Arte y Revolución en las Escuelas Nacionales de Arte de La Habana (+Fotos)
Arte y Revolución en las Escuelas Nacionales de Arte de La Habana (+Fotos)
Arte y Revolución en las Escuelas Nacionales de Arte de La Habana (+Fotos)
Por Frank González* FotosPLRoma, (Prensa Latina) Tras participar en la XXII Exposición Internacional de la Trienal de Milán, el Pabellón Cubano 'Arte y Revolución-las Escuelas Nacionales de Arte de La Habana' se trasladó al Departamento de Arquitectura (DiDA) de la Universidad de Florencia.

El sitio escogido para la construcción del conjunto compuesto por cinco escuelas: Artes Plásticas y Música, de Porro; Ballet y Danza Contemporánea, de Garatti; y Arte Dramático, de Gottardi, fue el Country Club, otrora exclusivo centro recreativo de la burguesía habanera ubicado en el reparto de Cubanacán.
Con total libertad para la creación, los tres volcaron sus energías y talento en aquel sueño concebido para la formación artística en un ambiente que reflejara la cultura e identidad cubanas en armonía con la naturaleza, para el cual cada uno aportó su propia visión y experiencia.
Ante la escasez de materiales como el cemento y el acero, los autores del proyecto recurrieron a otros como la cerámica, el ladrillo y las baldosas de terracota, con la bóveda catalana como elemento constructivo común, desde el comienzo en 1961 hasta su interrupción en 1965.

Inconclusa y relegada por diversos motivos, la obra sufrió los embates del tiempo y la falta de mantenimiento, aunque funcionó siempre como centro formador de sucesivas generaciones de artistas cubanos y extranjeros, devenido hoy en Universidad de las Artes.
Además de las acciones constructivas emprendidas por el Estado cubano desde hace algunos años, existen dos proyectos importantes para el mejoramiento de las escuelas relacionados ambos con Italia.
El primero es de conservación, coordinado por el Politécnico de Milán, con participación de las universidades de Princeton y Parma, Assorestauro y el Comité Vittorio Garatti, con financiamiento de la Fundación Ghetty, de Estados Unidos.
El otro, elaborado por la Universidad de Florencia, es de restauración con intervenciones estructurales en la Escuela de Arte Dramático y unos 2,5 millones euros aportados por la Agencia Italiana para la Cooperación al Desarrollo, del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Cooperación Internacional.
Con especial afecto por una obra reconocida hoy como el complejo arquitectónico más importante del período revolucionario en Cuba, incluido en 2003 en la World Heritage Tentative List y declarada Monumento Nacional en 2010, hablaron en la Universidad de Florencia algunas personas que contribuyen a su rescate.
Uno de ellos es Jorge Fernández, director del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba y curador del pabellón, quien señaló que 'lo más importante es que las escuelas tengan alguna visibilidad, que los estudiantes de arte y el público en general puedan ver lo que ha sido este monumento de la arquitectura no de Cuba, sino ya del mundo'.
En diálogo con Prensa Latina Fernández apuntó que la muestra devenida itinerante es una forma de 'incorporar a mucha gente a colaborar con su restauración' y en tal sentido destacó la respuesta de Italia, 'tanto del gobierno, como de instituciones de cooperación, el Politécnico de Milán, la propia Facultad de Arquitectura de la Universidad de Florencia'.
Como bien se ha dicho, dijo, el gobierno cubano ha hecho un esfuerzo extraordinario por mantenerlas activas, por hacer cosas allí de manera permanente, pero eso implica un monto económico y un financiamiento que desborda el país.
Al mismo tiempo advirtió que esas escuelas no deben ser vistas sólo como como una obra de arquitectura clásica y pensar sólo en la función que tendrán, sino 'como bien decía Ricardo Porro, el objetivo fue darle un marco poético a la creación humana', porque, agregó, 'todos esos arquitectos artistas fueron humanistas en primer lugar'.
Asimismo, resaltó también el apoyo de muchas personas que colaboraron con la presencia del Pabellón Cubano en la Trienal de Milán como el curador del pabellón por la parte italiana, Cristian Zecchin, quien durante mucho tiempo trabajó en el estudio de Garatti y Rodrigo Rodríguez quien halló el financiamiento.
En ese sentido, mencionó también a Davide Del Curto, profesor del Politécnico de Milán, al cocurador Umberto Zanetti y Ana María Pedroso, cubana residente en Milán y presidente de la Asociación Cultural Cubeart, quien apoyó en la comunicación y la estrategia promocional.
Rodrigo Rodríguez es un empresario milanés del sector del diseño, quien viajó a Cuba en noviembre de 2016 como único italiano miembro del Comité Internacional del World Monument Fund, con la misión de identificar posibles obras necesitadas de restauración en La Habana.
Hombre de avanzada edad y notable locuacidad, Rodríguez confesó que la encomienda le dio la oportunidad de conocer 'esa misteriosa y fascinante isla y su pueblo', donde descubrió las Escuelas de Arte y en ellas un mensaje pedagógico innovador basado en la creatividad.
Me encontré ?dijo- ante un monumento portador de un mensaje sobre una manera de enseñar que tenía dignidad y originalidad propias.
A John Loomis, autor en 1998 del libro 'Una revolución de las formas: las olvidadas escuelas de arte de Cuba', se le atribuye el mérito de llamar la atención sobre el complejo arquitectónico de Cubanacán a través de las dos ediciones en inglés y una en español de su obra la cual sigue enriqueciendo.
Tras explicar que en breve se publicará una edición italiana curada por Davide Del Curto, Loomis cuenta que la idea del libro surgió hace casi tres décadas, cuando siendo estudiante de tercer año de Arquitectura, visitó por primera vez las escuelas de la mano de Roberto Gottardi quien sugirió lo escribiera.
Al referirse a Gottardi destacó que en Cuba encontró 'un gran entusiasmo por la arquitectura y la Revolución', con la cual simpatizaba como un arquitecto 'que miraba al mundo de una manera un poco diferente' al resto de sus colegas.
Loomis expresó que a través del interés por las escuelas de arte ha conocido a muchas personas, incluidas las que asistieron a la sala durante su presentación y afirmó que 'estamos todos aquí por lo mismo, para demostrar nuestro amor y solidaridad con las escuelas nacionales de arte y Cuba'.
Somos ?precisó- una gran familia de quienes aman a Cuba, aman las escuelas de arte y sienten una gran solidaridad. 'Somos amigos y compañeros', subrayó.
El investigador se refirió en su intervención a la relación en ese ámbito con el profesor del DiDa Michele Paradiso quien moderó el panel en el cual intervinieron además el director del Departamento, Saverio Mecca, Davide Del Curto, Cristian Zecchin, la funcionaria de la embajada de Cuba, Lissette Argüelles, y Ana María Pedroso.
Para Paradiso, 'las escuelas de arte son un libro abierto con muchos capítulos en cada uno de los cuales se aborda un aspecto, pero son como las partes de una obra de arte casi musical'.
Al agradecer el apoyo de un grupo de estudiantes 'quienes se movilizan siempre que se habla de las Escuelas de Arte de la Habana', el profesor Paradiso contó que a partir de la idea surgida en un seminario que impartió sobre técnicas constructivas tradicionales latinoamericanas, incluidas las bóvedas catalanas, viajó con ellos a Cuba.
Añadió que durante la estancia de 10 días en la nación caribeña, los alumnos realizaron ejercicios en la escuela de ballet, tras lo cual vio en ellos 'una madurez sorprendente' y 'el milagro que sucede cuando se va a ver lo que hay en la otra parte del mundo'. Los he visto cambiar, los he visto más atentos, los he visto más conscientes de la potencialidad que da la arquitectura y de verdad en su aspecto más importante que es el social, acotó el profesor.
*El autor es corresponsal de Prensa Latina en Italia
rr/fgg
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Por Frank González* FotosPL
Roma, (Prensa Latina) Tras participar en la XXII Exposición Internacional de la Trienal de Milán, el Pabellón Cubano 'Arte y Revolución-las Escuelas Nacionales de Arte de La Habana' se trasladó al Departamento de Arquitectura (DiDA) de la Universidad de Florencia.
Acogida con entusiasmo por profesores y estudiantes, la muestra aborda momentos del surgimiento y desarrollo del proyecto ideado por Fidel Castro y realizado por el arquitecto cubano Ricardo Porro (1925-2014) y sus colegas italianos Roberto Gottardi (1927-2017) y Vittorio Garatti (1927).
El sitio escogido para la construcción del conjunto compuesto por cinco escuelas: Artes Plásticas y Música, de Porro; Ballet y Danza Contemporánea, de Garatti; y Arte Dramático, de Gottardi, fue el Country Club, otrora exclusivo centro recreativo de la burguesía habanera ubicado en el reparto de Cubanacán.
Con total libertad para la creación, los tres volcaron sus energías y talento en aquel sueño concebido para la formación artística en un ambiente que reflejara la cultura e identidad cubanas en armonía con la naturaleza, para el cual cada uno aportó su propia visión y experiencia.
Ante la escasez de materiales como el cemento y el acero, los autores del proyecto recurrieron a otros como la cerámica, el ladrillo y las baldosas de terracota, con la bóveda catalana como elemento constructivo común, desde el comienzo en 1961 hasta su interrupción en 1965.

Inconclusa y relegada por diversos motivos, la obra sufrió los embates del tiempo y la falta de mantenimiento, aunque funcionó siempre como centro formador de sucesivas generaciones de artistas cubanos y extranjeros, devenido hoy en Universidad de las Artes.
Además de las acciones constructivas emprendidas por el Estado cubano desde hace algunos años, existen dos proyectos importantes para el mejoramiento de las escuelas relacionados ambos con Italia.
El primero es de conservación, coordinado por el Politécnico de Milán, con participación de las universidades de Princeton y Parma, Assorestauro y el Comité Vittorio Garatti, con financiamiento de la Fundación Ghetty, de Estados Unidos.
El otro, elaborado por la Universidad de Florencia, es de restauración con intervenciones estructurales en la Escuela de Arte Dramático y unos 2,5 millones euros aportados por la Agencia Italiana para la Cooperación al Desarrollo, del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Cooperación Internacional.
Con especial afecto por una obra reconocida hoy como el complejo arquitectónico más importante del período revolucionario en Cuba, incluido en 2003 en la World Heritage Tentative List y declarada Monumento Nacional en 2010, hablaron en la Universidad de Florencia algunas personas que contribuyen a su rescate.
Uno de ellos es Jorge Fernández, director del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba y curador del pabellón, quien señaló que 'lo más importante es que las escuelas tengan alguna visibilidad, que los estudiantes de arte y el público en general puedan ver lo que ha sido este monumento de la arquitectura no de Cuba, sino ya del mundo'.
En diálogo con Prensa Latina Fernández apuntó que la muestra devenida itinerante es una forma de 'incorporar a mucha gente a colaborar con su restauración' y en tal sentido destacó la respuesta de Italia, 'tanto del gobierno, como de instituciones de cooperación, el Politécnico de Milán, la propia Facultad de Arquitectura de la Universidad de Florencia'.
Como bien se ha dicho, dijo, el gobierno cubano ha hecho un esfuerzo extraordinario por mantenerlas activas, por hacer cosas allí de manera permanente, pero eso implica un monto económico y un financiamiento que desborda el país.
Al mismo tiempo advirtió que esas escuelas no deben ser vistas sólo como como una obra de arquitectura clásica y pensar sólo en la función que tendrán, sino 'como bien decía Ricardo Porro, el objetivo fue darle un marco poético a la creación humana', porque, agregó, 'todos esos arquitectos artistas fueron humanistas en primer lugar'.
Asimismo, resaltó también el apoyo de muchas personas que colaboraron con la presencia del Pabellón Cubano en la Trienal de Milán como el curador del pabellón por la parte italiana, Cristian Zecchin, quien durante mucho tiempo trabajó en el estudio de Garatti y Rodrigo Rodríguez quien halló el financiamiento.
En ese sentido, mencionó también a Davide Del Curto, profesor del Politécnico de Milán, al cocurador Umberto Zanetti y Ana María Pedroso, cubana residente en Milán y presidente de la Asociación Cultural Cubeart, quien apoyó en la comunicación y la estrategia promocional.
Rodrigo Rodríguez es un empresario milanés del sector del diseño, quien viajó a Cuba en noviembre de 2016 como único italiano miembro del Comité Internacional del World Monument Fund, con la misión de identificar posibles obras necesitadas de restauración en La Habana.
Hombre de avanzada edad y notable locuacidad, Rodríguez confesó que la encomienda le dio la oportunidad de conocer 'esa misteriosa y fascinante isla y su pueblo', donde descubrió las Escuelas de Arte y en ellas un mensaje pedagógico innovador basado en la creatividad.
Me encontré ?dijo- ante un monumento portador de un mensaje sobre una manera de enseñar que tenía dignidad y originalidad propias.
A John Loomis, autor en 1998 del libro 'Una revolución de las formas: las olvidadas escuelas de arte de Cuba', se le atribuye el mérito de llamar la atención sobre el complejo arquitectónico de Cubanacán a través de las dos ediciones en inglés y una en español de su obra la cual sigue enriqueciendo.
Tras explicar que en breve se publicará una edición italiana curada por Davide Del Curto, Loomis cuenta que la idea del libro surgió hace casi tres décadas, cuando siendo estudiante de tercer año de Arquitectura, visitó por primera vez las escuelas de la mano de Roberto Gottardi quien sugirió lo escribiera.
Al referirse a Gottardi destacó que en Cuba encontró 'un gran entusiasmo por la arquitectura y la Revolución', con la cual simpatizaba como un arquitecto 'que miraba al mundo de una manera un poco diferente' al resto de sus colegas.
Loomis expresó que a través del interés por las escuelas de arte ha conocido a muchas personas, incluidas las que asistieron a la sala durante su presentación y afirmó que 'estamos todos aquí por lo mismo, para demostrar nuestro amor y solidaridad con las escuelas nacionales de arte y Cuba'.
Somos ?precisó- una gran familia de quienes aman a Cuba, aman las escuelas de arte y sienten una gran solidaridad. 'Somos amigos y compañeros', subrayó.
El investigador se refirió en su intervención a la relación en ese ámbito con el profesor del DiDa Michele Paradiso quien moderó el panel en el cual intervinieron además el director del Departamento, Saverio Mecca, Davide Del Curto, Cristian Zecchin, la funcionaria de la embajada de Cuba, Lissette Argüelles, y Ana María Pedroso.
Para Paradiso, 'las escuelas de arte son un libro abierto con muchos capítulos en cada uno de los cuales se aborda un aspecto, pero son como las partes de una obra de arte casi musical'.
Al agradecer el apoyo de un grupo de estudiantes 'quienes se movilizan siempre que se habla de las Escuelas de Arte de la Habana', el profesor Paradiso contó que a partir de la idea surgida en un seminario que impartió sobre técnicas constructivas tradicionales latinoamericanas, incluidas las bóvedas catalanas, viajó con ellos a Cuba.
Añadió que durante la estancia de 10 días en la nación caribeña, los alumnos realizaron ejercicios en la escuela de ballet, tras lo cual vio en ellos 'una madurez sorprendente' y 'el milagro que sucede cuando se va a ver lo que hay en la otra parte del mundo'. Los he visto cambiar, los he visto más atentos, los he visto más conscientes de la potencialidad que da la arquitectura y de verdad en su aspecto más importante que es el social, acotó el profesor.
*El autor es corresponsal de Prensa Latina en Italia
rr/fgg
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