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Europa vuelve al carbón y el medio ambiente… después

Berlín, 21 jun (Prensa Latina) Varios países europeos se alistan hoy para reactivar plantas de carbón como alternativa a los suministros energéticos rusos, en una jugada que retrasa la reducción de emisiones de dióxido de carbono y atenta contra el medio ambiente.
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A principios de semana, Alemania anunció una intensificación de sus esfuerzos para independizarse del gas ruso en medio de recortes a los envíos por el gasoducto Nord Stream 1.

Para ello recurrirán a lo que parecía su última carta en la baraja: la reactivación de las plantas de carbón con una inversión estimada de 15 mil millones de euros y un proyecto de ley que proporciona bases legales para ello.

Paradójicamente, el anuncio estuvo a cargo del ecologista Robert Habeck, ministro de Economía y Clima, quien presentó en enero un plan para adelantar la descarbonización de la industria alemana y dijo en mayo que los países del Grupo de los 7 podrían liderar el camino hacia esa meta.

Ahora, cuando la Unión Europea acordó un sexto paquete de medidas contra Rusia que entorpece el comercio energético internacional, la nación euroasiática anunció limitaciones por problemas técnicos en Nord Stream 1 y los precios del gas se dispararon más del 40 por ciento, el zapato aprieta.

La nueva prioridad es reducir el volumen de gas y usar en su lugar carbón, llevando a un 15 por ciento el uso del primero.

«Tenemos que ser sinceros, esto implica, durante un periodo de transición, más centrales carboneras. Es amargo, pero es indispensable», reconoció Habeck.

Aunque Alemania insiste en que es una medida temporal y los planes para decir adiós al carbón en 2030 persisten, por el momento la independencia del gas ruso para 2024 sube escalones entre las prioridades de un gobierno considerado verde.

Mientras, en Austria la planta Verbund AG recibió el domingo la orden de preparar su central especializada en ese recurso en Mellach, que permaneció cerrada durante dos años.

Antes, las autoridades de Países Bajos anunciaron que eliminarían el límite de producción de energía de las plantas eléctricas de carbón.

De modo similar, autoridades de Rumanía e Italia coquetean con la reactivación de las plantas del polémico combustible y Reino Unido explora prolongar la vida de la central de West Burton.

Sin ir más lejos, la Comisión Europea propuso en mayo aumentar la participación de las centrales de carbón y las nucleares en el mix energético para reducir la dependencia de los recursos energéticos rusos en dos tercios y eliminar las importaciones de Moscú a final de la década.

“Hoy, estamos llevando nuestra ambición a otro nivel para asegurarnos de que nos independicemos de los combustibles fósiles rusos lo antes posible”, señaló la presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, sobre una medida cuya única salvedad respecto al medio ambiente es que no se extienda más allá de 15 años.

En ese contexto, otros países con producciones destacadas como Estados Unidos, Colombia y Sudáfrica, potencian un resurgir del sector para responder al aumento de la demanda.

En definitiva, la tendencia a la reactivación de las centrales que queman este combustible fósil muy contaminante confirman que la lucha contra el cambio climático en Europa pasa a segundo plano, frente a las presiones geopolíticas y la necesidad de imponerse ante Rusia.

De hecho, en la segunda semana desde el inicio del conflicto de Ucrania, el Instituto alemán Fraunhofer ISE calculó que las plantas del continente estaban quemando en torno a un 51 por ciento más de roca sedimentaria que un año antes.

Al analizar el asunto con una mirada ecologista, la ola de noticias al respecto resulta preocupante.

No por gusto organismos globales alertan que la generación de energía a partir del carbón tiene un alto impacto en el cambio climático y en la salud de las personas con el incremento de las lluvias ácidas y el efecto invernadero.

Aunque varios dirigentes europeos defienden que este “retroceso necesario” no impactará en los objetivos a largo plazo de descarbonizar la industria, resulta difícil creer que no supondrá un retraso en la necesaria reducción de las emisiones de dióxido de carbono.

El riesgo resulta evidente: la protección del medio ambiente se pospone, otra vez.

car/kmg/att

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