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EEUU, artífice del golpe de Estado a Hugo Chávez (+Fotos)

Caracas, 12 abr (Prensa Latina) Después de muchos años y suficientes evidencias, el exembajador estadounidense en Venezuela Charles Shapiro, sigue negando la responsabilidad en la masacre de Puente Llaguno y su participación directa en el golpe de Estado contra Hugo Chávez.
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Yadira Cruz Varela

Corresponsal de Prensa Latina en Venezuela

A 20 de años de aquellos sucesos el entonces alcalde de Caracas, Freddy Bernal, revela detalles en exclusiva con Prensa Latina, de una entrevista sostenida días previos con el jefe de la misión diplomática de Estados Unidos.

Para el dirigente socialista y actual gobernador del estado Táchira, nada de lo sucedido fue espontáneo como pretenden hacer ver los grandes medios y quienes cuentan la historia desde el otro lado.

Desde octubre del año 2001, luego que se aprueban las 49 leyes de la Habilitante, la burguesía nacional se da cuenta y entiende que Chávez no va a pactar con el capital, subraya.

A partir de ese momento, señala Bernal, se desencaden una serie de acontecimientos que culminan con la firma del pacto entre la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), representada por Carlos Ortega,; el presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, y la iglesia católica.

Por supuesto –enfatiza- no podía faltar la participación de los grandes medios y cadenas nacionales, protagonistas importantes de todo lo sucedido posteriormente.

«Todo estaba planeado y organizado, fíjese, no recuerdo exactamente la fecha, creo fue el 1 de abril, que Shapiro me llama y me dice que va a ir a visitarme a la alcaldía”, refiere el gobernador a esta agencia, mientras intenta recordar las palabras exactas de aquella conversación.

En medio del intercambio, recuerda Bernal, el diplomático estadounidense me suelta un comentario:

-Hay ruido de sables en las fuerzas armadas y Chávez no llegará al final de su mandato.

-Embajador, entonces usted me está diciendo que hay una conspiración. Porque si es así, es su deber informarlo, le increpo yo inmediatamente.

-No, no- responde, pero me reitera- hay ruido de sables.

En ese momento confirmo lo que hace rato sospechábamos: que había un complot entre la oligarquía, la iglesia y los factores de la derecha, entonces me levanto y le pido a Shapiro que me acompañe a un recorrido.

Lo llevo por la gobernación y le enseño una plaza donde había cerca de 200 hombres; caminamos, abro un balcón y muestro otro centenar de personas apostadas en la sede. Mi objetivo era demostrarle que no estábamos desprevenidos y surtió efecto, porque me mira y sentencia:

-Esto parece un comando, no un despacho.

Entonces me paro frente al embajador:

-Yo no sé si hay ruido de sables, pero le voy a decir algo, yo me despedí para siempre de mi familia hace muchos días.

-Y eso por qué?, me pregunta.

-¿Ud ve esos hombres que están ahí?, juntos vamos a defender el Palacio de Miraflores, porque sabemos que hay una conspiración en marcha y nosotros estamos dispuesto a morir por la Revolución.

-Bueno, eso será una guerra civil.

-Pues le garantizamos que habrá una guerra civil, porque si Ud cree que puede apoyar un golpe de Estado y aquí no va a pasar nada, está muy equivocado.

Minutos después me mira y en un tono más suave recalca que si eso pasa se conformará un gobierno de transición en el cual supuestamente habrá líderes chavistas y me exhorta a unirme a ellos en caso de que eso sucediera.

Ante tal provocación mi respuesta fue:

-Nosotros los que estamos con Chávez quemamos las naves hace mucho tiempo y no tenemos vuelta atrás, nuestro único camino en la historia es ser leales al presidente y a la Revolución.

Ahí terminó la conversación, se fue y yo llamé al Comandante y le conté lo que habíamos hablado y me dijo “está bien, está muy bien lo que le dijiste».

Resistir hasta morir

Tras la sangrienta jornada del 11 de abril, algo quedaba claro para el pueblo venezolano y los dirigentes revolucionarios, la derecha iba con todo, no había otra alternativa que resistir hasta morir.

Luego de casi ocho horas de enfrentamientos en los alrededores del Palacio de Miraflores (sede del Ejecutivo), al menos 19 personas murieron y más de un centenar resultaron heridos a manos de la Policía Metropolitana y francotiradores contratados por la oposición.

Pocas horas después de la masacre de Puente Llaguno, otro nefasto hecho marcó la historia de la nación, la consumación a puertas cerradas del golpe de Estado contra el presidente constitucional.

El 12 de abril, en medio de un silencio mediático, el mandatario es secuestrado por militares traidores, se disuelven los Poderes Públicos y la Constitución de la República, y Carmona Estanga, se autojuramenta como jefe de Estado.

Las televisoras, cómplices de la conspiración, aupaban al nuevo gobierno de facto, las emisoras sólo transmitían música y los titulares impresos hablaban de la renuncia y caída de Chávez.

Todo ello, con el auspicio y el apoyo del Gobierno de Estados Unidos y su embajada en el país.

El pueblo es la salvación

Para el Alcalde de Caracas, la conversación con Shapiro fue la confirmación de varias cosas: que existía un complot para derrocar al mandatario, que se gestaba algo dentro de algún sector de las fuerzas armadas y que detrás de todo eso estaba la mano de la Casa Blanca.

Ante tales hechos, algo quedaba claro para Bernal, era al pueblo a quien correspondía defender el Palacio de Miraflores, convocar a las masas era esencial y así lo hace saber en varios escenarios.

“El día 9 de abril, ya se sabía de la concentración de la oposición y el presidente convoca a una reunión con su Estado Mayor, pido la palabra y expongo mi tesis de que es necesario convocar al pueblo, crear una gran barrera popular”, recapitula el dirigente socialista sobre aquellos momentos previos.

«Pero ahí se para el general Manuel Rosendo, jefe del Comando Unificado de la Fuerza Armada, da una disertación y asegura, que no, que sus tropas garantizarán la paz e inmediatamente lo secundan otros oficiales. Yo, pues me quedo callado. Y Chávez…bueno el escuchó a los estrategas», puntualiza.

“Soy un soldado, siempre he cumplido órdenes” recalca y evoca como a pesar de eso antes de salir se acerca a Chávez y le comenta que en el patio del palacio municipal tiene a los líderes sociales dispuestos a todo.

“Entonces, él me mira y se vira para donde está William Lara y le indica, vete para allá con Freddy y hablen con la gente”.

“Los acontecimientos posteriores nos dieron la razón y demostraron porque Rosendo no quería al pueblo, formaba parte del complot y era un traidor”.

Ante la resistencia de los militares complotados y confiando en su intuición- puntualiza- activamos los mecanismos populares a partir de ese día, previendo lo que sucedió el día 11 cuando la manifestación opositora avanzó hacia la sede presidencial.

El golpe

Pese a la masacre desencadenada en Puente Llaguno y la avenida Baralt, la acción previsora de Bernal, Diosdado Cabello, Willian Lara y otros dirigentes revolucionarios, permitió que el pueblo llegara hasta Miraflores e impidiera el paso de la turba opositora.

Pero, todo estaba planeado, la traición de algunos militares dio al traste con los anhelos populares de defender esa plaza y evitar el golpe de Estado.

«A las siete de la noche del 11, los tanques que protegían la entrada se retiran y ya se consuma el golpe, entre nuestras filas reinaba la incertidumbre, yo me acerco a algunos grupos de compañeros que lloraban o estaban desconcertados y les digo, ¡señores, nos han derrotado!», describe el dirigente socialista aquel duro momento.

“Ya según avanzaba la noche empezamos a llamarnos unos a otros y organizarnos para combatir, pero, entro a ver a Chávez y él me dice que debemos entregarnos para evitar derramamiento de sangre.

-No presidente, entréguese usted, yo me voy.

-Freddy te van a matar, por tu lealtad a mí, por lo que representas

-No, a mí no me van a matar, yo sé pelear.

Allí me dice que Fidel Castro lo había llamado, que le sugirió que no se inmolara como Allende, pero que otros compañeros le pedían luchar y eso iba a ser otra masacre”.

Así recuerda Bernal aquellos instantes de definiciones y dudas, para asegurar que, pese a lo dicho por su Comandante, tenía la convicción de que no lo volvería a ver, porque sabía pelearía, pero igual no saldría con vida.

Durante los siguientes días se mantuvo en las calles arengando al pueblo, movilizando, escapando de las persecuciones, preparando el ataque para el momento preciso, luchando por el regreso de su presidente y amigo al Palacio de Miraflores.

Contra todos sus pronósticos Freddy Bernal, sobrevivió, 20 años después ratifica que continúa leal al pueblo venezolano y a la Revolución, tal como le sentenció al embajador estadunidense Charles Shapiro, en aquel aciago abril de 2002.

rmh/ycv

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