La Gran Muralla, un dragón que vuela entre las montañas de China (+Fotos)
La Gran Muralla, un dragón que vuela entre las montañas de China (+Fotos)
La Gran Muralla, un dragón que vuela entre las montañas de China (+Fotos)
Texto y FotosPL: Glenda Arcia*Beijing, (Prensa Latina) Paso a paso, escalones grandes y luego pequeños. Pies extraños, de todas partes. Una escalera que parece llevar al cielo y una inmensidad que desborda. La sensación de que el hombre puede lograr lo que se proponga, pero también de que, para llegar hasta aquí, muchos tuvieron que perecer.
Visitada a diario por decenas de miles de personas, la gigantesca estructura es testigo y protagonista de la historia de esta nación y en cada bloque guarda la grandeza y el sudor de quienes la levantaron.
Impresionante y magnífica, fue edificada entre el siglo V a.n.e y el XVI con propósitos defensivos y llegó a ocupar unos 21 mil kilómetros, según los últimos estudios realizados. Considerada una de las mayores obras de la ingeniería militar, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987, en reconocimiento a su valor arquitectónico, histórico y cultural.
De acuerdo con la Administración Nacional del Patrimonio Cultural, el enorme muro atraviesa 15 provincias, regiones autónomas y municipalidades de China y es el resultado del trabajo de millones de hombres bajo el mandato de varias dinastías, desde la Qin, que finalizó en el 206 a.n.e, hasta la Ming, de 1368 a 1644.
A unos 70 kilómetros del centro de Beijing, el tramo Mutianyu es uno de los más visitados. Separado de la gran ciudad, invita a escapar por un momento de la modernidad y a disfrutar de otro tipo de grandeza, surgida de las manos que contribuyeron al desarrollo y preservación de una civilización.
Ubicado en el distrito de Huairou, este intervalo es uno de los mejores conservados y de los preferidos por quienes desean recorrer y observar la Muralla. Su forma es a menudo comparada con la de un dragón que vuela entre las montañas.
Luego de llegar en teleférico, subir varios escalones, atravesar estrechas torres y andar para alejarse de la multitud, los ojos foráneos pueden disfrutar de maravillosos paisajes e intentar retratar para siempre el cuadro espectacular que se levanta ante ellos.
Cuando los extraños se marchan, la paz se extiende y la estructura que fue construida para la defensa de un territorio y costó numerosas vidas, ofrece serenidad y calma. La quietud no dura mucho. Nuevos pasos, nuevos lenguajes y miradas inundan el imponente muro.
Como en Babel, miles de viajeros se cruzan sin entenderse a lo largo del sendero que atraviesa montañas y parece no tener fin. Pero solo bastan segundos para que un mismo idioma los conecte a todos: la admiración por quienes levantaron la enorme serpiente de piedra y la perturbación por la sangre que costó.
A la Muralla, sobre todo en los tramos más concurridos, le precede toda una serie de comercios e instalaciones para atraer a los turistas, pero una vez vencidos esos 'obstáculos' el visitante puede tocar con sus manos y sentir bajo sus pies el resultado de siglos de historia y la inmensidad de la naturaleza que le rodea.
A ella se llega con una mochila llena de historias, pero se parte con la sensación de que no hay nada más que supere lo que se acaba de ver.
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rr/gas/cvl
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Texto y FotosPL: Glenda Arcia*
Beijing, (Prensa Latina) Paso a paso, escalones grandes y luego pequeños. Pies extraños, de todas partes. Una escalera que parece llevar al cielo y una inmensidad que desborda. La sensación de que el hombre puede lograr lo que se proponga, pero también de que, para llegar hasta aquí, muchos tuvieron que perecer.
Construida hace más de dos mil años, la Gran Muralla es un símbolo de China, de una cultura y su gente. Llegar a ella y recorrerla es un privilegio y una aventura, más aún cuando se vive al otro lado del mundo.
Visitada a diario por decenas de miles de personas, la gigantesca estructura es testigo y protagonista de la historia de esta nación y en cada bloque guarda la grandeza y el sudor de quienes la levantaron.
Impresionante y magnífica, fue edificada entre el siglo V a.n.e y el XVI con propósitos defensivos y llegó a ocupar unos 21 mil kilómetros, según los últimos estudios realizados. Considerada una de las mayores obras de la ingeniería militar, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987, en reconocimiento a su valor arquitectónico, histórico y cultural.
De acuerdo con la Administración Nacional del Patrimonio Cultural, el enorme muro atraviesa 15 provincias, regiones autónomas y municipalidades de China y es el resultado del trabajo de millones de hombres bajo el mandato de varias dinastías, desde la Qin, que finalizó en el 206 a.n.e, hasta la Ming, de 1368 a 1644.
A unos 70 kilómetros del centro de Beijing, el tramo Mutianyu es uno de los más visitados. Separado de la gran ciudad, invita a escapar por un momento de la modernidad y a disfrutar de otro tipo de grandeza, surgida de las manos que contribuyeron al desarrollo y preservación de una civilización.
Ubicado en el distrito de Huairou, este intervalo es uno de los mejores conservados y de los preferidos por quienes desean recorrer y observar la Muralla. Su forma es a menudo comparada con la de un dragón que vuela entre las montañas.
Luego de llegar en teleférico, subir varios escalones, atravesar estrechas torres y andar para alejarse de la multitud, los ojos foráneos pueden disfrutar de maravillosos paisajes e intentar retratar para siempre el cuadro espectacular que se levanta ante ellos.
Cuando los extraños se marchan, la paz se extiende y la estructura que fue construida para la defensa de un territorio y costó numerosas vidas, ofrece serenidad y calma. La quietud no dura mucho. Nuevos pasos, nuevos lenguajes y miradas inundan el imponente muro.
Como en Babel, miles de viajeros se cruzan sin entenderse a lo largo del sendero que atraviesa montañas y parece no tener fin. Pero solo bastan segundos para que un mismo idioma los conecte a todos: la admiración por quienes levantaron la enorme serpiente de piedra y la perturbación por la sangre que costó.
A la Muralla, sobre todo en los tramos más concurridos, le precede toda una serie de comercios e instalaciones para atraer a los turistas, pero una vez vencidos esos 'obstáculos' el visitante puede tocar con sus manos y sentir bajo sus pies el resultado de siglos de historia y la inmensidad de la naturaleza que le rodea.
A ella se llega con una mochila llena de historias, pero se parte con la sensación de que no hay nada más que supere lo que se acaba de ver.
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*Periodista de la Redacción Asia de Prensa Latina.
rr/gas/cvl
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