miércoles 28 de septiembre de 2022

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Cuba, el asesinato de Trejo desató la Revolución del 30 (+Foto)

La Habana (PL) La sangre generosa del primer mártir del estudiantado cubano contra la dictadura machadista Rafael Trejo (1910-1930), surtió las protestas estudiantiles y obreras a pesar de la represión gubernamental, la cual resultó incapaz de detener la nueva situación revolucionaria.

Por Marta Denis Valle*

Una manifestación popular, convocada por el Directorio Estudiantil Universitario (DEU) de 1930, se concentró el 30 de septiembre de ese año en el parque Eloy Alfaro (cerca de las calles Infanta y San Lázaro), al estar tomada la Universidad por la policía.

Los participantes demandaban la renuncia del dictador Gerardo Machado y fueron agredidos por los cuerpos represivos, a pie y a caballo, con pistolas y palos.

Un fotógrafo captó el momento en que el vigilante Félix Robaína disparó contra Trejo que trataba de desarmarlo, en la acera del frente; el asesino fue protegido y sacado del país por las autoridades.

Los sucesos de ese día y la represión de la fuerza pública contra estudiantes y obreros incrementaron el rechazo a la dictadura machadista y desencadenaron la denominada Revolución del 30.

 

Después de este crimen es clausurada la Universidad de la Habana y más tarde todos los centros de enseñanza intermedia; suspendidas las garantías constitucionales, censurada y después eliminada la prensa opositora.

El lapso de 1920 a 1930 fue denominado la década crítica por el político y notable intelectual Juan Marinello, debido al cúmulo de circunstancias que precedieron al estallido revolucionario del 30 de septiembre 1930, cuando ocurrió el asesinato de Trejo.

En ese intervalo hubo un fuerte movimiento huelguístico y protestas de los desempleados, las llamadas marchas de hambre realizadas por miles de hombres y mujeres desde la segunda mitad de 1929 y principios de 1930.

La manifestación estudiantil del 30 de septiembre de 1930, intentaba ir a la casa del maestro Enrique José Varona para entregarle un manifiesto antimachadista.

Las fuerzas represivas habían atacado otra manifestación estudiantil, en 1927, cuando se dirigía a la residencia de Varona (Calle 8, entre Calzada y Línea, Vedado), en protesta contra tirano. La policía maltrató al anciano profesor y a varios estudiantes.

Varona suscribió ese año, junto a otras personalidades, un Manifiesto en rechazo a la prórroga de poderes de Machado.

EL JOVEN MARTIR

Rafael Trejo González (Felo) había nacido el 9 de septiembre de 1910, en la localidad habanera de San Antonio de los Baños, hijo de una maestra rural y un empleado público. A los 17 años concluyó el bachillerato en el Instituto de La Habana e ingresó en la Universidad, donde pronto asumió una posición revolucionaria.

Alumno del tercer año, estudiaba para abogado en la Universidad de La Habana y era vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de Derecho y miembro del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) de 1930.

Con 20 años, recién cumplidos, gozaba de las simpatías de amigos y admiradores, como deportista y músico. Fue nadador, remero y ajedrecista; cantaba con voz de barítono y tocaba violín y piano.

Mi ideal es poder defender algún día a los pobres y los perseguidos. Mi toga estará siempre al servicio de la justicia. También aspiro a ser útil a Cuba», había dicho a su amigo Raúl Roa.

Lo primero que conocí acerca de la muerte de Trejo, en un folleto publicado por la Delegación del Gobierno Revolucionario en el Capitolio Nacional, el 30 de septiembre de 1959, transcurridos tantos años, su lectura me despierta hoy las mismas fuertes emociones de entonces.

Dos jóvenes heridos en la manifestación del 30 de septiembre de 1930, casi juntos fueron llevados al Hospital de Emergencias de La Habana, y en camas contiguas, aisladas del resto, se ven por última vez. Uno alienta al otro con una sonrisa animadora, pero éste ya sabe quién de ellos va a morir.

No se trata de uno de los famosos cuentos del célebre periodista y revolucionario (1901-1936) Pablo de la Torriente Brau, sino de una crónica verídica de la imagen captada por sus retinas y grabada en su memoria, de La última sonrisa de Rafael Trejo.

Pablo desborda sus sentimientos en los recuerdos de aquel día, hermoso e inolvidable, y entre todos los fragmentos, precipitados en un torbellino emocionante, ninguno recuerda con más intensidad que la última sonrisa de Trejo “como algo que fue a la par grato y doloroso, inefable y triste”.

El narrador desconocía los detalles de la herida, pero si la gravedad. En un momento en que recobró el sentido, escuchó las palabras de un médico que lo atendía: “Veremos si éste no tiene fractura en la base. Si no la tiene se puede salvar…pero a ese otro muchacho sí que no hay quien lo salve. Se muere de todas maneras…”

Por extraña paradoja, señaló, esta afirmación “no me produjo esa alegría animal de que se habla en los libros cuando se refieren a los impulsos egoístas del instinto de la vida”; primó la angustia y el dolor por el compañero moribundo.

Cuando Trejo entró en coma, dieron a Pablo unos calmantes y durmió profundamente; el gran silencio del recinto médico, a la mañana siguiente, le reveló la verdad y sólo preguntó: ¿A qué hora murió?

Una incontrolable hemorragia interna, a las 9:30 de la mañana del 1 de octubre, fue la causa del deceso; herido en el hígado fueron fallidos los esfuerzos por salvarle la vida en el Hospital de Emergencias donde lo operaron de urgencia.

LUCHA CONTRA MACHADO

El general Gerardo Machado Morales (1871-1939), quien gobernó desde 1925 con mano férrea superando en represión a sus antecesores, logró en 1928 -mediante una reforma constitucional- la prórroga de su poder presidencial, del vicepresidente y del resto de su equipo, con el apoyo de los tres partidos tradicionales (Liberal, Conservador y Popular).

Asumió su segundo mandato el 20 de mayo de 1929 y meses después la economía cubana que aún no se había recuperado, fue arrastrada por el crac bancario ocurrido en Estados Unidos, en octubre de ese año, sumiendo al país en el hambre y la miseria bajo la bota de una dictadura de métodos violentos.

Machado -admirador del fascista italiano Benito Mussolini- acudió desde su primer gobierno, al asesinato de numerosos opositores, ilegalizó y persiguió a organizaciones populares, llenó las cárceles de presos políticos y aplicó todo tipo de torturas contra sus víctimas.

En el país se generalizaron la represión y la hambruna, y también las protestas populares.

Este estado de cosas provocó un paulatino ascenso de la lucha popular al punto que podría triunfar una revolución de incalculables consecuencias para los intereses estadounidenses en Cuba.

El movimiento huelguístico pasó a la ofensiva general en el sector azucarero desde la zafra de 1932 y abarcó a otros gremios durante ese año y el siguiente.

Ante la fuerza de una huelga general, el día 12 de agosto de 1933 Machado huye con su familia en un avión hacia Bahamas y después se refugia en EE.UU.

*Historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina

rmh/mdv

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