Alicia Alonso: paradigma de amor y perseverancia
Alicia Alonso: paradigma de amor y perseverancia
Alicia Alonso: paradigma de amor y perseverancia
Foto: Cortesía del Museo Nacional de la DanzaPor Roberto Molina* Belgrado, 18 oct (Prensa Latina) Alicia Alonso, ahora en la inmortalidad, logró no solo realizar una carrera maravillosa, sino también- como dijo el poeta- convertir en milagro el barro, al llevar el ballet a las capas más humildes de su querido pueblo.
Aquella osadía rindió prontamente sus frutos y pocos años después, gracias a su perseverancia, esos hombres y mujeres de pueblo, con sus niños, acudían a los teatros para disfrutar de aquel mundo de maravillas que no habían podido ni imaginar en sus mejores sueños.
Escribo este preámbulo, porque me considero un resultado de esa forma revolucionaria de hacer arte y difundirlo, pues donde yo vivía en aquellos tiempos, un pueblito oriental, la palabra ballet ni se conocía a ciencia cierta.
Poco a poco, con las reticencias y los prejuicios de la época, me fui adentrando- sin grandes progresos- en ese mundo, pero el giro de 180 grados se produciría en Moscú, en 1973, cuando Alicia desembarcó con una pléyade de jóvenes valores para participar en el Concurso Internacional de Ballet.
Como corresponsal de Prensa Latina en la entonces Union Soviética (URSS) me correspondió recibir y acompañar a quien la agencia había acreditado como enviado especial, Pedro Simón, entonces un periodista dedicado al mundo de la danza y un profundo conocedor de ese arte y de la ya entonces posesionada Escuela Cubana de Ballet.
A él y a su insistencia- y también mucha paciencia- le debo haber aprendido, sin llegar a ser experto, a apreciar la maravilla de esa expresión artística que lo muestra todo a través del movimiento de los cuerpos, algo tan complejo como hermoso.
Y conocí personalmente a Alicia Alonso y su pasión por lo que hacía, escuché infinidad de veces su voz dulce y profunda alentando y corrigiendo a los nóveles valores que ella había formado en el arte de combinar lo clásico con lo cubano en esa exigente disciplina.
También me impactó su defensa a como diera lugar del desempeño de sus discípulos, una misión casi imposible en aquel teatro Bolshoi, la meca del ballet y muy propenso a mirar solo hacia adentro.
Fue así, con su perseverancia y vehemencia en sus argumentos, que Amparo Brito obtuvo Medalla de Oro y otros de sus concursantes lograron distinciones, entre ellos el primer joven bailarín negro que yo recuerde haber visto en aquel escenario, Andrés Williams, Medalla de Bronce y Premio Especial como partenaire.
La segunda ocasión fue en Buenos Aires, en 2006, adonde llegó con su compañía después de dos décadas de ausencia.
Finalizada la función de un Don Quijote renovado, pude dialogar con ella para obtener de primera mano sus consideraciones sobre la reacción del público después de tantos años y rememorar con Simón, desde 1975 esposo de Alicia, aquel concurso de Moscú.
Locuaz y no sin una alta dosis de orgullo, me relató en pocos minutos los momentos álgidos de aquel entonces y desgranó, uno por uno el curso de las carreras de 'sus muchachas y muchachos' tras sus éxitos en el escenario más riguroso que se conoce, transcurridos 33 años, un detallado e ilustrativo 'dónde están y que se han hecho'. En la capital porteña recibió el homenaje del Congreso de la Nación, durante el cual el vicepresidente de la República y titular del Senado, Daniel Scioli, le hizo entrega de una distinción.
No tuve más pláticas con ella, pero aquellos dos momentos fueron suficientes para seguirla por los medios cada vez que cosechaba un nuevo éxito o hacía una declaración relevante y hoy pasan por mi memoria y escalan al primer plano para evocar a Alicia en su mágico mundo, en el cual es y será reina..
mem/rmh
*Excorresponsal de PL en Moscú y Buenos Aires
Temas Relacionados:
Alicia Alonso: paradigma de amor y perseverancia
Foto: Cortesía del Museo Nacional de la Danza
Por Roberto Molina*
Belgrado, 18 oct (Prensa Latina) Alicia Alonso, ahora en la inmortalidad, logró no solo realizar una carrera maravillosa, sino también- como dijo el poeta- convertir en milagro el barro, al llevar el ballet a las capas más humildes de su querido pueblo.
Con la tenacidad que siempre la caracterizó, desde el comienzo mismo de la labor cultural de la Revolución cubana tras su triunfo el 1 de enero de 1959, abrazó esa obra y junto con su compañía presentó lo que se concebía hasta entonces como arte para las élites pudientes a los obreros y campesinos y, lo más importante, fuera de los teatros.
Aquella osadía rindió prontamente sus frutos y pocos años después, gracias a su perseverancia, esos hombres y mujeres de pueblo, con sus niños, acudían a los teatros para disfrutar de aquel mundo de maravillas que no habían podido ni imaginar en sus mejores sueños.
Escribo este preámbulo, porque me considero un resultado de esa forma revolucionaria de hacer arte y difundirlo, pues donde yo vivía en aquellos tiempos, un pueblito oriental, la palabra ballet ni se conocía a ciencia cierta.
Poco a poco, con las reticencias y los prejuicios de la época, me fui adentrando- sin grandes progresos- en ese mundo, pero el giro de 180 grados se produciría en Moscú, en 1973, cuando Alicia desembarcó con una pléyade de jóvenes valores para participar en el Concurso Internacional de Ballet.
Como corresponsal de Prensa Latina en la entonces Union Soviética (URSS) me correspondió recibir y acompañar a quien la agencia había acreditado como enviado especial, Pedro Simón, entonces un periodista dedicado al mundo de la danza y un profundo conocedor de ese arte y de la ya entonces posesionada Escuela Cubana de Ballet.
A él y a su insistencia- y también mucha paciencia- le debo haber aprendido, sin llegar a ser experto, a apreciar la maravilla de esa expresión artística que lo muestra todo a través del movimiento de los cuerpos, algo tan complejo como hermoso.
Y conocí personalmente a Alicia Alonso y su pasión por lo que hacía, escuché infinidad de veces su voz dulce y profunda alentando y corrigiendo a los nóveles valores que ella había formado en el arte de combinar lo clásico con lo cubano en esa exigente disciplina.
También me impactó su defensa a como diera lugar del desempeño de sus discípulos, una misión casi imposible en aquel teatro Bolshoi, la meca del ballet y muy propenso a mirar solo hacia adentro.
Fue así, con su perseverancia y vehemencia en sus argumentos, que Amparo Brito obtuvo Medalla de Oro y otros de sus concursantes lograron distinciones, entre ellos el primer joven bailarín negro que yo recuerde haber visto en aquel escenario, Andrés Williams, Medalla de Bronce y Premio Especial como partenaire.
La segunda ocasión fue en Buenos Aires, en 2006, adonde llegó con su compañía después de dos décadas de ausencia.
Finalizada la función de un Don Quijote renovado, pude dialogar con ella para obtener de primera mano sus consideraciones sobre la reacción del público después de tantos años y rememorar con Simón, desde 1975 esposo de Alicia, aquel concurso de Moscú.
Locuaz y no sin una alta dosis de orgullo, me relató en pocos minutos los momentos álgidos de aquel entonces y desgranó, uno por uno el curso de las carreras de 'sus muchachas y muchachos' tras sus éxitos en el escenario más riguroso que se conoce, transcurridos 33 años, un detallado e ilustrativo 'dónde están y que se han hecho'. En la capital porteña recibió el homenaje del Congreso de la Nación, durante el cual el vicepresidente de la República y titular del Senado, Daniel Scioli, le hizo entrega de una distinción.
No tuve más pláticas con ella, pero aquellos dos momentos fueron suficientes para seguirla por los medios cada vez que cosechaba un nuevo éxito o hacía una declaración relevante y hoy pasan por mi memoria y escalan al primer plano para evocar a Alicia en su mágico mundo, en el cual es y será reina..
mem/rmh
*Excorresponsal de PL en Moscú y Buenos Aires
| Minuto a minuto | Más leídas |
| Televisión |
|
|
| Destacadas |




















