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Unión Africana llama a la calma entre vecinos

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La Habana (Prensa Latina) Preocupada por la violencia en el Sahel, el conflicto somalí, los problemas humanitarios y climáticos, la Unión Africana (UA) tiene otro motivo de inquietud: las tensiones entre la República Democrática del Congo (RDC) y Ruanda.
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Por Julio Morejón Tartabull

Periodista de la Redacción Internacional de Prensa Latina

La UA trata de calmar los crispados ánimos entre los dos países fronterizos, inmersos en un intercambio de graves declaraciones diplomáticas que inciden en la tranquilidad de la región de los Grandes Lagos, para muchos observadores el polvorín del continente y aún escenario de una frágil convivencia.

El mandatario senegalés y presidente de turno de la Unión, Macky Sall, manifestó estar seriamente atento a la reciente crisis entre los dos países, tras Kinshasa acusar a su vecino de colaborar con el grupo armado Movimiento 23 de Marzo (M23), lo cual rechazó Kigali y consideró una alegación sin base alguna.

Las autoridades de la RDC calificaron de terrorista a esa agrupación excluida de las conversaciones en Nairobi, Kenya, con otros insurrectos en un proceso de acercamiento evidentemente con vista a reducir la violencia en el Congo Democrático.

Kinshasa convocó al embajador ruandés para entregarle la correspondiente queja, mientras que en la zona oriental del país, donde opera el M23, persisten los choques de las fuerzas de seguridad contra esa facción, que antes combatió a los antigubernamentales del Frente Democrático de Liberación de Ruanda (FDLR).

«Estoy seriamente preocupado por el aumento de la tensión entre Ruanda y República Democrática del Congo. Hago un llamamiento a los dos países para la calma y el diálogo, para la resolución pacífica de la crisis con el apoyo de los mecanismos regionales y la Unión Africana», escribió Sall en la red social Twitter.

TRAS EL GENOCIDIO

Las relaciones entre los dos países africanos fueron más complejas a partir del genocidio de 1994 en Ruanda, cuando perecieron entre 800 mil y un millón de ciudadanos mayormente de la comunidad tutsi y hutus de conducta política moderada, causante de un éxodo hacia el entonces Zaire (hoy RDC), gobernado por Mobutu Sese Seko.

Con el respaldo zairense a esa migración, resultó inevitable la llegada de remanentes del Ejército y facciones extremistas autores de las matanzas, quienes luego de ese evento incursionaban y atacaban posiciones en el vecino país, que optó por fomentar una rebelión antimobutista con pobladores de origen tutsi, los banyamulengues.

A partir del genocidio, identificado como la primavera sangrienta y que detuvo el triunfo en la guerra civil del Frente Patriótico Ruandés (FPR), todo cambió en la región de los Grandes Lagos africanos, al punto que una alianza guerrillera -comandada por Laurent Desiré Kabila y apoyada por Ruanda y Uganda- derrocó a Mobutu en 1997.

Sin embargo, tras ese triunfo la coalición se deshizo y los hasta entonces aliados pasaron a ser rivales de Kinshasa en la inscrita como Guerra Mundial Africana (1998-2003) por la cifra de países participantes, los más relevantes Ruanda, Uganda y Burundi de una parte, y Angola, Zimbabwe y Namibia respaldando a Desiré Kabila.

La mediación foránea ayudó a finalizar la contienda y se abrió la Conferencia Internacional sobre la Región de los Grandes Lagos (Cirgl), un esfuerzo permanente para consultas, a fin de evitar que surgieran motivos para nuevas fricciones y peligrosos enfrentamientos.

Hoy la Conferencia es el único marco político en esa área dedicada a “abordar las cuestiones fundamentales de una paz duradera, de seguridad y estabilidad, y el Pacto firmado en Nairobi en diciembre de 2006 proporciona el instrumento necesario para gestionar la dimensión regional (de los conflictos)”, conforme con umoya.org.

Sin embargo, hasta ahora no se puede reducir -mucho menos eliminar- una secuela de aquella contienda: la proliferación de grupos armados de diverso cariz ideológico-político, la mayoría dedicados al saqueo de recursos en áreas del centro y el oriente de la RDC, y que unas veces sirvieron a planes del gobierno y otras no, como fue el M23.

EL M23

Según fuentes políticas, el Movimiento 23 de Marzo se formó en abril de 2012, cuando soldados congoleños se sublevaron por la pérdida de poder de su jefe, Bosco Ntaganda, luego sometido a proceso judicial por la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de guerra e incumplimientos del acuerdo de paz del 23 de marzo de 2009.

Es una facción protutsi que estuvo integrada al Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP), el cual combatió a las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), de mayoría hutu, muchos de cuyos integrantes se vincularon con los crímenes de 1994.

La oriental provincia de Kivu Norte fue recientemente escenario de combates entre el M23 y el Ejército, que provocaron más de 75 mil desplazados, estimaron organizaciones de auxilio y a lo cual también se une la violencia persistente en el este por agresiones de medio centenar de grupos armados.

Una cifra significativa de quienes huyeron de los enfrentamientos cruzó la frontera congoleña con Uganda, lo que acentuó la dimensión regional del asunto y a partir de ahí la posibilidad de empeorarse desde el punto de vista humanitario, un tema también abordado en Malabo, capital de Guinea Ecuatorial, en la reciente cumbre de la UA.

RDC notificó al embajador de Ruanda la desaprobación oficial por el presunto respaldo de ese país a la facción antigubernamental y decidió, como medida cautelar, «la suspensión inmediata de los vuelos de la compañía de aviación Rwandair en su territorio», reportó el sitio digital de noticias Actualité.

Por su parte, la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (Cenco) subrayó que los enfrentamientos se traducen en miles de desplazados internos, y que la RDC implica a Ruanda en estos ataques del M23 contra posiciones de las fuerzas armadas, ocurridos incluso en dos ejes hacia Bunagana, en la frontera con Uganda y Rumangabo.

Las autoridades de Kigali rechazaron las acusaciones de la RDC, a la que llamaron a observar la buena vecindad, y calificaron de infundadas sus alegaciones sobre el supuesto respaldo al Movimiento, que desde suelo congoleño bombardeó dos sectores del distrito de Musanze, en un ataque transfronterizo.

El ministro ruandés de Asuntos Exteriores, Vincent Biruta, destacó en la cumbre extraordinaria de la UA en Malabo, la importancia de abordar los problemas pertinentes con voluntad política, para no permanecer “en un círculo vicioso de conflictos indeseables y destructivos”.

Asimismo Biruta llamó a su contraparte a reconocer los problemas y evitar repartir culpas donde no las hay, a la vez que señaló la existencia de nexos entre militares del Congo Democrático y las FDLR, que -dijo- albergan un plan a largo plazo para desestabilizar a su país.

arb/to/mt

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