Víctima iraquí desnuda consecuencias de invasión estadounidense
Víctima iraquí desnuda consecuencias de invasión estadounidense
Víctima iraquí desnuda consecuencias de invasión estadounidense
Bagdad, (Prensa Latina) Aquejada de epilepsia por fragmentos de bala, el testimonio de una víctima desnudó para la televisora Al Jazeera las consecuencias de la invasión estadounidense de 2003 y posterior ocupación de Iraq.
Con múltiples fragmentos de bala aún en su cuerpo, la joven, hoy madre de dos hijos, desea permanecer en el anonimato como otros muchos que sufren las consecuencias de la agresión del Pentágono.
Esta es su historia:
'Todo sucedió en un instante. Escuché la explosión, vi sangre en mis ojos y luego me desmayé. Eran alrededor de las 7:30 de la mañana del 13 de noviembre de 2006.
'Estábamos yendo a una universidad en Bagdad. Cursaba el último año en la facultad de artes y viajaba con otros dos amigos en un automóvil. El conductor era el padre de uno de ellos.
'Se vivían momentos terribles con explosiones y disparos por todos lados. Íbamos por la carretera de Qanbar Ali cuando vimos dos vehículos estadounidenses a ambos lados de la vía.
'El chofer, un anciano, disminuyó la velocidad, pero tal vez no escuchó las instrucciones para detenerse y los militares norteamericanos abrieron fuego.
'Yo estaba sentada en el asiento trasero, detrás del conductor, y la bala dirigida a él, rozó mi cabeza, se desvió y explotó. Me desmayé.
'No pudieron detener la sangre, por lo que me llevaron al hospital Al Kindi, pero me rechazaron al carecer de instrumental para atender la lesión en la cabeza.
'Recuperé la conciencia cuando me trasladaban en ambulancia a un hospital neurológico. No solo yo sufrí los impactos de bala, mis amigos también tenían fragmentos de municiones en la cara, hombros y brazos.
'Los médicos pensaron que tenía una bala en la cabeza, pero eran pedazos de metal que también se habían alojado en la parte superior del cuerpo.
'Creo que mi familia perdió la esperanza en ese momento.
'Mis familiares lloraban y rezaban. Recuerdo que hacía mucho frío.
'De repente, los soldados estadounidenses se presentaron en la habitación. Evaluaron mi condición y dijeron que querían llevarme al hospital especial de Estados Unidos en Bagdad. Mi padre se negó a dejarme ir al cuidado de las mismas personas que me dispararon, pero me acompañó.
'Era de noche cuando me pusieron en un helicóptero y me condujeron a al-Balad (la base militar estadounidense de igual nombre) en la provincia de Salahaldin, en la cual había especialistas para atender heridas como las mías.
'Los médicos me inocularon 12 inyecciones durante 48 horas y pastillas de color rojo. Nadie nos explicó por qué me dieron esas inyecciones y píldoras.
'Mi familia se sentía feliz dentro de lo peor, al pensar que me cuidarían, pero ese alivio duró poco.
'Después de un par de días, nos enviaron al hospital Ibn Sina y cuando llegamos allí nos redirigieron al Medical City Hospital, convertido en una verdadera carnicería por la enorme cantidad de muertos y heridos en su interior.
'Mi padre decidió que mejor era irse a casa. Durante días no conciliaba el sueño. Mi hermano contactó un amigo médico, quien confirmó la presencia sin extirpar de muchos fragmentos en mi cabeza.
'Mi familia me llevó al hospital Sheikh Zayed, donde extrajeron algunos fragmentos. Después de unos días, tuve un fuerte dolor en el estómago y el hombro. Fue entonces cuando el médico descubrió que había más fragmentos en mi cuerpo. Me sometí a otra cirugía para quitarlos.
'Otros pedazos de metal estaban demasiado profundos y los dejaron porque la cirugía era muy arriesgada.
'Recuerdo estar mareada todo el tiempo; ni siquiera podía caminar por mi cuenta y el mareo solo desapareció a los cuatro meses.
'La vida siguió adelante. Regresé a la universidad y terminé mi carrera al año siguiente, pese a los bombardeos y masacres registradas en Bagdad.
'Comencé a trabajar y encontré el amor de mi vida. Ahora tengo dos hermosos hijos sanos.
'Pensé que el disparo de los soldados estadounidenses había quedado atrás, empero desde el año pasado, las cosas cambiaron con la presencia de padecimientos a causa de la presión de los fragmentos de bala sobre mi cerebro; tengo epilepsia.
'Resultó aterrador para mis hijos ver a su madre en el suelo, con violentos temblores, emitiendo sonidos extraños salidos de su garganta y soltando espuma por la boca.
'Otros médicos me examinaron en Iraq, Turquía y Alemania, y todos coinciden en que se requiere de una mayor cirugía cerebral, pero carecemos de dinero para esa acción quirúrgica.
'Para el mundo, soy otra estadística, un número entre los millones de heridos iraquíes que seguimos enfrentando las consecuencias de una guerra que no queríamos.
'¿Cuál es mi culpa, la de mi familia y sobre todo la de mis niños?
'No quise nunca compartir mi historia porque no tengo esperanzas de que las personas que dispararon contra mi alguna vez se enfrenten a la justicia o que alguien me ayude'.
*Corresponsal de Prensa Latina en El Líbano.
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Víctima iraquí desnuda consecuencias de invasión estadounidense
13 de octubre de 2019, 1:32Por Armando Reyes*
Bagdad, (Prensa Latina) Aquejada de epilepsia por fragmentos de bala, el testimonio de una víctima desnudó para la televisora Al Jazeera las consecuencias de la invasión estadounidense de 2003 y posterior ocupación de Iraq.
La fría mañana del 13 de noviembre de 2006, una estudiante de 24 años de edad recibió impactos de disparos de los soldados norteamericanos en Bagdad.
Con múltiples fragmentos de bala aún en su cuerpo, la joven, hoy madre de dos hijos, desea permanecer en el anonimato como otros muchos que sufren las consecuencias de la agresión del Pentágono.
Esta es su historia:
'Todo sucedió en un instante. Escuché la explosión, vi sangre en mis ojos y luego me desmayé. Eran alrededor de las 7:30 de la mañana del 13 de noviembre de 2006.
'Estábamos yendo a una universidad en Bagdad. Cursaba el último año en la facultad de artes y viajaba con otros dos amigos en un automóvil. El conductor era el padre de uno de ellos.
'Se vivían momentos terribles con explosiones y disparos por todos lados. Íbamos por la carretera de Qanbar Ali cuando vimos dos vehículos estadounidenses a ambos lados de la vía.
'El chofer, un anciano, disminuyó la velocidad, pero tal vez no escuchó las instrucciones para detenerse y los militares norteamericanos abrieron fuego.
'Yo estaba sentada en el asiento trasero, detrás del conductor, y la bala dirigida a él, rozó mi cabeza, se desvió y explotó. Me desmayé.
'No pudieron detener la sangre, por lo que me llevaron al hospital Al Kindi, pero me rechazaron al carecer de instrumental para atender la lesión en la cabeza.
'Recuperé la conciencia cuando me trasladaban en ambulancia a un hospital neurológico. No solo yo sufrí los impactos de bala, mis amigos también tenían fragmentos de municiones en la cara, hombros y brazos.
'Los médicos pensaron que tenía una bala en la cabeza, pero eran pedazos de metal que también se habían alojado en la parte superior del cuerpo.
'Creo que mi familia perdió la esperanza en ese momento.
'Mis familiares lloraban y rezaban. Recuerdo que hacía mucho frío.
'De repente, los soldados estadounidenses se presentaron en la habitación. Evaluaron mi condición y dijeron que querían llevarme al hospital especial de Estados Unidos en Bagdad. Mi padre se negó a dejarme ir al cuidado de las mismas personas que me dispararon, pero me acompañó.
'Era de noche cuando me pusieron en un helicóptero y me condujeron a al-Balad (la base militar estadounidense de igual nombre) en la provincia de Salahaldin, en la cual había especialistas para atender heridas como las mías.
'Los médicos me inocularon 12 inyecciones durante 48 horas y pastillas de color rojo. Nadie nos explicó por qué me dieron esas inyecciones y píldoras.
'Mi familia se sentía feliz dentro de lo peor, al pensar que me cuidarían, pero ese alivio duró poco.
'Después de un par de días, nos enviaron al hospital Ibn Sina y cuando llegamos allí nos redirigieron al Medical City Hospital, convertido en una verdadera carnicería por la enorme cantidad de muertos y heridos en su interior.
'Mi padre decidió que mejor era irse a casa. Durante días no conciliaba el sueño. Mi hermano contactó un amigo médico, quien confirmó la presencia sin extirpar de muchos fragmentos en mi cabeza.
'Mi familia me llevó al hospital Sheikh Zayed, donde extrajeron algunos fragmentos. Después de unos días, tuve un fuerte dolor en el estómago y el hombro. Fue entonces cuando el médico descubrió que había más fragmentos en mi cuerpo. Me sometí a otra cirugía para quitarlos.
'Otros pedazos de metal estaban demasiado profundos y los dejaron porque la cirugía era muy arriesgada.
'Recuerdo estar mareada todo el tiempo; ni siquiera podía caminar por mi cuenta y el mareo solo desapareció a los cuatro meses.
'La vida siguió adelante. Regresé a la universidad y terminé mi carrera al año siguiente, pese a los bombardeos y masacres registradas en Bagdad.
'Comencé a trabajar y encontré el amor de mi vida. Ahora tengo dos hermosos hijos sanos.
'Pensé que el disparo de los soldados estadounidenses había quedado atrás, empero desde el año pasado, las cosas cambiaron con la presencia de padecimientos a causa de la presión de los fragmentos de bala sobre mi cerebro; tengo epilepsia.
'Resultó aterrador para mis hijos ver a su madre en el suelo, con violentos temblores, emitiendo sonidos extraños salidos de su garganta y soltando espuma por la boca.
'Otros médicos me examinaron en Iraq, Turquía y Alemania, y todos coinciden en que se requiere de una mayor cirugía cerebral, pero carecemos de dinero para esa acción quirúrgica.
'Para el mundo, soy otra estadística, un número entre los millones de heridos iraquíes que seguimos enfrentando las consecuencias de una guerra que no queríamos.
'¿Cuál es mi culpa, la de mi familia y sobre todo la de mis niños?
'No quise nunca compartir mi historia porque no tengo esperanzas de que las personas que dispararon contra mi alguna vez se enfrenten a la justicia o que alguien me ayude'.
*Corresponsal de Prensa Latina en El Líbano.
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