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La primera autodefensa del joven abogado Fidel Castro

Cienfuegos, Cuba, 25 nov (Prensa Latina) El alegato de autodefensa realizado por Fidel Castro tras el ataque el cuartel Moncada resulta una de las páginas más conocidas de la historia de Cuba, pero no fue su primer combate en ese terreno jurídico.

Es que el 14 de diciembre de 1950 el joven letrado de solo 24 años asumió su propia defensa ante el Tribunal de Urgencias de la ciudad de Santa Clara (centro), entonces capital de la provincia de Las Villas.

Y el hecho que motivó aquel proceso judicial había ocurrido un mes antes, el 12 de noviembre, en la ciudad portuaria de Cienfuegos, en la propia demarcación territorial.

Quien luego sería el líder histórico de la Revolución cubana arribó a la conocida como la Perla del Sur en solidaridad con el colectivo estudiantil del Instituto de Segunda Enseñanza (ISE, bachillerato), que por aquellos días protagonizaba una huelga.

Le acompañaban los dirigentes de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) Enrique Benavides, Idalberto Cué, Francisco Valdés, Mauro Hernández y Agustín Valero, integrantes de un Comité Universitario que apoyaba la protesta de sus compañeros de la segunda enseñanza.

En Cienfuegos, 240 kilómetros al sudeste de La Habana, los aspirantes a bachilleres habían comenzado al iniciarse el año académico un movimiento en repudio a medidas del ministro de Educación, Aureliano Sánchez Arango, que consideran lesivas a sus intereses.

Como consecuencia al llamado a la huelga, a la que se sumaron los cinco ISE de la provincia villareña y el de la ciudad de Matanzas (oeste), el claustro de Cienfuegos expulsó por cinco meses al presidente de la Asociación de Estudiantes, René Morejón.

En tales circunstancias es que se produce el arribo a la ciudad de Fidel Castro y sus acompañantes, quienes participarían en el acto de pueblo convocado por el estudiantado ante el local del centro educacional la tarde del 12 de noviembre de 1950.

A pesar de contar en principio con el permiso de la Alcaldía Municipal, poco antes de comenzar el mitin la Policía comunicó que no podría realizarse.

Fidel Castro y la comitiva de la FEU visitaron al jefe de la policía local, quien les mostró un telegrama del ministro de Gobernación y ratificó la negativa a la concentración popular.

Entonces Fidel propuso celebrar el acto de todas maneras y hacerlo frente al mismísimo Palacio de Gobierno.

Cuando en compañía de Enrique Benavides entra a a estación policial para discutir amigablemente el nuevo giro de los acontecimientos, se produce la detención y posterior traslado en horas de la noche al vivac de Santa Clara.

ALEGATO EN SANTA CLARA

Cuando el 30 de diciembre de 1977 el entonces presidente de los Consejos de Estado y de Ministros habló en el acto inaugural del tramo del ferrocarril rápido Habana-Santa Clara, recordó aquel lejano pasaje de su historia de luchas.

“Sí, yo recuerdo cuando era recién graduado de abogado que vine aquí a Santa Clara; porque había un capitán por ahí por Cienfuegos que era una fiera contra los estudiantes. Me metieron preso y me hicieron un juicio. Vine a defenderme yo mismo. Suerte que no quedé preso”, rememoró.

En su autodefensa ante el Tribunal de Urgencias de Las Villas (dos años, ocho meses y catorce días antes del asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953), el joven revolucionario prácticamente aparcó los cargos contra su persona por el fallido mitin de Cienfuegos.

En su lugar argumentó de manera tajante la falta de garantías constitucionales y la corrupción administrativa, sobre todo la malversación de fondos estatales, imperante bajo el gobierno del presidente Carlos Prío Socarrás (1948-1952).

El 16 de octubre de 1953 en la pequeña sala de enfermeras del hospital Saturnino Lora, de Santiago de Cuba, el ya líder de la Generación del Centenario volvió a asumir su propia defensa.

El alegato esa vez se centró en denunciar los asesinatos de más de 40 de sus compañeros apresados tras fallar la toma de la segunda fortaleza militar de la isla; y al propio tiempo a exponer el conocido como el Programa del Moncada, que en lo esencial proclamaba La solución revolucionaria a los problemas fundamentales de la nación: tierra, educación, salud, seguridad social, industrialización y vivienda.

lam/fgn

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