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Prensa Latina: la esperanza realizada de la verdad

La Habana (Prensa Latina) Si no existiera, sería una necesidad vital crear la agencia latinoamericana de noticias Prensa Latina, cuya sede central está en La Habana y entre cuyos fundadores estuvieron el líder legendario de la Revolución Cubana, Fidel Castro, y el comandante Ernesto Che Guevara.
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Por Raimundo López

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La afirmación cobra una importancia trascendental hoy, cuando el centro de poder imperial del planeta creó el más formidable y monumental sistema para hacer prevaler la mentira, dominar y someter imponiendo el pesimismo y vientos de derrota sobre la aspiración de un mundo mejor.

En pocas palabras, Prensa Latina es la esperanza realizada de la verdad y centenares de brillantes profesionales la supieron emplear para enfrentar este mundo absurdo donde los sectores de poder imponen su opulencia y avaricia como una consecuencia divina, la cual las mayorías deben aplaudir como natural pese a su pobreza y desamparo.

Son afirmaciones que puedo sostener con convicción: tengo el orgullo de haber trabajado en Prensa Latina durante más de cuatro décadas y pertenecer aún después de mi reciente jubilación laboral, porque nunca se parte desde el corazón, lo que uno ama siempre está ahí.

Prensa Latina fue fundada el 16 de junio de 1959, luego de meses de preparación en la etapa inicial de la Revolución Cubana, triunfante el 1 de enero de ese año, e incluso en abril había emitido su primer despacho o “cable” noticioso.

Pese a la alegría en todas partes por la victoria del pueblo cubano y su ejército rebelde de barbudos, el entusiasmo casi universal por la derrota de la cruel dictadura del general Fulgencio Batista, temprano comenzaron las presiones de sectores derechistas de Estados Unidos y las primeras agresiones contra los cubanos.

El primer pretexto fue los procesos penales contra los autores de crímenes de lesa humanidad de la tiranía, arrestados antes de poder escapar hacia Estados Unidos. Congresistas y parte de la prensa estadounidense comenzaron a presentar a los asesinos de más de 20 mil cubanos como bondadosos defensores de la democracia.

Apenas era el 15 de enero y ya se esbozaron los primeros golpes mortales a la economía de Cuba y que poco después se convirtieron en el bloqueo, el cerco contra una nación más prolongado de la historia humana, con ya más de seis décadas.

Días después, el joven líder cubano convocó a centenares de periodistas del continente para exponer las razones de los juicios contra los criminales de la tiranía y puso en marcha la Operación Verdad para enfrentar las campañas de mentiras.

En esa Operación Verdad participaron muchos de los periodistas que se unieron para fundar Prensa Latina, liderados por el argentino Jorge Ricardo Masetti, quien fue su primer director general. Otros se ocuparon de crear las primeras corresponsalías en América Latina y el Caribe.

Los directivos de la Organización de Estados Americanos (OEA) lograron completar el cerco contra La Habana a fines de enero de 1962, cuando expulsaron a Cuba y se amplió en cascada la ruptura de relaciones diplomáticas contra la isla rebelde, con la sola excepción de México.

AL SERVICIO DE LA VERDAD

Para entonces el mercado noticioso continental era dominado por dos agencias de noticias de Estados Unidos, AP y UPI, entonces casi las únicas fuentes de los acontecimientos en cada uno de nuestros países.

A ese monopolio absoluto de la información se propuso enfrentar Prensa Latina desde sus inicios, una tarea monumental porque la prensa continental, con apenas algunas excepciones, era cómplice de las campañas de difamaciones anticubanas.

Cuando el imperio de la información es tan abrumador y persistente, no funcionan los refranes populares de que “la mentira tiene patas cortas” o que primero se agarra a un mentiroso que a un cojo. Por el contrario, impone el cínico criterio del criminal nazi Joseph Goebbels, de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.

No es una condena fatal, porque la verdad al final se abre camino, de una manera u otra. Lo comprobé durante el ejercicio de la profesión e incluso en ocasiones inimaginables, como en una aislada aldea peruana en medio de la vegetación de la selva amazónica.

CON INDÍGENAS Y CAMPESINOS DIGNOS

Es un relato que vale la pena escribir. Amigos entrañables de la solidaridad con Cuba me invitaron a visitar sus comités en varias ciudades del norte del Perú y desde la oficina central me autorizaron a hacerlo.

Fue un viaje fascinante en autobús y una de sus principales escalas estuvo en Trujillo, 488 kilómetros de Lima, una hermosa ciudad donde comenzó su andar por la poesía el gran César Vallejo. Allí me llevaron a conocer la ciudad indígena de adobe de Chan Chan, de la civilización Chimu, siglos después aún en pie en la desértica costanera.

Estuvimos en Chiclayo, casi a 800 kilómetros de Lima, y luego seguimos hacia Tarapoto, a 704 kilómetros por carretera, en la selva amazónica. Crucé en un bus barato la impresionante cordillera de Los Andes, con indígenas y campesinos dignos que viajaban con gallinas, cabras y bultos.

En todas partes las personas nos recibieron con mano solidaria y una apasionada admiración por la Revolución Cubana e incluso los amigos de Tarapoto organizaron una visita a un aislado caserío del otro lado de un caudaloso río a donde solo se llegaba en botes de remos.

La expectación por el extraño tenía el ingrediente inusual que era de Cuba, el país lejano donde estudiaba medicina uno de los muchachos del lugar. Visité su familia y otras que soñaban con un destino similar para sus hijos y hasta la autoridad principal hizo una comida de ocasión y me dieron de beber chicha y un aguardiente suave, orgullo de la comunidad.

En la emotiva despedida, inesperadamente un anciano me preguntó con ingenuidad si era cierto que en Cuba mataban a los ancianos y enlataban su carne. No era ofensivo y solo me dijo que lo había escuchado durante muchos años. Me detuve a explicarles y era tanto el interés que el último barquero vino a urgir para cruzarnos el río al final de la tarde.

El anciano me dio un cálido abrazo y solo me dijo: Gracias por decirnos. Yo nunca creí eso.

Fue una de las mentiras más repugnantes sobre Cuba.

Hoy, con el espectacular desarrollo de las nuevas tecnologías, mercenarios sin escrúpulos multiplicaron su capacidad para mentir. Cuba vive una permanente Operación Verdad y en ella, como los demás medios del país y la población, Prensa Latina es uno de sus principales actores.

No hay dudas que aunque las mentiras tengan patas cortas, la verdad necesita de brazos fuertes que la defiendan, la sostengan. Para eso los pioneros de Prensa Latina la crearon y hoy sigue siendo, a sus 63 años y en manos de una nueva generación, otra esperanza realizada de la verdad.

arb/rl

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