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Rumiantes y el clima, ¿qué conocemos sobre el metano? (I)

Ciudad de Panamá (Prensa Latina) El VI Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas explica la importancia de reducir las emisiones de metano (CH4), un gas aún más potente que el dióxido de carbono.

Por Carolyn Opio

Oficial de Política Ganadera de FAO-Oficina Subregional para Mesoamérica

El estudio precisa que este gas representa aproximadamente la mitad del aumento neto de 1,0 grado Celsius en la temperatura media global desde la era preindustrial. Desde 2007, el CH4 atmosférico aumenta y en 2020 alcanzó el 262 por ciento del nivel preindustrial debido al auge de las emisiones de fuentes antropogénicas.

Si bien China, el Sur de Asia y América del Norte sobresalen como los principales emisores, los niveles observados en todas las regiones del planeta son significativos.

METANO Y DISCURSO CLIMÁTICO

El metano es el segundo mayor contribuyente al calentamiento climático, ubicándose por debajo del CO2, y es al menos 84 veces más potente que el dióxido de carbono en un período de 20 años.

También es un precursor del ozono: las reacciones químicas en la atmósfera que involucran al metano producen ozono, un contaminante que presenta importantes riesgos para la salud.

Por eso, debido a la corta duración del metano en la atmósfera, una disminución considerable en sus emisiones puede darle un poco más de tiempo al mundo para continuar trabajando en la reducción de otros gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y el óxido nitroso.

El CH4 tiene la capacidad de calentar mucho la atmósfera durante un período de aproximadamente 12 años, pero luego se disipa y su poder de calentamiento disminuye.

Esto significa que, si la tasa de emisiones de metano permanece constante, la cantidad de CH4 que se emita hoy reemplazará al metano que desapareció, y su concentración atmosférica permanecerá estable. Por eso el metano es crucial, debido a que se trata de esencialmente un recurso de flujo, que ingresa y sale de la atmósfera.

En ese sentido es cardinal controlar las emisiones de metano, lo que puede reducir la tasa de cambio en el corto plazo.

Menores emisiones de CH4 permitirían retrasar algunos de los considerables costos asociados con una rápida reducción de las emisiones de CO2. También permitirá asegurar que los ecosistemas, los sistemas alimentarios y la economía puedan adaptarse y hacer más probable el logro de los objetivos del Acuerdo de París. Sin embargo, la reducción de las emisiones de metano no sustituye la necesidad de disminuir las emisiones de CO2, pues los gases no son realmente «equivalentes» entre sí. La sustitución de esfuerzos para disminuir un gas en lugar de otro, no obtiene el mismo resultado.

La relativa permanencia del CO2 y los efectos acumulativos de su emisión continua implican que estamos «comprometidos» con el calentamiento en el futuro, incluso si todas las fuentes de metano fueran eliminadas hoy.

El dióxido de carbono es en gran medida un recurso de reserva. Cada vez que producimos dióxido de carbono, se acumula en la atmósfera y se suma al CO2 emitido anteriormente.

Se necesitan cientos e incluso miles de años para que el dióxido de carbono adicionado a la atmósfera se disuelva en los océanos o se convierta en formas inertes, como carbón o petróleo.

Esto implica que, si seguimos quemando combustibles fósiles al ritmo actual, el planeta seguirá calentándose. Incluso si reducimos el consumo de combustibles fósiles, el planeta seguirá calentándose a medida que las existencias de CO2 en la atmósfera continúen aumentando.

FUENTES DE METANO

El metano se produce de forma natural en el ambiente, por animales y como resultado de la actividad humana.

Hoy en día, alrededor del 60 por ciento del metano en la atmósfera es inducido por humanos, mientras que el resto proviene de fuentes existentes antes de que los humanos comenzaran a influir en el ciclo del carbono.

De acuerdo con el reporte Global Methane Assesment 2021, las emisiones antropogénicas de metano provienen de tres sectores: combustibles fósiles (35 por ciento), desechos (20 por ciento) y agricultura (40 por ciento).

Hay que destacar que en el sector agrícola, las emisiones de metano provenientes del estiércol y la fermentación entérica -reacciones químicas en el estómago de las vacas y otros animales que pastan cuando descomponen las plantas- representan aproximadamente el 32 por ciento y el cultivo de arroz el 8,0 por ciento de las emisiones antropogénicas mundiales.

Los rumiantes son uno de los principales contribuyentes a las emisiones de metano. De hecho, alrededor del 70 por ciento del metano en el sector agrícola proviene de la fermentación entérica.

En regiones con una importante presencia de rumiantes como América Latina y el Caribe, el ganado contribuye con cerca del 60 por ciento de las emisiones regionales totales de metano.

Si deseamos encontrar soluciones climáticas innovadoras, tenemos que considerar un panorama más amplio. Además del clima, existen argumentos éticos, nutricionales, socioculturales y relacionados con los medios de vida que deben ser analizados para comprender los beneficios y costos asociados a la producción de rumiantes.

El debate sobre los rumiantes y el cambio climático debe ir más allá del metano, incluyendo una explicación completa sobre el papel que desempeñan los sistemas de rumiantes en diferentes contextos.

(Continúa)

arb/ga/co

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