Caster Semenya corre contra la tozudez
Caster Semenya corre contra la tozudez
Caster Semenya corre contra la tozudez
Por Jhonah Díaz González (*)La Habana (Prensa Latina).- Una de las ocho finalistas de la carrera de los 800 metros planos femenino está lista en la línea de salida, con su dorsal en el centro del pecho, gotas de sudor recorriendo su rostro y las miradas del planeta encima de su fornida escultura.
Caster Semenya vino al mundo así: odiada o amada por los Dioses, su portentosa imagen no fue creada en un laboratorio. El concurrente azar tocó su figura incluso antes de conocer algo más que líquido amniótico o las paredes del núcleo aun siendo un feto.
Lloró por primera vez tres años antes de que Nelson Mandela tomara la presidencia de su país. 'Madiba' luchó por la igualdad, la misma igualdad que hoy plantea Semenya adentrados todos en pleno siglo XXI.
El sol se pierde en el horizonte mientras los jueces de la prueba preparan la escena. El estadio simula una sala penal y los asistentes están divididos: unos quieren que Semenya pierda, otros anhelan verla ganar.
Las cámaras de la televisión cierran sus planos en la presentación de cada atleta cuando se escucha la frase: 'corredoras a sus puestos'.
La favorita viste mayoritariamente de verde, flexiona sus rodillas, coloca la mano izquierda delante y la derecha atrás. A su lado otras mujeres planean sorprenderla.
Tras la señal de arrancada, Semenya rompe la inercia como si todo se tratase de una prueba de velocidad. Se acomoda en la punta: regalar margen a sus contrarias no es opción después de cubrir la primera curva de una travesía de casi un kilómetro que se antoja titánica.
La sudafricana entra en la recta norte y desconoce si serán sus últimas zancadas por esa zona. Hace muy poco afirmó que solo participará en el Campeonato Mundial de Doha, del 28 de septiembre al 6 de octubre, si es en la doble vuelta al óvalo. 'Si no corro los 800, no correré en los Mundiales, nada de 1,500'.
Amplía la frecuencia de sus pasos e imprime mayor potencia en cada roce con la pista sintética de color azul. Mientras, piensa que no está dispuesta a cumplir la exigencia de medicarse para rebajar sus niveles de testosterona por debajo de los cinco nanomoles por litro de sangre en aras de seguir competiendo en la categoría femenina entre los 400 metros y la milla.
Detrás de Semenya otras siete féminas intentan mantener ese ritmo endemoniado que la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) quiere desaparecer.
'Soy una mujer y una atleta de elite mundial. La IAAF no me va a drogar ni me va a impedir ser quien soy', refirió unos días antes tras ganar la reunión Prefontaine Classic, en Stanford, California.
Suena la campana cuando el grupo cruza la línea de meta. El parcial de la primera vuelta es excelente y la bicampeona olímpica y tres veces universal mira hacia atrás para observar qué le depara el destino.
'Hay un montón de carreras y de cosas que puedo hacer. Soy una deportista talentosa. Puedo jugar al fútbol, al baloncesto, correr 100, 200 o en obstáculos. Puedo hacer todo lo que me proponga', refirió aquella vez en Estados Unidos.
El público deja caer un murmullo. Semenya contrae los músculos y su braceo es más corto, pero gana en intensidad y continúa sacando diferencia a falta de 250 metros. Sabe que muchas personas la quieren ver derrotada.
'No hay que rendirse. Tú me ganas hoy, yo te gano a ti mañana. Pero no lo hago por mí. Yo soy una campeona mundial, he conseguido ya todo lo que deseaba. Lo hago por quienes no pueden defenderse por sí mismas', afirmó.
La nacida en Ga-Masehlong, un pueblo humilde al norte de Pretoria que la tiene como su heroína, pisa la marca de los 120 metros consciente de todo lo que tiene por delante. 'Espero estar en los Juegos Olímpicos de Tokio, París y Los Ángeles', señaló delante de los medios de prensa días anteriores.
Caster muestra un poderío físico impresionante y toma distancia en la última recta. Nadie la puede frenar. El viento es su aliado y el resto se aferra a pelear por el segundo puesto.
La atleta africana queda a unas centésimas del récord mundial. Ganar es su principal arma de lucha. El resto de las corredoras la felicitan. Semenya asiente, pero no sonríe. Lejos de la altanería, se aferra a batallar por la justicia ante la tozudez de la IAAF, del Tribunal de Arbitraje Deportivo y de quien le niegue su total libertad.
ft/jdg
(*) Periodista de la Redacción Deportiva de Prensa Latina
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Por Jhonah Díaz González (*)
La Habana (Prensa Latina).- Una de las ocho finalistas de la carrera de los 800 metros planos femenino está lista en la línea de salida, con su dorsal en el centro del pecho, gotas de sudor recorriendo su rostro y las miradas del planeta encima de su fornida escultura.
La joven tiene 28 años y nadie notó al nacer en Sudáfrica su anomalía cromosómica: no tiene útero ni ovarios pero sí testículos internos y sus niveles de testosterona (hormona sexual masculina) superan con creces lo habitual en una mujer.
Caster Semenya vino al mundo así: odiada o amada por los Dioses, su portentosa imagen no fue creada en un laboratorio. El concurrente azar tocó su figura incluso antes de conocer algo más que líquido amniótico o las paredes del núcleo aun siendo un feto.
Lloró por primera vez tres años antes de que Nelson Mandela tomara la presidencia de su país. 'Madiba' luchó por la igualdad, la misma igualdad que hoy plantea Semenya adentrados todos en pleno siglo XXI.
El sol se pierde en el horizonte mientras los jueces de la prueba preparan la escena. El estadio simula una sala penal y los asistentes están divididos: unos quieren que Semenya pierda, otros anhelan verla ganar.
Las cámaras de la televisión cierran sus planos en la presentación de cada atleta cuando se escucha la frase: 'corredoras a sus puestos'.
La favorita viste mayoritariamente de verde, flexiona sus rodillas, coloca la mano izquierda delante y la derecha atrás. A su lado otras mujeres planean sorprenderla.
Tras la señal de arrancada, Semenya rompe la inercia como si todo se tratase de una prueba de velocidad. Se acomoda en la punta: regalar margen a sus contrarias no es opción después de cubrir la primera curva de una travesía de casi un kilómetro que se antoja titánica.
La sudafricana entra en la recta norte y desconoce si serán sus últimas zancadas por esa zona. Hace muy poco afirmó que solo participará en el Campeonato Mundial de Doha, del 28 de septiembre al 6 de octubre, si es en la doble vuelta al óvalo. 'Si no corro los 800, no correré en los Mundiales, nada de 1,500'.
Amplía la frecuencia de sus pasos e imprime mayor potencia en cada roce con la pista sintética de color azul. Mientras, piensa que no está dispuesta a cumplir la exigencia de medicarse para rebajar sus niveles de testosterona por debajo de los cinco nanomoles por litro de sangre en aras de seguir competiendo en la categoría femenina entre los 400 metros y la milla.
Detrás de Semenya otras siete féminas intentan mantener ese ritmo endemoniado que la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) quiere desaparecer.
'Soy una mujer y una atleta de elite mundial. La IAAF no me va a drogar ni me va a impedir ser quien soy', refirió unos días antes tras ganar la reunión Prefontaine Classic, en Stanford, California.
Suena la campana cuando el grupo cruza la línea de meta. El parcial de la primera vuelta es excelente y la bicampeona olímpica y tres veces universal mira hacia atrás para observar qué le depara el destino.
'Hay un montón de carreras y de cosas que puedo hacer. Soy una deportista talentosa. Puedo jugar al fútbol, al baloncesto, correr 100, 200 o en obstáculos. Puedo hacer todo lo que me proponga', refirió aquella vez en Estados Unidos.
El público deja caer un murmullo. Semenya contrae los músculos y su braceo es más corto, pero gana en intensidad y continúa sacando diferencia a falta de 250 metros. Sabe que muchas personas la quieren ver derrotada.
'No hay que rendirse. Tú me ganas hoy, yo te gano a ti mañana. Pero no lo hago por mí. Yo soy una campeona mundial, he conseguido ya todo lo que deseaba. Lo hago por quienes no pueden defenderse por sí mismas', afirmó.
La nacida en Ga-Masehlong, un pueblo humilde al norte de Pretoria que la tiene como su heroína, pisa la marca de los 120 metros consciente de todo lo que tiene por delante. 'Espero estar en los Juegos Olímpicos de Tokio, París y Los Ángeles', señaló delante de los medios de prensa días anteriores.
Caster muestra un poderío físico impresionante y toma distancia en la última recta. Nadie la puede frenar. El viento es su aliado y el resto se aferra a pelear por el segundo puesto.
La atleta africana queda a unas centésimas del récord mundial. Ganar es su principal arma de lucha. El resto de las corredoras la felicitan. Semenya asiente, pero no sonríe. Lejos de la altanería, se aferra a batallar por la justicia ante la tozudez de la IAAF, del Tribunal de Arbitraje Deportivo y de quien le niegue su total libertad.
ft/jdg
(*) Periodista de la Redacción Deportiva de Prensa Latina
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