiva de Saddam Hussein que nunca aparecieron, para justificar la invasión, la matanza de decenas de miles de iraquíes civiles, dejar en ruinas a Irak y todo su patrimonio cultural y arquitectónico, entre los más valioso del mundo, ocupar ese país y robarle el petróleo.

Por cierto, el Center for Public Integrity documentó posteriormente que el gobierno del presidente George W. Bush hizo un total de 935 declaraciones falsas entre 2001 y 2003 sobre la supuesta amenaza de Iraq a Estados Unidos. Desconozco si las de Biden sobre la invasión rusa a Ucrania alguien las está contabilizando.

EL QUID DEL PROBLEMA

El intríngulis del asunto saldrá a flote en cualquier momento y se conocerán hasta la Z los apuros de Biden para salir del hueco en el cual se metió por sus errores políticos internos y voluntad propia, y no empujado solamente por los fracasos de su gobierno ni las presiones de sus adversarios trumpistas.

Será por su infeliz respuesta a exigencias del establishment de liderar los cambios que enterraron para siempre al unilateralismo que norteamericanizaría al mundo y el temor a un retroceso en el hegemonismo surgido a partir del Plan Marshall para el cual es evidente que no estaban preparados ni material ni espiritualmente.

Aquí está el quid del problema y quizás la razón más profunda de lo que sucede en Ucrania que está siendo tomada por Estados Unidos para intentar doblegar a Rusia en sus demandas relacionadas con los compromisos de la OTAN en la década de los 90 tras la caída de la Unión Soviética, de no extenderse hacia el este, violados abiertamente, y debilitar la alianza de China y Rusia.

HECHOS MUY PARECIDOS A YALTA

La idea puesta en práctica en la cumbre de Yalta en 1945 al final del nazismo, tras una reunión privada entre Roosevelt y Churchill en La Valeta, capital de Malta, de intentar que Stalin hiciera lo que ellos querían resucita ahora entre Biden y algunos líderes de la OTAN para obligar a Putin a actuar como les conviene y, desgraciadamente, lo que parece interesarles es la guerra con todos los riesgos que ello entraña.

Es probable que las discrepancias internas -que algún día se conocerán- en la Unión Europea y en la OTAN frente a tales ideas, hayan retrasado una especie de Westerplatte en Ucrania, mientras Washington incrementa las presiones sobre el Kremiln y crea condiciones para que el gobierno de Kiev del presidente Zelenski les haga el juego, aun cuando niegue tres veces que Rusia atacará, esperanzado en que Estados Unidos le ayude a cumplir su objetivo de controlar la región de Donbass e integrarse a la alianza atlántica.

SIN EVIDENCIAS UNIDAD PROCLAMADA POR EEUU

Hay dudas de que Biden haya logrado unidad en todo esto o que fue una panacea la videollamada del viernes 18 de febrero con el canciller alemán Sholtz, el premier canadiense Justin Trudeau, los mandatarios de Francia, Emmanuel Macron, Italia, Mario Draghi y el jefe de gobierno de Reino Unido, Boris Johnson, representantes de la Comisión Europea y su Consejo.

Llama la atención que los únicos quienes se aventuraron a replicar el anuncio de que Rusia atacaría a Ucrania, formulado por Biden en conferencia de prensa premeditadamente convocada poco después de la videollamada, fueron su secretario de Estado Antony Blinken y el jefe otanista, Jens Stoltenberg, lo cual podría interpretarse como la existencia de una crisis en el flanco Oriental de la alianza castrense y en sus pretensiones de liderazgo en Europa.

Hay un artículo muy ilustrativo de esta situación recientemente escrito por Jack F. Matlock, exembajador de Estados Unidos en Moscú (1987-1991), quien calificó de farsa la campaña desatada contra Rusia y sus presuntos planes de invadir Ucrania.

Advierte que estamos asistiendo a una elaborada farsa, groseramente magnificada por destacados medios de comunicación estadounidenses, para servir a un fin político interno.

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Lo que el presidente Vladímir Putin, exige, el fin de la expansión hacia el este de la OTAN y la creación de una estructura de seguridad en Europa que garantice la seguridad de Rusia junto con la de los demás, es eminentemente razonable, señala el ex diplomático.

Matlock deja bien claras las aguas: Putin nunca amenazó con reabsorber a los países bálticos ni con reclamar ninguno de sus territorios. Si la OTAN no se hubiera expandido hacia el este tras el final de la guerra fría, o si la expansión se hubiera producido en armonía con la construcción de una estructura de seguridad en Europa que incluyera a Rusia, esta crisis no existiría.

Son muy importantes en este contexto las recientes declaraciones de Willy Wimmer, exsecretario de Estado del Ministerio de Defensa de Alemania (1985-92), quien alertó que la expansión de la OTAN hacia el este de Europa genera una justificada sensación de amenaza en Rusia, debido a que contraviene las promesas hechas por la propia alianza.

Vamos por muy mal camino, advirtió al comentar la reciente publicación por la revista Der Spiegel de un documento desclasificado que confirma que la OTAN incumplió la promesa que hizo a Moscú en 1991 de no expandirse hacia el este.

Recordó que ya en 1989 expuso al entonces canciller de Alemania Herman Kohl su postura sobre la participación de las fuerzas de la Bundeswehr en la OTAN y su presencia en Europa, «los puntos que entraron en su totalidad en los acuerdos sobre la reunificación» alemana.

EL PLAN DE BIDEN NO SE HA DETENIDO

A partir de esa realidad inexcusable se entienden claramente ciertos antecedentes hasta ahora un poco oscuros, como el ocultamiento por parte de Estados Unidos de la respuesta al porqué Washington comenzó a retirarse de los tratados de control de armas que habían atemperado una irracional y peligrosa carrera armamentística, básicos para poner fin a la guerra fría, como el de Misiles Antibalísticos (Tratado ABM)?

También se entiende la resistencia de Zelenski de no querer sentarse a negociar los acuerdos de Minsk como le pide insistentemente Putin para terminar el conflicto interno, y que en los cuadernos de negociaciones de la Casa Blanca y el Pentágono ni siquiera aparezca el nombre de esa ciudad, capital de Bielorrusia, como una alternativa para desescalar el conflicto casi de forma inmediata.

El plan de Biden no se ha detenido, ni parece que lo vaya a hacer a pesar de todas las sospechas expresadas por Matlock y otros muchos analistas.

La evacuación de civiles del este ucraniano a Rusia es consecuencia directa del terror mediático con el que Biden se revela como gran goebbeliano, y no de una tozudez del Kremlin como le achaca el propio presidente de Estados Unidos.

Es resultado específico de la gravedad y el alto temor que generan sus declaraciones y las amenazas de “severas respuestas” si Moscú invade, repetidas ahora como papagayo por la vicepresidenta Kamala Harris, quien amenazó con una respuesta “rápida, severa y dura”.

Dichas declaraciones son recreadas en un entorno belicoso preconcebido para intentar revestirlas de credibilidad, como hicieron en Iraq. Unido a eso, y para poner al desnudo el juego de Zelenski, el ejército ucraniano bombardea la región e incluso territorio ruso, bajo el argumento estadounidense de la presunta invasión.

Al mismo tiempo, como en las películas de Hollywood en su clímax, una conversación telefónica del jefe del Pentágono Lloyd Austin con el titular de Defensa de Rusia, Serguéi Shoigú, es enfocada mentirosamente como un frustrado intento diplomático de la Casa Blanca de evitar la guerra.

DIFERENCIAS ENTRE BIDEN Y GOEBBELS

Hay una diferencia importante entre el sentido de las mentiras de Biden y las que elaboró Goebbels para Hitler en 1939, y es que, mientras Alemania estaba entonces convencida de su fuerza cuando preparó el golpe de mano que le permitiría tomar la Westerplatte polaca y sus cálculos de victoria los estimaba muy reales, en el caso actual de Estados Unidos ningún general, por muchas estrellas que tenga en sus hombros, pensaría lo mismo.

No se trata solamente de la medición matemática que indica una superioridad militar de la OTAN y sus aliados 80-20 sobre la de Rusia, sino que en esta ocasión hay una espoleta atómica inexistente en 1939 que puede accionarse automáticamente, y una depresión económica potencialmente más severa que la del crack bancario de 1929 o la inmobiliaria de 2008 que puso al mundo de cabeza.

Ambas, además, transcurrieron sin pandemias y sin la crisis del espíritu como ahora, de una sociedad peligrosamente dividida y distanciada de su presidente, la cual permite que un golpista que provocó muertes y daños esté libre y, aunque rompió el orden institucional, aspire a regresar a la Casa Blanca como presidente electo. Algo anda muy mal en ese país.

rmh/lma

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