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¿Qué revela el accidente de los mineros mexicanos? (+Fotos)

Ciudad de México, 17 ago (Prensa Latina) Familias de la localidad carbonera mexicana de Sabinas, Coahuila, donde está la mina El Pinabete, viven una angustia tremenda desde el 3 de agosto cuando 10 mineros quedaron atrapados en un pozo inundado.

No es el primer accidente mortal que ocurre en esas carboníferas, cuyo hecho más conocido es el de Pasta de Conchos donde todavía están sepultados 65 mineros, de lo cual el gremio acusa a la empresa Grupo México del multimillonario Germán Larrea, el hombre más rico del país después de Carlos Slim.

En aquella ocasión, 19 de febrero de 2006, la Comisión Nacional de Derechos Humanos denunció que Grupo México había cometido 43 violaciones directas de las normas de seguridad desde cinco años antes de la terrible explosión por acumulación de gas.

Pero siguieron explotando el yacimiento sin cumplir las 48 medidas, una gran parte de extrema urgencia, dictadas por la comisión, situación omitida por los gobiernos de Vicente Fox y su sucesor Felipe Calderón.

Casualmente, fue también el expresidente Fox quien otorgó las concesiones mineras en la localidad de Agujita donde están los pozos inundados de Pinabete. La diferencia con Pasta de Conchos es que en aquella se conocía al dueño, Larrea, y en esta todavía.

Ambas, sin embargo, revelan con dramatismo que el régimen minero en México debe cambiar radicalmente, y es necesario hacer una investigación más a fondo como exige el sindicato que lidera el senador Napoleón Urrutia, por accidentes, condiciones laborales y cuidado de la salud y el entorno.

Los mineros del carbón están en riesgo de presentar enfermedades como neumoconiosis y silicosis por su exposición al polvo respirable que entra al tejido pulmonar y provoca mayor riesgo de morir de cáncer y causar disfunción, discapacidad y muerte prematura.

En Sabinas, señalan familiares, la extracción del carbón se hace de forma bastante rudimentaria. Los pozos tienen entre 60 y 80 metros de profundidad donde se excavan las paredes con martillos neumáticos para extraer el mineral y se convierten en túneles que conectan el entramado de fosos.

En esas profundidades son vitales sistemas de circulación de aire y oxígeno efectivos para evitar la concentración de gases, pero insuficientes, según describió en un escrito de 2020 divulgado en estos días, el minero de Charcas Humberto Martínez.

Él narra su experiencia de esta forma: “Cuando tira la mina, sientes que estallará, que rompe las manpostas, y trabajas bajo presión y miedo, falta de oxígeno; si no hay ventilación asistida te quedas dormido para siempre, sin siquiera darte cuenta de que mueres como un jilguero”.

Otro minero, Jorge Alberto Velázquez, ya alejado de ese trabajo, tiene su teoría de lo que ocurrió en los pozos con los 10 mineros. Él trabajaba en la mina Los Conchos a unos cinco kilómetros de estos, que la cerraron hace 30 años porque se inundó.

En su interior, dijo, existe un túnel que conecta hasta el complejo minero del pozo El Pinabete. Pienso que allí le dieron a un brazo o cañón de un bloque que mide un kilómetro y medio por 100 metros de ancho el cual se quedó desde entonces lleno de agua.

No es de dudar que tenga razón pues el agua fluye en Pinabete en cantidades asombrosas a los pozos como si llegara de un río subterráneo.

Después de una labor titánica lograron achicar los pozos hasta 40 metros de profundidad y reducirlos a entre 1,6 y 3,7 para que los rescatistas pudieran bajar y buscar a los mineros, pero lluvias intensas y un nuevo aluvión de caudales aledaños, volvieron a inundar todos los fosos con igual nivel e incluso superior que el primer día.

Los dueños de la mina siguen sin dar la cara. El fiscal general del Estado, Gerardo Márquez, asegura que tiene ubicados a tres posibles responsables: un presunto titular de la concesión pero que los familiares de los mineros dicen es un infeliz presta nombre, el propietario del predio y el encargado de explotar la mina. No hay más detalles.

El presidente Andrés Manuel López Obrador prometió que la búsqueda y rescate de los mineros no se detendrá.

Lo importante, como proclama el sindicato, es regular las concesiones, obligar a quienes se les otorgue a cumplir las normas establecidas, que son mucha.

Pero las principales, seguridad del trabajador, preservación de su salud, no agresión al ecosistema, y cese de la explotación, pues mientras un minero gana siete dólares por una tonelada de carbón extraída con sangre, sudor y lágrimas, el dueño recibe entre 55 y 60 sin arriesgar su vida ni escupir negro.

mem/lma

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