Reverencia a Maradona bajo el calor del Mundial

Doha, 25 nov (Prensa Latina) Día triste para el fútbol, incluso en medio del calor del Mundial de Qatar 2022, porque hoy toca reverenciar a su Dios, Diego Armando Maradona, a dos años de su muerte.

Extraño que el aniversario coincida con un certamen universal, pero el de marras peca de inaudito, tan llamativo como los goles del «Pelusa» en México 1986, aquellos gestos inolvidables bajo el sol y ante centenares de miles de personas.

De Maradona se ha dicho y dirán tantas cosas, que resulta imposible compilar cada frase en uno, dos o tres libros. Su mito, universal e imperecedero, trasciende los límites de la cancha, de la vida misma.

Cuando la nostalgia hace acto de presencia, están en Youtube las narraciones de Víctor Hugo Morales… y la magia aparece; o las crónicas de Hernán Casciari en el blog Orsai, cuyo texto 10.6 segundos inspira y enamora pese a las incontables lecturas.

Tampoco falta el enésimo repaso a su libro autobiográfico «Yo soy el Diego de la gente». Todo en busca de comprender el fenómeno, subirse a la pasión que despertaba el hombre imperfecto y el futbolista de cualidades impolutas en Buenos Aires, Barcelona, Nápoles, Sevilla…

Pero el diccionario del fútbol encuentra su verdadera esencia en las gradas, en los hinchas. En Qatar, mientras retumbaban las tribunas del Estadio Lusail en la derrota de Argentina frente a Arabia Saudita, una marea albiceleste coreó su nuevo himno de combate mundialista.

Así como en 2014 surgió la emblemática canción «Brasil, decime qué se siente», los gauchos tiraban de cábalas y apretaron sus gargantas con el hit «Muchachos, esta noche me emborracho», cuyo título -ciertamente- dice bastante poco.

Sin embargo, el tema musical favorito de los fanáticos, de Lionel Messi y de todos los integrantes de la Scaloneta va más allá de alcohol, fiesta, sonrisas y ratos felices.

Con emoción sublime, gritaban: «Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar, quiero ganar la tercera, quiero ser campeón mundial. Y al Diego, en el cielo lo podemos ver, con Don Diego y con La Tota, alentándolo a Lionel».

Ahí radica la esencia de todo: de Maradona, de Messi, del fútbol, del orgullo patrio. Es invocar a tu santo patrono en pos de la salvación; cantar en medio de la turbulencia, reverenciar en horas de tristeza.

Silencio absoluto, oremos por Diego Armando Maradona, el Dios del «más universal».

jcm/jdg

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