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José Antonio Méndez, el otro rey del sentimiento

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La Habana, (Prensa Latina) El aniversario 95 hoy del natalicio del trovador José Antonio Méndez (La Habana, 1927-1989) es una ocasión propicia para abordar facetas poco conocidas de su vida, sobre todo, cómo encaró las circunstancias adversas durante su existencia.
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“Hay un momento en que recibes tantos golpes morales que llegas a pensar que no vales nada. Por mucho control y condiciones que puedas tener lo piensas”, confesó el 25 de marzo de 1972 al periodista Orlando Castellanos, de Radio Habana Cuba, en una entrevista para el programa Formalmente Informal.

El autor de canciones que devinieron himnos de amor a escala continental en las décadas de 1950 y 1960 como La gloria eres tú, fue más explícito en su plática con Castellanos en referencia a por qué emigró hacia México a mediados de la pasada centuria.

“Te lo preguntas una y otra vez y te lo crees. Eso me pasó a mí, aquí, en mi patria. Fui discriminado en todos los aspectos, y me marché (…)”, explicó el llamado “ronco maravilloso” en referencia a las adversidades que enfrentó y venció.

¿Cuánta fortaleza espiritual caracterizó a quien César Portillo de La Luz definió como “el personaje más alegre, simpático y seguido del grupo del filin”, que le permitió relegar obstáculos como la epilepsia padecida desde una edad temprana, la pobreza en medio de una sociedad clasista y la discriminación racial?

¿Cómo encaró la explotación de las casas disqueras, que no pagaban el derecho de autor?

Una clave sobre este último asunto la ofrece el propio creador de Novia mía en la entrevista concedida a Castellanos y publicada en forma de folleto por Ediciones Unión en 1992.

“Teniendo cuatro cañonazos sonando todo el día en la radio, en las vitrolas, en los bailes, -describió Méndez-, recibí una vez cuatro pesos. Protesté y hasta me expulsaron de la Sociedad de Autores por conflictivo”.

En el contexto de los tiempos actuales en que empresarios del odio recurren al linchamiento mediático de los artistas que no se suman a los ataques contra la Revolución cubana, la actitud combativa de José Antonio Méndez frente a esa expulsión resulta paradigmática.

Asesorado por su amigo y dirigente obrero Lázaro Peña fue uno de los fundadores de la editorial Musicabana, la cual presidió, cuya misión consistía en la publicación de las obras y la gestión de los derechos autorales de los creadores del movimiento musical conocido como Filin.

UNA CASITA EN LOS PINOS

Méndez aseguraba que “el compositor no debe fabricar sino tener una razón, un porqué para componer”, y esta concepción de la necesaria honestidad del creador musical facilita profundizar en su trayectoria vital.

Nació el 21 de junio de 1927 en el reparto Los Pinos, en esta capital, de un matrimonio formado por un obrero barnizador de muebles y una ama de casa de ideas avanzadas, quien se esforzó por la superación de sus hijos y logró que todos vencieran la enseñanza preuniversitaria.

La guaracha Cemento, ladrillos y arena refleja la humildad de esa vivienda de madera ubicada en Avenida del Oeste (Calzada de los Pinos) entre Alberto González y Morales.

Allí, sin embargo, en la infancia y la adolescencia, el futuro Rey del filin conoció y vio cantar a grandes de la trova cubana como Sindo Garay, Manuel Corona y Rosendo Ruiz, cuya influencia de alguna forma lo marcaron.

Desde ese reparto, el joven muchas veces caminó los casi cinco kilómetros que lo separan del Instituto preuniversitario de La Víbora cuando estudiaba el bachillerato para ahorrar algunos centavos e incluso cambiaba el peso de que disponía en menudo con el objetivo de que le durara un poco más.

Ese avatar se refleja en su tema Pa` que te dure (muchos lo conocen por “Cambia tu peso en quilos” por la frase que más se reitera en el texto, y que en las grabaciones realizadas en México transformaron por “Cambia tu peso en dólar”.

Con esta obra y las guarachas Se cansa uno y Qué jelengue, grabadas a finales de la década de 1940 por el cantante Orlando Guerra (Cascarita) con la orquesta Casino de la playa, el creador criticaba las difíciles circunstancias en que vivían los cubanos pobres antes de 1959.

MÉXICO

Tras debutar como profesional en 1949 al suplir como guitarrista a su amigo Arturo Harvey en una academia de baile de Marianao, en La Habana, José Antonio Méndez viajó a México en 1950 invitado por el cantante santiaguero Pepe Reyes.

Como autor ya era bien conocido en ese país donde María Antonia del Carmen Peregrino (Toña la Negra) grabó La Gloria eres tú, y también Pedro Infante la llevó al cine en el filme Dos tipos de cuidado, que interpretó junto a Jorge Negrete.

Trabajó en la tierra de los aztecas junto a personalidades de la talla de Mario Ruiz Armengol, Agustín Lara, Gonzalo Curiel, Vicente Garrido, Álvaro Carrillo, José Sabré Marroquín, Lucho Gatica y María Luisa Landín, e igualmente contó con el apoyo de amigos cubanos como Ninón Sevilla, Benny Moré y Dámaso Pérez Prado.

Por iniciativa de Mario Rivera Conde –ejecutivo de la casa discográfica RCA Víctor mexicana- entre 1955 y 1956 realizó sus primeras grabaciones fonográficas en ese país con obras propias y de creadores como César Portillo de la Luz, acompañado por las orquestas de Ruiz Armengol y de Chucho Zarzosa.

Logró tal éxito, que en 1957 salió al mercado su primer larga duración (José Antonio Méndez canta solo para enamorados).

Ya era una personalidad artística internacional en 1956, cuando por solicitud de Lázaro Peña su casa de México sirvió de refugio a dirigentes del Partido Socialista Popular que allá se encontraban en vísperas del desembarco del yate Granma y eran objetivos de planes de asesinato.

Para encabezar ese crimen viajó a tierra mexicana al frente de un comando especial el capitán José de Jesús Castaño y Quevedo, jefe de inteligencia y operaciones del Buró de Represión de Actividades Comunistas del gobierno de Fulgencio Batista. Méndez nunca presumió de esa colaboración, según recordaba Andrés Echevarría Callava (Niño Rivera), testigo de excepción de esos acontecimientos.

Tras el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959, regresó definitivamente a la tierra natal, y compuso “con toda intención” una pieza que también se popularizó.

“Realmente no tengo dotes para hacer algo en la música de tipo épico y la hice en sentido metafórico. Esa canción es Me faltabas tú, que todos escuchan como una canción de amor, pero que está dedicada a la Revolución”, confesó en Formalmente Informal a Castellanos.

Me faltabas tú

Me faltaba amor,

me faltaba paz!

me faltabas tú.

Cómo iba a pensar

que hoy pudiera amar

más hondo que ayer.

Llegaste a mi vida

a borrar las noches de amargo desvelo,

a darme la luz,

tú que eres mi sol,

que eres mi consuelo.

Hoy que siento así,

en el corazón, estar junto a ti.

Se enlutó el dolor

y la confusión, ya no existe aquí.

Ahora soy feliz

Porque la razón

la he encontrado al fin.

Me faltaba amor,

me faltaba paz:

me faltabas tu.

mem/jpm

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