De donde nace la paloma de laurel
De donde nace la paloma de laurel
De donde nace la paloma de laurel
Por Yanet Llanes Alemán*La Habana (Prensa Latina) Hace entre 15 y 40 millones de años estos bosques poblaron gran parte del sur de Europa, pero ahora solo se encuentran en las Islas Canarias, las Azores y la de Madeira, que conserva la mayor área subsistente de ese tipo en el mundo.
Canales de agua conocidos como levadas atraviesan el ecosistema forestal y siguen los contornos del paisaje, como aferrándose a acantilados y valles empinados en forma de uve.
Se trata del bosque primario de laurales o laurisilva, ubicado en el parque Natural de Madeira, en el archipiélago portugués de igual nombre, conocido como la perla del Atlántico.
Hace dos décadas, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró a este sitio natural Patrimonio de la Humanidad, único de su tipo en el país.
Considerada una reliquia, la propiedad ocupa un 20 por ciento de Madeira y se concentra principalmente en la costa norte, en altitudes comprendidas entre los 300 y mil 400 metros sobre el nivel del mar, mientras en el sur se limita a algunos lugares de difícil acceso.
Se cree que la mayor parte del bosque nunca ha sido talada y existen algunos árboles centenarios que han estado creciendo desde antes del descubrimiento de la isla.
De acuerdo con la Unesco, estos bosques y sus procesos biológicos y ecológicos asociados se encuentran en gran parte intactos y juegan un papel predominante en el equilibrio hidrológico de la isla, donde también destaca la alta calidad ambiental y la ausencia de contaminación.
La laurisilva, de gran importancia para la conservación de la biodiversidad, cuenta con al menos 76 especies endémicas de plantas vasculares y más de 500 invertebrados, incluidos insectos, arácnidos y moluscos.
Estos elementos llaman la atención al visitante, seducido, además, por la suavidad del clima, la belleza del paisaje y la tranquilidad que se respira en el bosque, donde predominan árboles endémicos pertenecientes a la familia de las Lauraceae.
Otros como los helechos, briófitas, hepáticas, musgos y líquenes le dan un aspecto selvático y misterioso.
El senderismo es una de las actividades más comunes, sobre todo por los caminos originales a lo largo de las levadas, que permiten el acceso al bosque casi impenetrable.
Construidos con piedras por los colonos y con un ancho de entre 80 y 150 centímetros, esos canales transportan agua desde el bosque a las centrales hidroeléctricas y a las ciudades del sur.
De acuerdo con la Unesco, en los últimos 70 años no se ha edificado ninguno y su impacto en la propiedad es limitado, además de reportar algunos beneficios para la conservación.
Aparte de las levadas y la pequeña cabaña ocasional utilizada por quienes las mantienen, el desarrollo humano es muy reducido y no hay viviendas, ni edificios.
El Estado está obligado a proteger la laurisilva y las 39 especies de plantas y animales raros y amenazados que habitan el sitio, declarado Reserva Biogenética del Consejo de Europa y Área de Protección Especial bajo la Directiva de Aves de la Unión Europea.
De esta forma, el gobierno autónomo de Madeira dicta las principales pautas para su manejo, conservación y protección.
La principal amenaza resulta la introducción de especies invasoras, incluidas las de antiguas tierras agrícolas en el borde inferior de la propiedad.
Por otra parte, se otorga un pequeño número de permisos a la población local para la recolección limitada de brezo en las zonas más altas. Este uso necesita ser monitoreado y mantenido dentro de niveles que no dañen el bosque, según recomienda la Unesco.
El ente también sugiere que el manejo de las áreas adyacentes a la propiedad debe considerar plenamente su valor universal excepcional, particularmente en relación con el potencial de introducción de especies exóticas invasoras.
Además, señala que las instalaciones para los visitantes del bosque son escasas y la gestión del turismo debe priorizarse a medida que cambien las tendencias de esa actividad económica, la principal de este archipiélago donde nace la paloma de laurel.
A dos décadas de ser declarada Patrimonio de la Humanidad, la laurisilva de Madeira resulta un sitio ancestral de obligada visita para los amantes de la naturaleza.
alb/ylla
*Periodista de Redacción Europa de Prensa Latina
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De donde nace la paloma de laurel
Por Yanet Llanes Alemán*
La Habana (Prensa Latina) Hace entre 15 y 40 millones de años estos bosques poblaron gran parte del sur de Europa, pero ahora solo se encuentran en las Islas Canarias, las Azores y la de Madeira, que conserva la mayor área subsistente de ese tipo en el mundo.
Árboles de más de 800 años acompañan a especies endémicas de la flora y la fauna, como la paloma de laurel (Columba trocaz), en un terreno de 15 mil hectáreas, distinguido por su riqueza, biodiversidad y estado de conservación.
Canales de agua conocidos como levadas atraviesan el ecosistema forestal y siguen los contornos del paisaje, como aferrándose a acantilados y valles empinados en forma de uve.
Se trata del bosque primario de laurales o laurisilva, ubicado en el parque Natural de Madeira, en el archipiélago portugués de igual nombre, conocido como la perla del Atlántico.
Hace dos décadas, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró a este sitio natural Patrimonio de la Humanidad, único de su tipo en el país.
Considerada una reliquia, la propiedad ocupa un 20 por ciento de Madeira y se concentra principalmente en la costa norte, en altitudes comprendidas entre los 300 y mil 400 metros sobre el nivel del mar, mientras en el sur se limita a algunos lugares de difícil acceso.
Se cree que la mayor parte del bosque nunca ha sido talada y existen algunos árboles centenarios que han estado creciendo desde antes del descubrimiento de la isla.
De acuerdo con la Unesco, estos bosques y sus procesos biológicos y ecológicos asociados se encuentran en gran parte intactos y juegan un papel predominante en el equilibrio hidrológico de la isla, donde también destaca la alta calidad ambiental y la ausencia de contaminación.
La laurisilva, de gran importancia para la conservación de la biodiversidad, cuenta con al menos 76 especies endémicas de plantas vasculares y más de 500 invertebrados, incluidos insectos, arácnidos y moluscos.
Estos elementos llaman la atención al visitante, seducido, además, por la suavidad del clima, la belleza del paisaje y la tranquilidad que se respira en el bosque, donde predominan árboles endémicos pertenecientes a la familia de las Lauraceae.
Otros como los helechos, briófitas, hepáticas, musgos y líquenes le dan un aspecto selvático y misterioso.
El senderismo es una de las actividades más comunes, sobre todo por los caminos originales a lo largo de las levadas, que permiten el acceso al bosque casi impenetrable.
Construidos con piedras por los colonos y con un ancho de entre 80 y 150 centímetros, esos canales transportan agua desde el bosque a las centrales hidroeléctricas y a las ciudades del sur.
De acuerdo con la Unesco, en los últimos 70 años no se ha edificado ninguno y su impacto en la propiedad es limitado, además de reportar algunos beneficios para la conservación.
Aparte de las levadas y la pequeña cabaña ocasional utilizada por quienes las mantienen, el desarrollo humano es muy reducido y no hay viviendas, ni edificios.
El Estado está obligado a proteger la laurisilva y las 39 especies de plantas y animales raros y amenazados que habitan el sitio, declarado Reserva Biogenética del Consejo de Europa y Área de Protección Especial bajo la Directiva de Aves de la Unión Europea.
De esta forma, el gobierno autónomo de Madeira dicta las principales pautas para su manejo, conservación y protección.
La principal amenaza resulta la introducción de especies invasoras, incluidas las de antiguas tierras agrícolas en el borde inferior de la propiedad.
Por otra parte, se otorga un pequeño número de permisos a la población local para la recolección limitada de brezo en las zonas más altas. Este uso necesita ser monitoreado y mantenido dentro de niveles que no dañen el bosque, según recomienda la Unesco.
El ente también sugiere que el manejo de las áreas adyacentes a la propiedad debe considerar plenamente su valor universal excepcional, particularmente en relación con el potencial de introducción de especies exóticas invasoras.
Además, señala que las instalaciones para los visitantes del bosque son escasas y la gestión del turismo debe priorizarse a medida que cambien las tendencias de esa actividad económica, la principal de este archipiélago donde nace la paloma de laurel.
A dos décadas de ser declarada Patrimonio de la Humanidad, la laurisilva de Madeira resulta un sitio ancestral de obligada visita para los amantes de la naturaleza.
alb/ylla
*Periodista de Redacción Europa de Prensa Latina
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