ESCÁNER

ESCÁNER: Flamenco y España, en la intimidad (+Fotos +Info +Videos +Podcast)

Madrid (Prensa Latina) Como en las parejas, de amor y odio, de pasión en estado puro, sentimiento y alegría. Puede que le endosen el calificativo simplista de folclórico, pero el Flamenco es, por encima de todo, España.
Por:
Fausto Triana

Corresponsal de Prensa Latina en España

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Fausto Triana

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Fausto Triana

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Una síntesis aproximada de una de las respuestas nacida del encuentro exclusivo con dos de los protagonistas que, literalmente, acaban de dejar “ardiendo” al Teatro Flamenco de Madrid, único en el mundo por derecho propio, con un espectáculo de exquisita profesionalidad.

Raquel Ortega, de nombre artístico Raquela, lleva en la sangre el flamenco, pero como buena bailaora, lo mismo que Pablo Oliva, cantaor, tienen visiones ocurrentes para definir los cambios de tesitura del género.

El ambiente reclama ese aire intimista y cómplice que desafía la indiferencia en un recinto teatral pequeño, en pleno corazón de Madrid.

Raquela, madrileña que desde niña se le dio el baile como una obsesión, y Pablo, de Cádiz, Andalucía, tierra fértil para un género surgido a finales del siglo XVIII y que es hoy uno de los emblemas españoles.

 

Bailaora, cantaor

Así aterrizamos en las entrevistas exclusivas para Escáner de Prensa Latina con Raquela y Pablo.

Sorprendido por la ciudad natal de Raquela, le pregunto ante sus parpadeantes ojos claros y su evidente carácter inquieto.

-Soy de Madrid y la verdad no había tradición alguna de baile en mi familia. Me gustaban mucho las películas españolas, Marisol (Pepa Flores) con Antonio Gades, que eran como mis dibujos animados desde pequeñita y de ahí vino mi afición.

-En realidad me fui nutriendo de muchos, porque el flamenco es universal y coges muchas energías.

No hay reglas para hallar a un buen exponente del flamenco. Carmen Amaya no nació en Andalucía, Pilar López es vasca, Vicente Escudero en Valladolid. El que sale, sale, aseguran expertos.

Pablo es un fiel exponente del cante desgarrador a ratos y con una explosión de vida en otros, un estilo del cual el famoso cantaor Chano Lobato, ya desaparecido, inscribía entre los misterios del arte con la supuesta existencia de un duende, el duende del flamenco.

-El cante es tan importante como el baile y la guitarra. En el escenario no hay forma de poner una cosa por encima de la otra, es una manera de comunicación de los tres pilares (cante, baile y toque), ese compartir con los compañeros.

-En mi caso en Cádiz, nací con la visión desde niño del flamenco, del carnaval, lo tomaba como un juego hasta que decidí profesionalizarme y llegar aquí.

-El patrón fundamental es el ritmo, ese ritmo que nos va llevando a todos, ya lo que va ocurriendo nos conduce a la improvisación; es un género muy creativo, requiere ponerle mucho empeño.

Para definir esta danza popular, a la vez canto y música con el toque (guitarra), es fundamental tomar en cuenta sus estilos, denominados Palos del flamenco que son más de 50, aunque la invitación perenne a improvisar y la impronta de cada artista prevalece.

Dentro de los Palos flamencos, los más reconocibles son las Sevillanas, Bulerías, Soleás, Alegrías, Fandangos, Seguiriyas, y Tangos (los más antiguos del género).

Raquela se impacienta y me termina su historia.

-Yo empecé tarde porque en mi familia no había tradición, mi padre de Burgos, mi madre de Toledo, fue un cambio muy fuerte. Cuando dije quiero bailar, mi madre fue tajante: estudias y hasta que no acabes, nada de bailar.

-Era un poquito dura de mollera para el estudio, y con esfuerzo saqué los estudios y me dejaron bailar, dice sonriente.

-El flamenco tiene una cosa muy buena, hay unos cánones como el jazz, que cuando trabajas un tiempo, sabes dónde tienes que cortar, hasta donde llegas, y nosotros nos alimentamos los unos a los otros, dentro de esos cánones hay mucha magia donde entrar y donde salir, no está todo muy ensayado, ahí sueltas tus emociones.

Precisamente aquí se instala mi nueva interrogante, ¿capacidad de improvisación? Cómo lo hacen, porque parece que lo han ensayado de toda la vida, y recuerdan un tanto a las excelencias de Lola Flores, Paco de Lucía…

-Son palabras mayores, fueron tocados con una varita mágica, referentes, fuentes de inspiración. Yo estoy más poseída por Lola (…), hay una simbiosis de culturas muy grandes como pueden ser de Cuba, Andalucía, ese calor con esas ganas de aprender, confiesa Raquela.

-Cada día es diferente -observa Pablo-, con esos maestros, esos monstruos, ya sabemos que la exigencia es elevada, pero lo relevante es sentir lo que hacemos y luego todo fluye.

El cante, sentimiento desgarrador, esa mística de que el flamenco es alegría, vida y muerte (…) y de pronto, estalla, para bien, ¿como una suerte de milagro?

-Es verdad que no hay términos medios, el cante es una aproximación que pasa de la nostalgia más absoluta a la alegría más loca, apunta Pablo.

-El flamenco es vivencias de pueblos -comenta Raquela-, los Palos cambian y te llevan a un contexto muy profundo. No es sólo un sello andaluz, es un emblema más allá de la identidad.

¿Y cuál es su magia?

-Hay dos vertientes, o lo odias o lo amas con locura; al ser una tradición muy nuestra, lo puedes hacer en cualquier parte, pero tienes que sentirlo un poquito. Se juntan emociones.

-En su vertiente más pura, de raíz, el cante ya no es para todo el mundo. El flamenco, Patrimonio de la Humanidad, es una excelencia, con tanto mestizaje, y son vivencias de pueblo. Cuando no tenía para comer, pues cantaba, y decían el Palo con arroz, cada cante es su mundo, como la vida misma, coincidieron los dos exponentes el género.

Los espectáculos del Teatro Flamenco de Madrid cambian por semanas y si bien hay una dirección artística que marca pautas, en general se deja mucho espacio a la improvisación de los artistas, me aclara Eli Morales, directora de Comunicación.

-La creación debe ser original -reflexiona el cantaor Pablo Oliva-, nos toca como artistas que vivimos del flamenco, tomamos los Palos y los pasamos por nuestro filtro personal.

-Cada Palo, cada baile es una vivencia que uno lleva a su mundo personal. Nosotros no podemos cantar como hace 100 años, porque nos comunicamos por móvil, por WhatsApp y eso se nota en tu cante y en el baile.

-Gracias a Dios -dice la bailaora Raquela Ortega-, evoluciona para bien y tomas lo bueno de gente que es autóctona y viene preparadísima. Tienes un compañero del cual aprendes algo y lo bonito es que no siempre se trabaja en el mismo lugar.

-Somos artistas, tenemos que sentir algo (…). Miro a Pablo, o un trémolo con la guitarra, y son energías que nos intercambiamos (…).

arb/ft

Colaboraron en este trabajo:

Claudia Hernández
Claudia Hernández Maden

Periodista de la Redacción de Cultura de Prensa Latina

Amelia Roque

Editora Especiales Prensa Latina

Laura Esquivel

Editora Web Prensa Latina

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