Hace cuatro años el jaripeo mexicano se quedó sin Joan Sebastian
Hace cuatro años el jaripeo mexicano se quedó sin Joan Sebastian
Hace cuatro años el jaripeo mexicano se quedó sin Joan Sebastian
Por Luis Manuel Arce IsaacMéxico,13 jul (Prensa Latina) Hace cuatro años el jaripeo se quedó sin Joan Sebastian, como si el México profundo, el del lienzo y la charrería, de toros con renombre y caballos irrepetibles, perdiera una parte esencial de sus entrañas.
Su vida fue de novela, como los folletines melodramáticos chaplinescos. Transcurrió entre risas y llanto, con final feliz y triste, esa extraña mezcla de sentimientos exclusiva del ser humano, porque en medio de la gloria un cáncer en los huesos lo martirizó casi 16 años hasta llevarlo a la tumba.
Fue un niño pobre de Juliantla, estado de Guerrero, un adolescente lleno de sueños, un joven ambicioso, con deseos de sobresalir, un adulto luchador que no vaciló en ser mesero, lavaplatos y trabajador en otras manualidades, y murió millonario.
A pesar de aquella precaria vida de su juventud, no dejó de componer canciones ni de cantar en cuanto lugar y hora le dieran oportunidad de hacerlo.
Lo rechazaron en muchas partes aun cuando a los 17 años, sin un centavo en los bolsillos, logró publicar su primera canción con éxito casi nulo, pero fue perseverante y pudo ir escalando posiciones como autor y compositor y luego como actor, y por ello lo proclamaron el huracán del sur.
Fue acreedor en poco tiempo de cinco premios Grammy y siete Grammy Latinos convirtiéndose, hasta el año 2015, en el mexicano con más cantidad de esos premios, ya como un consagrado Joan Sebastian, el nombre artístico adoptado en homenaje a una localidad del llano guerrerense.
Esos éxitos vinieron de la mano de un nuevo estilo de hacer e interpretar música a la mejor manera mexicana: montado a caballo en los lienzos durante los jaripeos (rodeos) en los que combinaba de forma excepcional y única sus interpretaciones de rancheras y música regional, con el baile de sus caballos.
Esto lo convirtió, para los mexicanos y el mundo, en el Rey del Jaripeo sin desmedro de El Poeta del Pueblo, El Poeta de Juliantla, o El Huracán del Sur, como lo había proclamado su pueblo.
Un jaripeo es una función de monta de caballos, toros y otras charrerías muy mexicanas que normalmente se realiza un día después de la fiesta patronal y tiene lugar en un ruedo o lienzo de la localidad o de los ranchos, y en México hay cientos de esos lugares.
Son espectáculos de mucho colorido, alegría y música. Las calles se adornan con guirnaldas, hay bailes y el tequila y el mezcal corren como arroyos. En el lienzo al calor del sol y la diversidad de botanas (bocadillos) la gente repleta las gradas para disfrutar del espectáculo que abre con la presentación de las reinas del jaripeo, mujeres hermosas ataviadas con trajes regionales.
Allí hacía su aparición impresionante Joan Sebastian, vestido de charro, cabalgando sobre un más imponente Padrino, el caballo árabe de paso que más apreciaba, al que hacía bailar, sin aparente esfuerzo, cada canción específica. Una imagen extraordinaria que los fotógrafos trataban de captar en toda su dimensión en busca de renombre y premios.
En un recital cualquiera, de dos horas de duración, Joan Sebastian podía usar hasta una decena o más de ejemplares de exuberante e increíble hermosura, que bailaban la música del amo con una coordinación semejante a la de una pareja de patinadores sobre hielo.
El cantautor mexicano, quien publicó 37 álbumes y compuso canciones para famosos como Antonio Aguilar, Pepe Aguilar, Lucero, Lorenzo Antonio, Alejandro Fernández, Rocío Dúrcal, y Vicente Fernández, entre otros muchos, murió el lunes 13 de julio de 2015, a los 64 años.
Seis días antes murió su caballo Padrino, después de que su dueño dejara de montarlo por su enfermedad.
agp/lma
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Hace cuatro años el jaripeo mexicano se quedó sin Joan Sebastian
Por Luis Manuel Arce Isaac
México,13 jul (Prensa Latina) Hace cuatro años el jaripeo se quedó sin Joan Sebastian, como si el México profundo, el del lienzo y la charrería, de toros con renombre y caballos irrepetibles, perdiera una parte esencial de sus entrañas.
Porque Juan Manuel Figueroa, su nombre real, fue expresión viva de la mexicanidad contemporánea nacida de la contradictoria simbiosis de los ancestros prehispánicos y los conquistadores europeos con sus costumbres y tradiciones, sus caballos y sus perros hasta entonces desconocidos en esta parte del mundo.
Su vida fue de novela, como los folletines melodramáticos chaplinescos. Transcurrió entre risas y llanto, con final feliz y triste, esa extraña mezcla de sentimientos exclusiva del ser humano, porque en medio de la gloria un cáncer en los huesos lo martirizó casi 16 años hasta llevarlo a la tumba.
Fue un niño pobre de Juliantla, estado de Guerrero, un adolescente lleno de sueños, un joven ambicioso, con deseos de sobresalir, un adulto luchador que no vaciló en ser mesero, lavaplatos y trabajador en otras manualidades, y murió millonario.
A pesar de aquella precaria vida de su juventud, no dejó de componer canciones ni de cantar en cuanto lugar y hora le dieran oportunidad de hacerlo.
Lo rechazaron en muchas partes aun cuando a los 17 años, sin un centavo en los bolsillos, logró publicar su primera canción con éxito casi nulo, pero fue perseverante y pudo ir escalando posiciones como autor y compositor y luego como actor, y por ello lo proclamaron el huracán del sur.
Fue acreedor en poco tiempo de cinco premios Grammy y siete Grammy Latinos convirtiéndose, hasta el año 2015, en el mexicano con más cantidad de esos premios, ya como un consagrado Joan Sebastian, el nombre artístico adoptado en homenaje a una localidad del llano guerrerense.
Esos éxitos vinieron de la mano de un nuevo estilo de hacer e interpretar música a la mejor manera mexicana: montado a caballo en los lienzos durante los jaripeos (rodeos) en los que combinaba de forma excepcional y única sus interpretaciones de rancheras y música regional, con el baile de sus caballos.
Esto lo convirtió, para los mexicanos y el mundo, en el Rey del Jaripeo sin desmedro de El Poeta del Pueblo, El Poeta de Juliantla, o El Huracán del Sur, como lo había proclamado su pueblo.
Un jaripeo es una función de monta de caballos, toros y otras charrerías muy mexicanas que normalmente se realiza un día después de la fiesta patronal y tiene lugar en un ruedo o lienzo de la localidad o de los ranchos, y en México hay cientos de esos lugares.
Son espectáculos de mucho colorido, alegría y música. Las calles se adornan con guirnaldas, hay bailes y el tequila y el mezcal corren como arroyos. En el lienzo al calor del sol y la diversidad de botanas (bocadillos) la gente repleta las gradas para disfrutar del espectáculo que abre con la presentación de las reinas del jaripeo, mujeres hermosas ataviadas con trajes regionales.
Allí hacía su aparición impresionante Joan Sebastian, vestido de charro, cabalgando sobre un más imponente Padrino, el caballo árabe de paso que más apreciaba, al que hacía bailar, sin aparente esfuerzo, cada canción específica. Una imagen extraordinaria que los fotógrafos trataban de captar en toda su dimensión en busca de renombre y premios.
En un recital cualquiera, de dos horas de duración, Joan Sebastian podía usar hasta una decena o más de ejemplares de exuberante e increíble hermosura, que bailaban la música del amo con una coordinación semejante a la de una pareja de patinadores sobre hielo.
El cantautor mexicano, quien publicó 37 álbumes y compuso canciones para famosos como Antonio Aguilar, Pepe Aguilar, Lucero, Lorenzo Antonio, Alejandro Fernández, Rocío Dúrcal, y Vicente Fernández, entre otros muchos, murió el lunes 13 de julio de 2015, a los 64 años.
Seis días antes murió su caballo Padrino, después de que su dueño dejara de montarlo por su enfermedad.
agp/lma
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