De Buenos Aires a Lima, 68 años del primer fuego panamericano
De Buenos Aires a Lima, 68 años del primer fuego panamericano
De Buenos Aires a Lima, 68 años del primer fuego panamericano

Por Raúl del Pino Salfrán (*)
La Habana (Prensa Latina).- La mítica Ciudad de los Reyes retoca los últimos detalles para dar inicio a la fiesta más grande de América en 2019. En pocos días todas las naciones y territorios del continente descubierto por Cristóbal Colón se unirán allí bajo una misma bandera... la del deporte.
Pero antes de llegar a la decimoctava edición de los Juegos Panamericanos mucha historia se ha escrito en el magno evento que millones de fanáticos esperan cada cuatro años y disfrutan como uno de los más grandes y mediáticos de todo el orbe.
La cita multiatlética de América tiene su génesis en Texas, Estados Unidos, cuando se creó el Comité Deportivo Panamericano en 1937, que poco tiempo después pasaría a llamarse Organización Deportiva Panamericana (Odepa, actualmente Panam Sports).
La naciente institución, en una de sus primeras decisiones, resolvió organizar los primeros juegos continentales en la capital argentina, Buenos Aires, en 1942.
Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial impidió su celebración en la fecha prevista y no fue hasta después de la Olimpiada de Londres 1948 que la Odepa volvió a tomar cartas al respecto.
La nueva determinación fijó las futuras competencias continentales en el año previo a las citas olímpicas, por lo cual la nueva fecha quedó establecida para 1951, 18 meses antes de la cita estival bajo los cinco aros en Helsinki.
Así, la cosmopolita urbe bonaerense recibió a más de dos mil 500 deportistas de 21 países, que compitieron en 18 disciplinas, del 25 de febrero al 9 de marzo del mencionado curso.
La justa argentina dejó varios hechos curiosos y memorables, incluso desde la propia inauguración, efectuada en el Estadio Presidente Perón, actual cancha del Racing Club de Avellaneda.
La ceremonia terminó con el lanzamiento de fuegos artificiales, un detalle que fue utilizado allí por primera vez en la historia y que, a partir de ese momento, se convertiría en casi una tradición obligada para los venideros eventos atléticos del planeta.
Ya en el ámbito deportivo, lo más distintivo -sobre todo si se toma en cuenta lo que vendría después- fue el dominio del medallero por parte de los propios argentinos, con 68 metales dorados.
Esa fue la única vez que el país austral logró un hito así, dado que -salvo en La Habana-1991, donde ganó el anfitrión Cuba-, la tabla de medallas siempre ha cerrado con la delegación de Estados Unidos en la cima.
La clasificación final dejó a Argentina, además de sus casi siete decenas de coronas, con 47 platas y 39 bronces, que la convirtió en la única nación en sobrepasar el centenar de preseas.
El gigante norteño de las barras y las estrellas concluyó su actuación a solo dos de esa cifra, con 46 oros, 33 subtítulos y 19 terceros lugares.
La representación de Cuba completó el podio al ganar nueve cetros, igual cantidad de platas y 10 bronces, tal vez en un guiño al potencial que exhibiría la Mayor de las Antillas años más tarde.
Precisamente, una de las figuras más sobresalientes fue la del velocista de la isla caribeña, Rafael Fortún, quien a pesar de sus excelentes antecedentes, no llegaba como favorito ante las grandes figuras del momento: el estadounidense Arthur Bragg y el jamaiquino Herbert Mac Kenley.
No obstante, el bólido cubano de 31 años subió a lo más alto del podio en dos ocasiones, tras imponerse en las infartantes definiciones de los 100 y 200 metros planos, según reseñas crónicas de la época.
También brilló sobre la pista Malvin Whitfield, un personaje que muchos recuerdan aún con sus peculiares bigotes pequeños. El atleta de Estados Unidos ostentaba dos oros olímpicos en 400 y 800 metros y se despidió de Buenos Aires con tres preseas doradas más.
Muchos otros nombres dejaron su huella en los anales de los primeros Panamericanos de la historia. El triplista brasileño Adhemar Ferreira Da Silva o el fondista argentino Delfo Cabrera fueron algunos de los campeones olímpicos que también prestigiaron la competencia y salieron llenos de gloria.
El equipo estadounidense de pesas también escenificó una actuación superlativa, con destaque para el rey olímpico John Davis, que destrozó allí su propio récord mundial.
Entre las mujeres, la gran protagonista fue la nadadora local Ana María Schultz, que ganó los títulos en 200 y 400 metros, estilo libre, así como par de platas en los relevos de esas distancias y un bronce en los 100 libre.
Quizás la única decepción notable de la lid fue el fútbol, el deporte nacional no solo de Argentina, sino de la gran parte del continente.
En Buenos Aires apenas se presentaron cinco equipos con jugadores sin contrato, provenientes de las divisiones formativas de las ligas de cada país, además de las ausencias de Brasil y Uruguay, que le quitaron valor a la competencia.
Sin embargo, los Juegos de 1951 contaron con una entusiasta repercusión popular y exhibieron un altísimo nivel competitivo, porque pocas veces en atletismo, natación, saltos ornamentales y pesas, estuvieron presentes tantos portadores de preseas olímpicas o de cotas universales.
El evento pasó con creces su primera prueba y dejaba el listón alto para la edición siguiente, que se celebraría en México, cuatros años después. A partir de Buenos Aires 1951, las justas panamericanas se consolidarían como una competencia de obligada referencia para el deporte mundial.
Ft/rdp
(*) Periodista de la Redacción Deportiva de Prensa Latina
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Por Raúl del Pino Salfrán (*)
La Habana (Prensa Latina).- La mítica Ciudad de los Reyes retoca los últimos detalles para dar inicio a la fiesta más grande de América en 2019. En pocos días todas las naciones y territorios del continente descubierto por Cristóbal Colón se unirán allí bajo una misma bandera... la del deporte.
Serán 16 días de un espectáculo que comenzó a gestarse hace meses y tendrá su colofón del 26 de julio al 11 de agosto en Lima, la emblemática capital de Perú, emplazada a orillas del Océano Pacífico.
Pero antes de llegar a la decimoctava edición de los Juegos Panamericanos mucha historia se ha escrito en el magno evento que millones de fanáticos esperan cada cuatro años y disfrutan como uno de los más grandes y mediáticos de todo el orbe.
La cita multiatlética de América tiene su génesis en Texas, Estados Unidos, cuando se creó el Comité Deportivo Panamericano en 1937, que poco tiempo después pasaría a llamarse Organización Deportiva Panamericana (Odepa, actualmente Panam Sports).
La naciente institución, en una de sus primeras decisiones, resolvió organizar los primeros juegos continentales en la capital argentina, Buenos Aires, en 1942.
Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial impidió su celebración en la fecha prevista y no fue hasta después de la Olimpiada de Londres 1948 que la Odepa volvió a tomar cartas al respecto.
La nueva determinación fijó las futuras competencias continentales en el año previo a las citas olímpicas, por lo cual la nueva fecha quedó establecida para 1951, 18 meses antes de la cita estival bajo los cinco aros en Helsinki.
Así, la cosmopolita urbe bonaerense recibió a más de dos mil 500 deportistas de 21 países, que compitieron en 18 disciplinas, del 25 de febrero al 9 de marzo del mencionado curso.
La justa argentina dejó varios hechos curiosos y memorables, incluso desde la propia inauguración, efectuada en el Estadio Presidente Perón, actual cancha del Racing Club de Avellaneda.
La ceremonia terminó con el lanzamiento de fuegos artificiales, un detalle que fue utilizado allí por primera vez en la historia y que, a partir de ese momento, se convertiría en casi una tradición obligada para los venideros eventos atléticos del planeta.
Ya en el ámbito deportivo, lo más distintivo -sobre todo si se toma en cuenta lo que vendría después- fue el dominio del medallero por parte de los propios argentinos, con 68 metales dorados.
Esa fue la única vez que el país austral logró un hito así, dado que -salvo en La Habana-1991, donde ganó el anfitrión Cuba-, la tabla de medallas siempre ha cerrado con la delegación de Estados Unidos en la cima.
La clasificación final dejó a Argentina, además de sus casi siete decenas de coronas, con 47 platas y 39 bronces, que la convirtió en la única nación en sobrepasar el centenar de preseas.
El gigante norteño de las barras y las estrellas concluyó su actuación a solo dos de esa cifra, con 46 oros, 33 subtítulos y 19 terceros lugares.
La representación de Cuba completó el podio al ganar nueve cetros, igual cantidad de platas y 10 bronces, tal vez en un guiño al potencial que exhibiría la Mayor de las Antillas años más tarde.
Precisamente, una de las figuras más sobresalientes fue la del velocista de la isla caribeña, Rafael Fortún, quien a pesar de sus excelentes antecedentes, no llegaba como favorito ante las grandes figuras del momento: el estadounidense Arthur Bragg y el jamaiquino Herbert Mac Kenley.
No obstante, el bólido cubano de 31 años subió a lo más alto del podio en dos ocasiones, tras imponerse en las infartantes definiciones de los 100 y 200 metros planos, según reseñas crónicas de la época.
También brilló sobre la pista Malvin Whitfield, un personaje que muchos recuerdan aún con sus peculiares bigotes pequeños. El atleta de Estados Unidos ostentaba dos oros olímpicos en 400 y 800 metros y se despidió de Buenos Aires con tres preseas doradas más.
Muchos otros nombres dejaron su huella en los anales de los primeros Panamericanos de la historia. El triplista brasileño Adhemar Ferreira Da Silva o el fondista argentino Delfo Cabrera fueron algunos de los campeones olímpicos que también prestigiaron la competencia y salieron llenos de gloria.
El equipo estadounidense de pesas también escenificó una actuación superlativa, con destaque para el rey olímpico John Davis, que destrozó allí su propio récord mundial.
Entre las mujeres, la gran protagonista fue la nadadora local Ana María Schultz, que ganó los títulos en 200 y 400 metros, estilo libre, así como par de platas en los relevos de esas distancias y un bronce en los 100 libre.
Quizás la única decepción notable de la lid fue el fútbol, el deporte nacional no solo de Argentina, sino de la gran parte del continente.
En Buenos Aires apenas se presentaron cinco equipos con jugadores sin contrato, provenientes de las divisiones formativas de las ligas de cada país, además de las ausencias de Brasil y Uruguay, que le quitaron valor a la competencia.
Sin embargo, los Juegos de 1951 contaron con una entusiasta repercusión popular y exhibieron un altísimo nivel competitivo, porque pocas veces en atletismo, natación, saltos ornamentales y pesas, estuvieron presentes tantos portadores de preseas olímpicas o de cotas universales.
El evento pasó con creces su primera prueba y dejaba el listón alto para la edición siguiente, que se celebraría en México, cuatros años después. A partir de Buenos Aires 1951, las justas panamericanas se consolidarían como una competencia de obligada referencia para el deporte mundial.
Ft/rdp
(*) Periodista de la Redacción Deportiva de Prensa Latina
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