El centinela de Panamá donde ondea la bandera
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El centinela de Panamá donde ondea la bandera
Por Osvaldo Rodríguez MartínezPanamá, 1 oct (Prensa Latina) Sobre el lomo del Cerro Ancón, una enorme bandera de Panamá recibe y despide en el Pacífico a los navegantes que surcan las aguas del canal interoceánico, pero solo estuvo ahí las últimas cuatro décadas.
Escalar hasta su cima era privativo de los militares estadounidenses que colonizaron la franja canalera y, en medio de la floresta de la atalaya natural, hicieron su cubil horadando la tierra para buscar refugio en lo profundo de la loma de apenas un par de cientos de metros de altura.
Los locales, que antaño desandaban los senderos vírgenes del cerro, debían conformarse con mirar de lejos el verdor de la elevación, lo que inspiró a la poetisa Amelia Denis, quien en nostálgicos versos inmortalizó la frustración de los panameños por el cerro usurpado.
'Centinela avanzado, por tu duelo / lleva mi lira un lazo de crespón; / tu ángel custodio remontase al cielo... / ¡ya no eres mío, idolatrado Ancón!', esta es la última estrofa del poema Al Cerro Ancón, escrito en 1906 por Denis, lo que le mereció una estatua en su cima, muy cerca del pabellón que ahora ondea.
¿Por qué una bandera donde había soldados? Es como si colocar la tricolor en lo alto de la loma la convirtiera en homenaje y vigía, es también mensaje de un apego inseparable a la Patria de aquellos muchachos, quienes un día de enero recibieron plomo por su único deseo de reparar la deuda con la soberanía usurpada.
Elevar el estandarte patrio al punto más alto de la capital en acto de nacionalismo espontáneo, fue el inicio de la aplicación de los Tratados Torrijos-Carter que devolvieron la Zona del Canal a sus legítimos dueños, aunque la entrega total solo se completó dos décadas después.
Por eso también, al celebrar los 40 años del flotar perenne de la bandera, el actual gobierno del Partido Revolucionario Democrático, encabezado por Laurentino Cortizo, en un acto de justicia histórica, reconoció el resultado de los negociadores del pacto, liderados por el desaparecido general Omar Torrijos Herrera.
'La patria es la construcción permanente, tenemos que unirnos otra vez, con decisión y confianza entre nosotros, con decisión para conquistar la cima de otro Cerro Ancón; nuestra bandera es el alma, el hilo conductor de una nación noble, buena y heroica', fueron palabras de Cortizo en el homenaje.
El gobierno se distanció así de sus antecesores al reconocer el papel de Omar (como le decían sus seguidores), a quien la historiografía falseada por la oligarquía intenta borrarlo de las páginas, donde está por derecho propio.
'Rabiblancos' llaman por acá a los poderes económicos criollos, quienes disfrutan como nadie de las mieles dejadas por el canal, por el cual no hicieron esfuerzo alguno, aunque algunos prefieren incluso hasta cambiar el nombre de los Tratados y llamarlos Canaleros.
Desde lejos llegó un mensaje diferente de quien encabezó la contraparte negociadora, el expresidente estadounidense Jimmy Carter, el cual con respeto absoluto manifestó que cuando Torrijos y él firmaron los tratados 'sabíamos que el mundo se beneficiaría del canal de Panamá'.
Solo en los hogares donde la historia no fue deformada, hasta los más jóvenes saben de la épica lucha por lograr la descolonización de un pedazo de tierra panameña; mientras, otros enseñan a sus hijos que la vía fluvial solo se debe a los mártires de 1964, y los más recalcitrantes agradecen únicamente la 'generosidad gringa' (estadounidense).
Por eso los sentimientos encontrados en cada pecho de quienes miran este día al Cerro Ancón, donde el fuerte viento sacude la enorme bandera del tamaño de un campo de baloncesto; por suerte, para los más, es símbolo inequívoco de soberanía.
agp/orm
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El centinela de Panamá donde ondea la bandera
Por Osvaldo Rodríguez Martínez
Panamá, 1 oct (Prensa Latina) Sobre el lomo del Cerro Ancón, una enorme bandera de Panamá recibe y despide en el Pacífico a los navegantes que surcan las aguas del canal interoceánico, pero solo estuvo ahí las últimas cuatro décadas.
La sembraron el primero de octubre de 1979, aún antes de que desaparecieran las cercas de la frontera artificial, para que ondeara en el corazón del entonces enclave colonial como recuerdo eterno a los jóvenes estudiantes, que en 1964 intentaron colocar ese símbolo nacional en un terreno profanado por botas foráneas.
Escalar hasta su cima era privativo de los militares estadounidenses que colonizaron la franja canalera y, en medio de la floresta de la atalaya natural, hicieron su cubil horadando la tierra para buscar refugio en lo profundo de la loma de apenas un par de cientos de metros de altura.
Los locales, que antaño desandaban los senderos vírgenes del cerro, debían conformarse con mirar de lejos el verdor de la elevación, lo que inspiró a la poetisa Amelia Denis, quien en nostálgicos versos inmortalizó la frustración de los panameños por el cerro usurpado.
'Centinela avanzado, por tu duelo / lleva mi lira un lazo de crespón; / tu ángel custodio remontase al cielo... / ¡ya no eres mío, idolatrado Ancón!', esta es la última estrofa del poema Al Cerro Ancón, escrito en 1906 por Denis, lo que le mereció una estatua en su cima, muy cerca del pabellón que ahora ondea.
¿Por qué una bandera donde había soldados? Es como si colocar la tricolor en lo alto de la loma la convirtiera en homenaje y vigía, es también mensaje de un apego inseparable a la Patria de aquellos muchachos, quienes un día de enero recibieron plomo por su único deseo de reparar la deuda con la soberanía usurpada.
Elevar el estandarte patrio al punto más alto de la capital en acto de nacionalismo espontáneo, fue el inicio de la aplicación de los Tratados Torrijos-Carter que devolvieron la Zona del Canal a sus legítimos dueños, aunque la entrega total solo se completó dos décadas después.
Por eso también, al celebrar los 40 años del flotar perenne de la bandera, el actual gobierno del Partido Revolucionario Democrático, encabezado por Laurentino Cortizo, en un acto de justicia histórica, reconoció el resultado de los negociadores del pacto, liderados por el desaparecido general Omar Torrijos Herrera.
'La patria es la construcción permanente, tenemos que unirnos otra vez, con decisión y confianza entre nosotros, con decisión para conquistar la cima de otro Cerro Ancón; nuestra bandera es el alma, el hilo conductor de una nación noble, buena y heroica', fueron palabras de Cortizo en el homenaje.
El gobierno se distanció así de sus antecesores al reconocer el papel de Omar (como le decían sus seguidores), a quien la historiografía falseada por la oligarquía intenta borrarlo de las páginas, donde está por derecho propio.
'Rabiblancos' llaman por acá a los poderes económicos criollos, quienes disfrutan como nadie de las mieles dejadas por el canal, por el cual no hicieron esfuerzo alguno, aunque algunos prefieren incluso hasta cambiar el nombre de los Tratados y llamarlos Canaleros.
Desde lejos llegó un mensaje diferente de quien encabezó la contraparte negociadora, el expresidente estadounidense Jimmy Carter, el cual con respeto absoluto manifestó que cuando Torrijos y él firmaron los tratados 'sabíamos que el mundo se beneficiaría del canal de Panamá'.
Solo en los hogares donde la historia no fue deformada, hasta los más jóvenes saben de la épica lucha por lograr la descolonización de un pedazo de tierra panameña; mientras, otros enseñan a sus hijos que la vía fluvial solo se debe a los mártires de 1964, y los más recalcitrantes agradecen únicamente la 'generosidad gringa' (estadounidense).
Por eso los sentimientos encontrados en cada pecho de quienes miran este día al Cerro Ancón, donde el fuerte viento sacude la enorme bandera del tamaño de un campo de baloncesto; por suerte, para los más, es símbolo inequívoco de soberanía.
agp/orm
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