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Sin sueños no hay caminos, no hay movilización, ni construcción (+Fotos +Videos)

La Habana, 4 abr (Prensa Latina) Lleno de sueños y esperanzas, de andar tras la utopía para construir un mundo mejor mediante la educación, es el camino del jeque Manssour Bin Mussallam, secretario general de la Organización de Cooperación Educativa (OCE).
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Por: Juan Carlos Díaz Guerrero

Fotos: José Tito Meriño

“El deber de mi generación es asegurar, hacerlo todo, para que el mundo no se deshaga”, dijo el joven saudita en entrevista exclusiva con Prensa Latina, en la que dialogó sobre los aspectos más trascendentes desde la fundación de la OCE, el 29 de enero de 2020, en la ciudad de Djibouti.

Nuestra misión hoy es “casi sin precedentes, extraordinaria, porque es única”, en una generación, que está llamada a la reconstrucción colectiva, la cual no puede ser un intento de volver al mundo que conocíamos antes de la pandemia del SARS-Cov-2, comentó.

Cuando se fundó la Organización de Cooperación Educativa y se proclamó la Declaración Universal de la Educación, Equilibrada e Inclusiva (Dueei), recordó que la Covid-19 no era nada más que una noticia lejana, leída escondida en algunos periódicos.

Evocó que en el discurso de clausura, dirigido a los Estados fundadores de la OCE, estos tuvieron la visión de darse cuenta de que había una necesidad, una urgencia, un imperativo de fundar “nuevos instrumentos, con nuevos propósitos para lograr las aspiraciones eternas de la Humanidad”.

Bin Mussallam señaló que en términos de la OCE la crisis de la Covid-19 y sus consecuencias multidimensionales, a plazo inmediato, mediano y largo, confirmaron la necesidad de la Organización de Cooperación Educativa.

Al respecto, se refirió a la visión de los Estados fundadores y de organizaciones académicas de los países del Sur en proclamar la Dueei, dirigida a lograr el cierre de la brecha tecno digital.

Asimismo, dijo, la necesidad de aliviar las deudas soberanas públicas de los Estados y la urgencia de transformar los sistemas educativos para que “sean más eficientes, más eficaces y dinámicos en contestar las aspiraciones individuales y colectivas de la sociedad”.

Subrayó que como primera organización intergubernamental del Gran Sur (América Latina y el Caribe, de África, del mundo árabe y Asia Pacífico), el papel de la OCE como plataforma y espacio común es también “enfrentar las injusticias y desigualdades que hemos visto a nivel internacional”.

Por ejemplo, con la distribución desigual e injusta de las vacunas “cuando lo que estamos enfrentando como planeta es un desafío para todos”, apuntó.

Debemos tener en cuenta también que esta crisis “nos ha hecho perder colectivamente muchos logros” y la OCE hoy tiene la responsabilidad de impulsar con conciencia plena, “iniciativas no solo para recuperar lo perdido, sino también lograr mucho más”, enfatizó.

Reconquistar la capacidad de soñar

Interrogado sobre cuánto puede aportar la Organización de Cooperación Educativa a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), Bin Mussallam indicó que la Asamblea General aprobó en su primera sesión de diciembre de 2021 un Programa 2022-2023 y un Plan Estratégico 2022-2029.

A su juicio, los ODS son “nobles, maravillosos”, por ejemplo el cuatro, que llama a lograr una educación equitativa, inclusiva y de calidad para todos, y que todo el mundo apoya, “no creo que nadie lo rechace”.

Sin embargó, añadió, en regiones y países tenemos perspectivas, ideas y definiciones distintas, por eso creo que como OCE “tenemos un trabajo qué hacer”, para definir esos términos.

No podemos lograr una educación equilibrada e inclusiva si no sabes qué es; no podemos lograr la inclusión, sino sabemos su significado, sentenció.

Manifestó que la inclusión en la educación es vista desde perspectivas diferentes en las regiones del mundo y no puede verse como “incluir o dar acceso a más gentes, ni de construir sistemas que hacen que la inclusión se vuelva imposible”.

La OCE tiene un interés primordial en reunir a las partes interesadas, los Estados, universidades, las organizaciones estudiantiles y los diferentes sectores sociales para lograr “definiciones comunes que respeten y reconozcan nuestros contextos diversos, capacidades y aspiraciones”, afirmó.

El secretario general señaló que la OCE como organización del Sur tiene el propósito de construir “una tercera vía de desarrollo, inclusiva y alternativa, próspera y equitativa, a través de la educación equilibrada e inclusiva”.

Agregó que tiene también el rol fundamental de visibilizar a nivel internacional no solo la voz de los países del Sur, sino también las ideas, investigaciones, las experiencias.

Estimó que uno de los desafíos compartidos hoy en los países del Sur es el de la diversidad lingüística como en Filipinas, Etiopía y Bolivia, donde existe vasta experiencia en ese sentido.

Entonces lo que nos hace falta, opinó, es facilitar el intercambio entre esos países, que comparten retos y tienen experiencias en términos de superar esos desafíos, y la OCE puede contribuir porque la mejor forma de lograr los ODS es “aprender de las experiencias respectivas”.

La organización puede aportar muchísimo como colectivo de Estados miembros a acelerar estos intercambios entre naciones, aseguró.

En opinión de Bin Mussallam, la primera batalla que tenemos que librar colectivamente no solo desde el Sur, sino en el mundo, “es la de reconquistar la capacidad de soñar” porque sin sueños “no hay caminos, no hay movilización, ni construcción”.

Los ODS son fundamentales en ese sentido y la Organización de Cooperación Educativa puede contribuir a facilitar la reconquista de nuestros sueños, aseveró.

Insistió que para la construcción de esos sueños necesitamos luchar permanentemente y si se aleja la utopía “nos tiene que servir para andar”, reafirmó.

Esta lucha para la reconquista de la capacidad de soñar requiere de nosotros actuar concretamente en el cambio y en la transformación de la realidad educativa y de desarrollo, declaró.

El programa y sus cinco ejes esenciales

Al abundar sobre las tareas más inmediatas de la OCE, una vez el mundo comienza a abrirse en su etapa pospandémica, Bin Mussallam aludió al programa aprobado por la Asamblea en 2021, el cual está enfocado en cinco esferas esenciales.

Una primera vinculada a la gobernanza sistémica, referida a los sistemas de educación, subsistemas, agentes directos e indirectos que lo integran, los cuales interactúan en modo permanente y necesitan articularse para gobernar con una perspectiva en su totalidad.

Si no hay una visión compartida, si no existe un entendimiento de cada agente, de su rol dentro del sistema “no habrá transformación educativa ni sistema educativo de calidad, equitativo e inclusivo”, comentó.

Otro eje está vinculado con la educación formal, técnica y profesional y trabajaremos con los Estados en dos líneas de acción fundamental: el fortalecimiento de las capacidades en la educación equilibrada e inclusiva y la autosuficiencia colectiva.

Adelantó que en la sede de la organización -aún por definirse- se establecerá el Instituto de la Organización de Cooperación Educativa, dedicado al fortalecimiento de las capacidades de los formadores, diseñadores curriculares y de marco evaluativo, en términos de educación equilibrada e inclusiva.

Estos expertos se formarán de manera intensiva por un período de tres meses, como parte del objetivo presupuestado de los 27 Estados miembros antes de finalizar el 2023, pero será continuada en el futuro, anunció.

La otra línea en este capítulo será la formación técnico y profesional porque sabemos es imprescindible a la sociedad y en el sur tenemos dos retos cardinales: aún se ve como el camino tomado por los que no eran suficientemente buenos para acceder la universidad.

Y el otro es netamente socio cultural, porque nuestras sociedades ven este tipo de enseñanza como “una vía menor”, y para eliminar esos prejuicios vamos a trabajar con los Estados en la implementación de estrategias para superar esos desafíos de resistencia.

La tercera esfera está relacionada con la educación superior y la educación transdisciplinaria, y partimos de la desigualdad existente entre el Norte y el Sur, y hay que cerrar, expresó.

En ese sentido, consideró que en cada uno de los países “hay nuestros nortes en el sur” y los primeros son nuestras capitales donde todo se concentra y “hay una necesidad fundamental” de democratizar el acceso a la universidad y de extenderla a todas las regiones de los países.

El otro aspecto de este eje es la democratización de la investigación, indicó, si tenemos en cuenta que hoy la generalidad de las revistas científicas de alcance internacional publicadas proviene del Norte y el idioma usado es el inglés, lo cual pone en desventaja a la mayoría de los investigadores del Sur.

Reveló que la OCE trabajará con sus Estados miembros en función de una plataforma digital para “tener todos esos artículos disponibles desde el Sur, de forma gratuita y con acceso a los investigadores, estudiantes y universidades, traducidos a los cuatro idiomas oficiales: árabe, inglés, francés y español.

También nos ocuparemos en esta misma temática, dijo, de otro punto imprescindible vinculado al fortalecimiento de las capacidades de los centros de investigación transdisciplinarios a nivel regional de interés común, porque “creemos, no puede haber cooperación Sur-Sur, sin fortalecimiento de esa integración”.

Bin Mussallam adelantó, sin mencionar el lugar, que antes de finalizar el 2023 se habrán establecidos dos de esos centros.

Una cuarta esfera se relaciona con la investigación tecnológica y la infraestructura digital que a raíz de la Covid-19 reveló todavía más la brecha tecno digital, que hay que cerrar, porque “la tecnología hoy es imprescindible”, acotó.

Desde la OCE creemos que no se cerrará esta brecha digital de forma sostenible, si no es a través del desarrollo de tecnologías endógenas (local, nacional o regional) para, al mismo tiempo, motivar la capacidad creadora de nuestros pueblos y comunidades.

Construir un nuevo multilateralismo

La última y quinta esfera del Programa 2022-2023 se ocupa de la cooperación Sur-Sur y la plataforma multilateral, cuya propuesta reconoce la crisis del multilateralismo, el cual “se está muriendo” y desde la OCE “no compartimos en duelo”.

Un multilateralismo en el cual hay “caridad vertical y no solidaridad horizontal no es lo que queremos”, donde no hay igualdad entre las partes ni equidad entre las relaciones, reflexionó.

Desde la OCE tenemos colectivamente la responsabilidad de construir un nuevo multilateralismo cuyo principio rector será “de cada Estado, según su capacidad, y a cada Estado, según su necesidad”. Por eso esta esfera del Programa la consideramos también imprescindible.

Aseguró que los modelos de desarrollo conocidos nos van a llevar a la desaparición de la especie humana y ejemplificó con la crisis actual del cambio climático.

La otra línea de acción será “la unión de apalancamiento mutuo de los deudores”, que tendrá por imperativo aliviar de forma sostenible las deudas públicas de los Estados y que no lo inventó la OCE.

Explicó que la Asamblea General aprobó por unanimidad un club de deudores para negociar conjuntamente un alivio honorario, “que es imprescindible”.

A juicio del joven saudita, el alivio de la deuda es necesario para los acreedores con la crisis de la Covid-19 porque los niveles de la deuda soberana de los países del Sur son insostenibles y estos no podrán pagar porque no es un “asunto de voluntad, sino de realidad”.

Vaticinó que si los acreedores no encuentran un punto medio con los deudores, tendrán “una serie de bancas rotas que será el fin del sistema internacional financiero tal y como lo conocemos, por bien o por mal”, por lo que existe el interés de encontrar ese punto medio.

Tampoco regalarán nada, aseguró, pero si es de su interés también será del nuestro como proponemos desde el club, que actuará de manera novedosa a esta escala, inspirado en la experiencia de la microfinanza, que funciona a través de grupos solidarios de crédito.

Esta experiencia la asumirá el club, pero como Estados soberanos, a la hora de pedir un crédito para financiar el desarrollo de cada uno de los países, con lo cual se reducirá los riegos de los bancos multilaterales, y acreedores en general, al recibir financiamiento a una tasa de interés mucho menor, con plazos de pagos más largos, sostenible y equitativo.

Las decisiones siempre serán adoptadas por el comité del club, constituido por todos los Estados miembros, concluyó.

rgh/jcd

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