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¿Será debut y despedida para la primera ministra británica?

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Londres (Prensa Latina) La primera ministra conservadora británica, Liz Truss, acaba de mudarse al número 10 de Downing Street, pero podría tener los días contados en el cargo debido al rechazo casi unánime que genera su plan económico.

Por Néstor Marín

Corresponsal jefe de Prensa Latina en Reino Unido

Según la cadena Sky News, varios diputados del partido gobernante quieren someter a Truss a un voto de confianza en la bancada parlamentaria, porque temen que su histórico recorte de impuestos destroce la economía del país.

El Daily Telegraph apuntó, por su parte, que algunos correligionarios de la primera ministra están listos para apretar el ´botón nuclear´ si la libra esterlina no se recupera del batacazo que sufrió recientemente.

Truss, quien reemplazó al defenestrado Boris Johnson el pasado 6 de septiembre, tras derrotar al exministro de Hacienda Rishi Sunak en el concurso interno de liderazgo, apostó por una masiva rebaja de impuestos para incentivar la inversión y frenar la inflación.

Aunque no pocos economistas y el propio Sunak le advirtieron de la irracionalidad de la propuesta, el ministro de Hacienda, Kwasi Kwarteng, anunció el 23 de septiembre en el Parlamento un histórico recorte fiscal valorado en 45 mil millones de libras esterlinas (unos 48 mil millones de dólares al cambio actual). El ´mini presupuesto´, como lo llamó la prensa británica, pasa por revertir el impopular aumento del 1,25 por ciento sobre la nómina que comenzó a aplicar Johnson en abril pasado, para financiar la recuperación del Servicio Nacional de Salud luego de la pandemia de Covid-19.

También da marcha atrás al anunciado incremento de la tasa impositiva corporativa, la cual se mantendrá en el 19 por ciento actual, y reduce otros tributos como los llamados derechos de timbre que se pagan por la compra de propiedades.

Otra medida contempla la eliminación del límite a las bonificaciones que reciben los banqueros, y del tope del impuesto sobre la renta para las personas de mayores ingresos.

Kwarteng reveló además que el paquete de ayuda pretende congelar el precio de la tarifa eléctrica para el sector residencial en dos mil 500 libras anuales (unos dos mil 700 dólares), entregar una ayuda única de 400 libras (434 dólares) a los hogares británicos, y costear la mitad de la factura energética de las empresas representará una erogación adicional de 67 mil millones de dólares.

Contrario a lo esperado por Truss, pero a tono con lo vaticinado por los expertos, el aumento de la deuda pública en momentos en que el país todavía sufre los coletazos de la pandemia de Covid-19, y lidia con el alza en el precio global de los combustibles, enseguida hizo saltar las alarmas en los círculos políticos y económicos.

La oposición enseguida acusó al Gobierno de querer beneficiar a los sectores más ricos y a las grandes corporaciones, mientras que la pérdida de confianza de los inversionistas hizo caer la libra esterlina por debajo de 1,04 dólares por primera vez en la historia.

El Gobierno detuvo el incremento de impuestos valorado en 45 mil millones de libras, pero se niega a actualizar el impacto económico, los costos y la lógica detrás de su nuevo enfoque, mientras aumenta el endeudamiento y ejerce cada vez más presión sobre las finanzas públicas, comentó a Prensa Latina la profesora de Economía de la Universidad de la Ciudad de Birmingham Beverley Nielsen.

La especialista también consideró que el multimillonario paquete de ayuda energética para el sector residencial y las empresas debió costearse con un impuesto único sobre las ganancias que obtienen las compañías petroleras y gasíferas.

Se rehusaron a obligar a la industria energética a aportar algo de sus superganancias, con lo cual pondrán aún más carga sobre la ciudadanía, ahora y en el futuro, agregó Nielsen, quien señaló que la libra esterlina solo comenzó a estabilizarse después que el Banco de Inglaterra dijo que no dudaría en intervenir para salvarla.

Sin esa garantía, no hay dudas de que seguiría cayendo, agregó.

LABORISTAS AL FRENTE EN INTENCIÓN DE VOTO

A las dudas crecientes de los conservadores sobre la gestión económica de Truss, y las críticas de los opositores y economistas, habría que sumar el rechazo que genera la reforma fiscal entre el electorado británico.

Según una encuesta de la firma YouGov para el diario The Times, el 72 por ciento de los votantes, entre ellos un 69 por ciento que apoyó a los Tories en los comicios generales de 2019, se opone a la decisión del Gobierno de eliminar la tasa máxima del impuesto sobre la renta para las personas de mayores ingresos.

El 71 por ciento tampoco apoya que se levante el tope a las bonificaciones que reciben los banqueros, mientras que un 60 por ciento opinó que el recorte impositivo de 45 mil millones de libras resulta incosteable, frente a un 19 por ciento que lo consideró justo.

Esas opiniones adversas del electorado se traducen, a su vez, en un aumento de la ventaja en la intención de voto que desde hace varios meses mantienen los laboristas ante sus rivales políticos.

De acuerdo con el sondeo realizado pocas horas después de que el Gobierno de Truss anunció su plan económico, el 45 por ciento de los entrevistados dijo que votaría por los laboristas en caso de adelantarse las elecciones generales previstas para finales de 2024, frente a un 28 por ciento que apoyaría al partido gobernante.

Esa ventaja de 17 puntos es la mayor conseguida por el partido opositor en más de dos décadas, y su líder, Keir Starmer no está dispuesto a desaprovecharla.

Este es el momento de los laboristas, aseveró Starmer en la conferencia anual de la organización partidista, donde prometió enfrentar la crisis del costo de la vida que afecta a millones de británicos y devolver el futuro al Reino Unido, en caso de ganar las próximas elecciones.

arb/nm

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