La ecología lo decide todo en Buriatia
La ecología lo decide todo en Buriatia
La ecología lo decide todo en Buriatia
Por Antonio Rondón *Ulan-Ude, Rusia (Prensa Latina) La República de Buriatia, perteneciente a la Federación de Rusia, parece movida por la exigencia de la ecología al atesorar al lago Baikal, la mayor reserva de agua potable del orbe, en coincidencia con su estatus de centro del budismo en el país.
Con un área de 31 mil 722 kilómetros cuadrados, el Baikal cuenta con al menos 16 afluentes, mientras sus aguas se limpian cada año en el proceso de deshielo del invierno que aquí suele llegar hasta menos de 55 grados centígrados, en una zona donde hay 300 días de sol, afirma Jaiden.
La conservación de un Patrimonio de la Humanidad, con el 20 por ciento del agua potable en el mundo, se convierte en la preocupación número uno de las autoridades de Buriatia que, para desarrollar inversiones en el turismo, se ocuparon de montar allí una termoeléctrica movida por gas.
Aunque la república, fronteriza con Mongolia, posee grandes reservas probadas de gas y petróleo, estas permanecen intactas para evitar cualquier riesgo de una catástrofe ecológica en la zona.
Para los citados proyectos, explica Jaiden, ya se tienen los primeros inversionistas (dos de Corea del Sur y uno ruso) por un volumen de cuatro mil 500 millones de rublos (unos 69 millones de dólares).
Sin embargo, el desarrollo de la infraestructura turística en las costas del Baikal tuvo un periodo traumático de una década, cuando la participación de empresas privadas tuvo escasa efectividad. Ahora el Estado promueve la inversión en esa zona.
EL BUDISMO Y SUS SECRETOS
Los orígenes de la mezcla que presenta ahora Buriatia están vinculados a los staroobriatsi, un movimiento dentro de la religión ortodoxa que rechazó las reformas del patriarca Nikon entre 1650 y 1660, en tiempos del zar Alexei Mijailovich.
Gran parte de los separatistas se trasladó a las zonas exteriores del imperio ruso, en los actuales territorios de Polonia, Ucrania, Belarús y la región del mar Báltico, pero con la llegada de Ekaterina al poder, ésta decidió enviar colonos a tierras semidespobladas.
De ahí que a Buriatia, tierra de descendientes de mongoles y a donde llegaron guardianes cosacos, fueron enviados los staroobriatsi, quienes viajaron con sus familias y todo lo necesario para vivir, por eso se les bautizó con el sobrenombre de Semeiskie (de familias).
Así que los staroobriatsi, con sus costumbres de mantenerlo todo como hace 350 años atrás, lograron conservar vivas las tradiciones del antiguo imperio, mientras los descendientes de mongoles convirtieron a Buriatia en el centro del budismo en Rusia.
Ana Valdanova cuenta a Prensa Latina, al mostrar el museo inaugurado el pasado 15 de septiembre como parte de un gran centro de esa religión en Buriatia, los secretos del buda Dashi-Dorzho Itigelov, cuya momia en posición de meditación aún se conserva.
Valdanova asegura que Itigelov registra una temperatura de 34 grados centígrados en su cuerpo ocho veces al año.
En un ritual, donde la foto está prohibida, se instruye al visitante pedir un deseo al darle vuelta a un tambor budista en dirección de las manecillas del reloj, hacer un saludo religioso a la momia (sin ningún proceso de conservación) y retirarse sin darle la espalda.
De acuerdo con Valdanova, historiadora del citado museo, en el Ivalguinski Datsan (templo), los budas en Buriatia son conocidos como 'capuchas amarillas' y el recinto actual es una réplica fiel del Tamchiski Datsan, fundado en una región cercana al Baikal, en 1831.
Itigelov antes de fallecer en 1927 dejó dispuesto exhumar su cuerpo en dos ocasiones, en 1955 y en 1973. En ambos casos, permaneció con las mismas características, sin descomponerse, y en 2002 fue ubicado en una urna de cristal hasta nuestros días.
Pero el budismo parece dar fuerza a la población de esta región, rica en tradiciones propias y de convivencia de culturas durante cientos de años, para permanecer en condiciones climáticas bien duras, con una diferencia de temperatura de casi 100 grados entre verano e invierno.
La república de poco menos de un millón de habitantes está diseminada en una superficie de 351 mil 334 kilómetros cuadrados, similar a la de Alemania; posee una de las más bajas densidades de población de la Federación de Rusia, con un promedio de apenas 2,8 habitantes por kilómetro cuadrado.
Con un salario promedio de 33 mil rublos mensuales (cerca de 500 dólares), la mayoría del empleo de la república lo ofrece una fábrica de aviones que produce aparatos o piezas, tanto para el sector militar como el civil, aunque también se extrae carbón, cuyo 90 por ciento va a Japón.
De acuerdo con el vicejefe para asuntos sociales del gobierno de Buriatia, Viacheslav Tsibikdzhapov, esta república participa en parte de los 12 proyectos esbozados por el presidente Vladimir Putin, incluidos los de salud, demografía, deporte y educación.
Buriatia ocupa el segundo lugar en natalidad en la región siberiana y el quinto en toda Rusia, a la par de las repúblicas del Cáucaso norte, destaca el funcionario.
Tsibikdzhapov afirma que en la región existen al menos 135 centros de aguas termales y aumentan los centros de atención por métodos de medicina oriental, aunque reconoce que existe un pronunciado déficit de personal médico.
De cualquier forma, tanto en la producción como en la salud, la atención al hombre y el desarrollo de los planes de infraestructura, el factor ecológico y el contacto directo con la naturaleza parecen decidir muchas cosas en esta república siberiana, con mucho por mostrar aún.
arb/To
*Corresponsal jefe de Prensa Latina en Rusia.
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La ecología lo decide todo en Buriatia
Por Antonio Rondón *
Ulan-Ude, Rusia (Prensa Latina) La República de Buriatia, perteneciente a la Federación de Rusia, parece movida por la exigencia de la ecología al atesorar al lago Baikal, la mayor reserva de agua potable del orbe, en coincidencia con su estatus de centro del budismo en el país.
Parado en las orillas del Baikal parece que estamos ante el mar, con oleaje, arena, horizonte infinito y alguna que otra tormenta en el transcurso del año, comenta a Prensa Latina Ulrin Jaiden, al frente de la compañía para gestionar proyectos de la industria sin humo en esa zona.
Con un área de 31 mil 722 kilómetros cuadrados, el Baikal cuenta con al menos 16 afluentes, mientras sus aguas se limpian cada año en el proceso de deshielo del invierno que aquí suele llegar hasta menos de 55 grados centígrados, en una zona donde hay 300 días de sol, afirma Jaiden.
La conservación de un Patrimonio de la Humanidad, con el 20 por ciento del agua potable en el mundo, se convierte en la preocupación número uno de las autoridades de Buriatia que, para desarrollar inversiones en el turismo, se ocuparon de montar allí una termoeléctrica movida por gas.
Aunque la república, fronteriza con Mongolia, posee grandes reservas probadas de gas y petróleo, estas permanecen intactas para evitar cualquier riesgo de una catástrofe ecológica en la zona.
Para los citados proyectos, explica Jaiden, ya se tienen los primeros inversionistas (dos de Corea del Sur y uno ruso) por un volumen de cuatro mil 500 millones de rublos (unos 69 millones de dólares).
Sin embargo, el desarrollo de la infraestructura turística en las costas del Baikal tuvo un periodo traumático de una década, cuando la participación de empresas privadas tuvo escasa efectividad. Ahora el Estado promueve la inversión en esa zona.
EL BUDISMO Y SUS SECRETOS
Los orígenes de la mezcla que presenta ahora Buriatia están vinculados a los staroobriatsi, un movimiento dentro de la religión ortodoxa que rechazó las reformas del patriarca Nikon entre 1650 y 1660, en tiempos del zar Alexei Mijailovich.
Gran parte de los separatistas se trasladó a las zonas exteriores del imperio ruso, en los actuales territorios de Polonia, Ucrania, Belarús y la región del mar Báltico, pero con la llegada de Ekaterina al poder, ésta decidió enviar colonos a tierras semidespobladas.
De ahí que a Buriatia, tierra de descendientes de mongoles y a donde llegaron guardianes cosacos, fueron enviados los staroobriatsi, quienes viajaron con sus familias y todo lo necesario para vivir, por eso se les bautizó con el sobrenombre de Semeiskie (de familias).
Así que los staroobriatsi, con sus costumbres de mantenerlo todo como hace 350 años atrás, lograron conservar vivas las tradiciones del antiguo imperio, mientras los descendientes de mongoles convirtieron a Buriatia en el centro del budismo en Rusia.
Ana Valdanova cuenta a Prensa Latina, al mostrar el museo inaugurado el pasado 15 de septiembre como parte de un gran centro de esa religión en Buriatia, los secretos del buda Dashi-Dorzho Itigelov, cuya momia en posición de meditación aún se conserva.
Valdanova asegura que Itigelov registra una temperatura de 34 grados centígrados en su cuerpo ocho veces al año.
En un ritual, donde la foto está prohibida, se instruye al visitante pedir un deseo al darle vuelta a un tambor budista en dirección de las manecillas del reloj, hacer un saludo religioso a la momia (sin ningún proceso de conservación) y retirarse sin darle la espalda.
De acuerdo con Valdanova, historiadora del citado museo, en el Ivalguinski Datsan (templo), los budas en Buriatia son conocidos como 'capuchas amarillas' y el recinto actual es una réplica fiel del Tamchiski Datsan, fundado en una región cercana al Baikal, en 1831.
Itigelov antes de fallecer en 1927 dejó dispuesto exhumar su cuerpo en dos ocasiones, en 1955 y en 1973. En ambos casos, permaneció con las mismas características, sin descomponerse, y en 2002 fue ubicado en una urna de cristal hasta nuestros días.
Pero el budismo parece dar fuerza a la población de esta región, rica en tradiciones propias y de convivencia de culturas durante cientos de años, para permanecer en condiciones climáticas bien duras, con una diferencia de temperatura de casi 100 grados entre verano e invierno.
La república de poco menos de un millón de habitantes está diseminada en una superficie de 351 mil 334 kilómetros cuadrados, similar a la de Alemania; posee una de las más bajas densidades de población de la Federación de Rusia, con un promedio de apenas 2,8 habitantes por kilómetro cuadrado.
Con un salario promedio de 33 mil rublos mensuales (cerca de 500 dólares), la mayoría del empleo de la república lo ofrece una fábrica de aviones que produce aparatos o piezas, tanto para el sector militar como el civil, aunque también se extrae carbón, cuyo 90 por ciento va a Japón.
De acuerdo con el vicejefe para asuntos sociales del gobierno de Buriatia, Viacheslav Tsibikdzhapov, esta república participa en parte de los 12 proyectos esbozados por el presidente Vladimir Putin, incluidos los de salud, demografía, deporte y educación.
Buriatia ocupa el segundo lugar en natalidad en la región siberiana y el quinto en toda Rusia, a la par de las repúblicas del Cáucaso norte, destaca el funcionario.
Tsibikdzhapov afirma que en la región existen al menos 135 centros de aguas termales y aumentan los centros de atención por métodos de medicina oriental, aunque reconoce que existe un pronunciado déficit de personal médico.
De cualquier forma, tanto en la producción como en la salud, la atención al hombre y el desarrollo de los planes de infraestructura, el factor ecológico y el contacto directo con la naturaleza parecen decidir muchas cosas en esta república siberiana, con mucho por mostrar aún.
arb/To
*Corresponsal jefe de Prensa Latina en Rusia.
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