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En peligro patrimonio indígena en El Salvador

San Salvador, 15 ago (Prensa Latina) Grupos indígenas y ambientalistas en El Salvador alertan hoy sobre el peligro que representa la construcción de una hidroeléctrica para la gente y las culturas ancestrales.

El asunto ocupa a integrantes del Parlamento salvadoreños quienes fueron alertados sobre los peligros que trae el proyecto de la construcción de la octava central hidroeléctrica en el río Sensunapán.

Esa corriente de agua de 16 kilómetros está ubicada al oeste del país en el departamento de Sonsonate, tiene sobre su cauce siete represas y la empresa Sensunapán S.A. de C.V. intenta construir una octava.

Habitantes de la zona están preocupados por los daños que pueda ocasionar el proyecto al medio ambiente, pérdida de la producción agrícola, del agua y sitios sagrados indígenas.

A eso se suma la Unidad Ecológica Salvadoreña que exige a las autoridades correspondientes que se reconozca y preserve el patrimonio indígena en el departamento de Sonsonate y se preserve el río Sensunapán.

Entre los pobladores de la región no faltan las lamentaciones de que ninguna autoridad les dio la mano, pese a que en la zona hay patrimonio cultural y ambiental.

La realidad indica que el proyecto hidroeléctrico pone en peligro el Tule, una planta pequeña que se cosecha en pantanos y cuya fibra es usada para la elaboración de petates y el “corazón” para hacer yaguales y otras artesanías.

Asimismo el tule es utilizado por los artesanos de San Antonio del Mosco, en San Miguel, para fabricar petates, sombreros, bolsos, paneras, canastas y cojines, así como para forrar botellas de vidrio con «el corazón» de la planta, según describen lugareños.

De estas artesanías dependen millares de personas que mantienen una tradición ancestral y no son pocos los que alquilan una parcela para cultivar la planta que se cosecha cada año. Muchos de los artesanos, una gran mayoría mujeres, son sustentos de familias enteras elaborando sombreros, bolsos, canastas, paneras, cojines, entre otras producciones.

A veces, señalan lugareños, trabajan a base de pedidos que varían de cuatro a cinco docenas de sombreros, siendo estos los más comprados.

Algunas mujeres vinculadas a esta labor señalan que sus ganancias son la fuente de sus ingresos con la que costean los estudios de sus hijos.

En la región hay un fuerte movimiento contra el proyecto energético, es especial en el

Municipio de Nahuizalco, Sonsonate, donde pervive una generación de tejedoras de petates, mujeres indígenas que aprendieron este oficio ancestral de sus madres y abuelas.

La elaboración de petates (esteras) data de la época prehispánica y forma parte de la cultura por preservar en este país.

mem/lb

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