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Tensión en los Grandes Lagos africanos

Por Julio Morejón Tartabull
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La Habana, 20 jun (Prensa Latina) La crisis diplomática entre la República Democrática del Congo (RDC) y Ruanda empeoró y apunta con persistir si no es efectiva la mediación subregional.

Desde hace semanas ocurre un intercambio de acusaciones de respaldo a elementos subversivos de Kigali y Kinshasa indistintamente por funcionarios de ambos gobiernos y eso articuló un escenario complejo entre los dos Estados fronterizos de la región de los Grandes Lagos africanos.

Los demás países de la zona observan con preocupación cómo se deterioran los vínculos y con ello la emergencia de fracturas en asuntos de seguridad territorial, que en el caso del área también se identifican con la estabilidad socioeconómica dependiente de una buena vecindad.

Mientras el gobierno congoleño, presidido por Félix Tshisekedi, responsabiliza a Kigali con el apoyo al Movimiento 23 de Marzo (M23), facción armada cuya reactivación se confirmó con una ofensiva que en los últimos tiempos causó miles de desplazados en el este de la RDC, las autoridades ruandesas rechazan tales alegaciones.

El M23 fue creado en 2012 por disidentes del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP), un grupo de rebeldes en su mayoría de origen tutsi que luchó en el Congo Democrático contra las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), vinculadas con ejecutores del genocidio de 1994.

La cuerda se tensó cuando las autoridades ruandesas asociaron a militares de la RDC con las FDLR, relacionadas con individuos que participaron en el genocidio de 1994 y después encontraron refugio en el entonces Zaire de Mobutu Sese Seko.

Aquellas masacres desatadas tras la muerte del presidente hutu Juvenal Habyarimana, sepultaron los intentos de paz al cambiar radicalmente el cuadro político existente, el cual evolucionó hasta que en 1997 una guerrilla comandada por Laurent Desiré Kabila –apoyada por Ruanda y Uganda- derrocó al cleptómano mandatario.

No obstante, después de la victoria de Kabila se desató una contienda de las autoridades de Kinshasa con sus antiguos aliados, la llamada Guerra Mundial Africana, que se extendió hasta 2003 y entre sus secuelas estuvo la dispersión de grupos armados de diversos contenidos, los cuales actualmente se cifran en alrededor de un centenar.

En gran medida los conflictos en la RDC –principalmente en las provincias del este- responden a intereses vinculados con la explotación de los ricos recursos minerales presentes allí y a la escasa autoridad estatal en el control de esos amplísimos territorios donde todas las fronteras son permeables.

Precisamente, la RDC cerró sus lindes con Ruanda a la altura de la provincia de Kivu del Sur, confirmó el gobernador, Théo Ngwabidge, tras explicar que esa fue una decisión tomada luego de un incidente en el que murió un soldado congoleño quien traspuso la límite territorial y atacó a agentes de seguridad.

El diferendo entrará en otra etapa con el anunciado despliegue de una fuerza militar de la Comunidad de África Oriental (CAO) para restablecer la paz en las provincias bajo asedio de los rebeldes del Movimiento 23 de Marzo, que durante meses lanzó una ofensiva en el este congoleño.

Kinshasa rechazó la presencia de soldados de Ruanda en ese contingente tras reafirmar no tener dudas de que ese país apoya al M23 en sus operaciones en territorio congoleño, donde los ataques del grupo insurgente causaron una rápida y masiva huida de civiles.

El envío de esa tropa conjunta puede neutralizar la presión militar de la facción guerrillera sobre la región oriental e indirectamente sobre el gobierno de Tshisekedi, estiman expertos.

Tal despliegue es “una buena iniciativa, especialmente porque todos los países vecinos aspiran a la paz y el comercio”, opinó el analista congoleño Nicaise Libelo Bel.

Mientras Kinshasa espera la movilización de tales efectivos, las relaciones con Kigali tocan fondo, lo que claramente solo puede detener el retorno de la tranquilidad fronteriza, reducir la retórica acusatoria empleada hasta hoy y activar instrumentos de mediación que posibilitaron la distensión subregional en 2003.

El plan no es esperar que la esperanza de paz toque a la puerta para saber si es efectiva o no, según observadores, las circunstancias aconsejan construir espacios de entendimiento que excluyan a contaminantes como el M23 y otros actores peligrosos para la estabilidad en los Grandes Lagos africanos.

rgh/to/mt

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