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Bolsonaro y el posible fin de sus días

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Brasilia (Prensa Latina) Las señales que emiten las encuestas de opinión sobre las elecciones del 2 de octubre en Brasil resultan preocupantes para aquellos que buscan la reelección del exmandatario de tendencia ultraderechista Jair Bolsonaro.

Por Osvaldo Cardosa

Corresponsal de Prensa Latina en Brasil

Válido recordar que el exmilitar es el primer presidente en funciones que no lideró en las urnas un año antes de la justa comicial, algo que no sucedió en los intentos exitosos de Fernando Henrique Cardoso en 1998, Luiz Inácio Lula da Silva en 2006 y Dilma Rousseff en 2014.

Lo anterior avalado porque, desde hace dos calendarios, enfrenta crisis en su gobierno: desde problemas de salud, con la pandemia de Covid-19 que costó casi 700 mil vidas, hasta ataques a la democracia, a las instituciones y al proceso electivo.

También, según analistas, en 2020 la derrota de Donald Trump en las urnas en Estados Unidos llevó a Bolsonaro a sentirse inseguro y a reevaluar la estrategia a seguir con vistas a su posible reelección.

Tras el rotundo fracaso de su ídolo, el excapitán del Ejército comenzó a inquietarse por la pérdida de territorio electoral en favor de políticos de centro o de izquierda. La victoria del demócrata Joe Biden en la potencia norteña constituyó una clara señal de advertencia para los conservadores.

Al colapso del candidato republicano se sumarían otros recientes de la derecha suramericana, como en las votaciones realizadas en Argentina, Bolivia, Chile y Colombia. En público y en intercambios con partidarios en redes sociales, Bolsonaro admitió en ocasiones que temía que algo similar pueda suceder en Brasil.

EXMILITAR PRESIDENTE

Nació el 25 de marzo de 1955. Siendo originario, según su certificado de nacimiento, de la ciudad de Campinas, en el interior de Sao Paulo, existe, sin embargo, una duda acerca de su lugar de nacimiento, por indicios de que él puede haber nacido en Glicério, también en el interior paulista, pero fue registrado en Campinas.

A lo largo de su infancia, Bolsonaro vivió en diferentes lugares, estableciéndose durante años en Eldorado Paulista, ciudad del Valle del Ribeira, donde su padre actuaba como dentista práctico y administrador de haciendas.

Su carrera comenzó en la década de 1970, al ingresar en la Escuela Preparatoria de Cadetes del Ejército, en la cual permaneció algunos meses antes de entrar a la Academia Militar de las Agujas Negras, donde concluyó sus estudios en 1977. Junto al curso de preparación de oficiales, terminó uno de paracaidismo.

Los dos cursos se realizaron en el estado de Río de Janeiro, siendo el de las Agujas Negras en Resende y el de paracaidismo en Río. También se graduó en Educación Física por el Ejército y se convirtió en maestro en paracaidismo. Actuó como paracaidista en las Fuerzas Armadas.

En la institución armada, Bolsonaro logró alcanzar el rango de capitán, pero también acumuló polémicas. En septiembre de 1986, apareció una entrevista suya publicada en la revista Veja en la cual denunciaba que la cantidad de militares que abandonaban la carrera era fruto de los supuestos bajos salarios.

Por esa entrevista, dada sin el consentimiento de sus superiores, cometió una infracción y recibió 15 días de prisión. Poco menos de un año después, fue acusado por un reportaje de ser el autor de un plan que explotaría bombas en cuarteles en Río.

Tal iniciativa recibió el nombre de Callejón sin Salida y tenía como propósito afectar la posición de Leónidas Pires Gonçalves como ministro del Ejército y protestar contra las bajas mensualidades de los militares.

Inmediatamente comenzaron investigaciones contra Bolsonaro y otro capitán llamado Fábio Passos da Silva. Ambos negaron la participación en la operación, pero un sindicato realizado por el propio Ejército concluyó con la expulsión de ambos de las Fuerzas Armadas por la participación en la operación.

CRISIS, POLÉMICAS Y MUCHA VIOLENCIA POLÍTICA

Estos escándalos dieron gran proyección a su nombre. Con eso, él fue para la reserva, pues había sido elegido, en 1988, para el cargo de concejal de la ciudad de Río por el Partido Demócrata Cristiano. Quedó poco tiempo en el mandato pues en 1990 fue elegido diputado federal.

Tres calendarios después, Bolsonaro se involucró en una controversia al defender el retorno de un régimen de excepción en Brasil, bajo el argumento de que existían muchas leyes que obstaculizaban al gobierno.

Ese año, increíblemente, abogaba por la creación de las urnas electrónicas en los sufragios, las mismas que ahora cuestiona.

Fue diputado de febrero de 1991 a enero de 2019, cuando abandonó el cargo para asumir la presidencia. Durante ese período, resultó elegido por cuatro partidos.

El escenario de radicalización de la política brasileña permitió que Bolsonaro fuera lanzado al debate político hacia el poder. Para viabilizar su candidatura en 2018, se afilió al Partido Social Liberal (PSL).

Con base en una plataforma liberal, defendió propuestas como privatización de Petrobras, fusión de ministerios, creación de escuelas cívico-militares, acceso facilitado de la población a las armas, fin de las demarcaciones de tierras indígenas y quilombolas (afrobrasileñas), entre otras.

Durante la campaña electoral, fue víctima de un atentado en la ciudad de Juiz de Fora, estado de Minas Gerais (sudeste), cuando resultó herido por un golpe de cuchillo. Pasó por varias cirugías.

El autor del atentado, Adelio Bispo, fue detenido, y la investigación conducida por la Policía Federal concluyó, en 2020, que él actuó por su cuenta. Un informe de la Justicia Federal también determinó que el atacante tiene un trastorno delirante paranoide permanente.

La embestida dio más fuerza a su candidatura y salió victorioso en la segunda vuelta del referendo con el 55,13 por ciento de los votos, en disputa con Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores (44,87).

Asumió la presidencia el 1 de enero de 2019. Su gobierno está marcado desde entonces por una serie de crisis, polémicas y mucha violencia política. Tras abandonar el PSL se afilió en 2022 al Partido Liberal y se presentó como su candidato a reelección.

En la misma proporción en que Lula sumó triunfos judiciales y fortaleció su intención de voto todo el año, se desplomó la aprobación de Bolsonaro.

Comentaristas políticos aseguran que sus casi cuatro años de gobierno resultan de odio, de coacciones a la prensa, de ataques y amenazas a la democracia, de insultos y faltas de respeto, de mentir sobre la quema en la Amazonia, de constantes agresiones contra el Poder Judicial.

El exparacaidista apostó por polémicas agendas y promesas que, al resultar incumplidas, menguaron la confianza en su administración.

La corrupción salpica además al mandatario y su familia con las investigaciones contra uno de los hijos, el senador Flávio Bolsonaro, por presunto desvío de recursos de su otrora gabinete de diputado. También afloraron componendas fraudulentas de religiosos con funcionarios del Ministerio de Educación.

Se suma la presunta implicación del jefe de Estado en la irregular compra de Covaxin, la vacuna india antiCovid-19. Además, una empresa abierta por Ana Cristina Siqueira, su segunda exesposa, realizó infrecuentes retiros de dinero entre 2008 y 2014 que la Fiscalía encauzó hacia posibles desvíos de recursos públicos.

Bolsonaro provocó asimismo rechazos y denuncias cuando en 2019 intentó conmemorar el aniversario 55 del golpe de 1964 que dio inicio a una dictadura militar de 21 años, la cual causó más de 430 muertos y desaparecidos.

Hizo aflorar igualmente comentarios negativos cuando comunicó el decreto de facilitación a la posesión de arma.

Las funestas condiciones de vida son percibidas por los brasileños en forma de inflación disparada, con aumentos en los precios de los combustibles, los alimentos, la electricidad y el gas. Además, el desempleo afecta a cerca de 10,1 millones de personas.

El jefe del Ejecutivo es considerado el principal responsable de estos escenarios, hasta el punto que enfrenta un creciente rechazo entre la población y 132 pedidos de destitución descansan en la Cámara de Diputados.

Ahora cunde el cansancio y la desmoralización en el entorno del político nostálgico de la dictadura militar (1964-1985), y la irresponsabilidad y lo deshumano forman parte de su esencia como presidente.

Y más allá de que seguidores califican a Bolsonaro de mito e ícono de la ultraderecha suramericana, muchas fuerzas políticas que lo apoyaron en el pleito electivo de 2018 abandonaron el barco.

arb/ocs

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