Los desafíos de la era Reiwa en Japón
Los desafíos de la era Reiwa en Japón
Los desafíos de la era Reiwa en Japón
Por Amelia Duarte de la Rosa*La Habana (Prensa Latina) En una ceremonia llena de simbolismo y tradición, la era Reiwa comenzó en Japón con la entronización al Trono del Crisantemo del emperador Naruhito, el monarca 126 del país asiático.
El nombre de Heisei significa 'Realización de la Paz' y se caracterizó por ser una etapa pacífica en la que se mantuvo un sabio equilibrio entre la modernización y el respeto a las tradiciones, mientras Reiwa simboliza 'Armonía Hermosa', y proviene del Manyoshu -la más antigua antología existente de poesía nipona- y evoca a la cultura como puente para unificar a los ciudadanos del archipiélago.
Tradicionalmente el nombre de la nueva era se anuncia poco después del fallecimiento del emperador, por ejemplo, el 7 de enero de 1989, cuando Hirohito murió, Japón se encontraba en el año 64 de la era Showa (1926-1989) y de la noche a la mañana pasó a la era Heisei.
En esta ocasión, Akihito expresó en 2016 su deseo de retirarse debido a su edad y estado de salud, por lo que la Dieta de Japón aprobó en 2017 una ley que permitió que el trono pasase a Naruhito.
Sin embargo, la elección del nombre de la era se hace siguiendo un proceso riguroso que no depende de la Casa Imperial, sino del gobierno japonés.
El término seleccionado debe ser inédito, reflejar los ideales de la nación, estar compuesto por dos ideogramas, ser fácil de escribir y de leer y evitar los nombres de personas, compañías o lugares.
La designación de Reiwa fue anunciada por el Secretario Jefe del Gabinete japonés Yoshihide Suga, el 1 de abril de 2019 y es la primera vez que los caracteres de una era son tomados de una obra literaria japonesa, ya que los anteriores fueron tomados de la literatura china.
Muchos esperan que Reiwa sea similar a la anterior, donde Japón vivió tres décadas de cambios que lo convirtieron en una de las primeras potencias del mundo.
Los japoneses manifestaron su confianza en la dirigencia de la nueva era y varios vieron simbolismo en el futuro del país cuando comenzó la ceremonia y apareció la luz del sol, expresó el erudito literario japonés Susumu Nakanishi a varios medios locales.
Otras opiniones de figuras públicas y del pueblo japonés en general muestran esperanza en que Nahurito, como símbolo del Estado, continúe caminando junto a la gente.
Por su parte, el monarca de 59 años ascendió al trono con un discurso en el que se pronunció a favor de la amistad y a la paz de la comunidad internacional, así como 'el bienestar y la prosperidad de la humanidad con sabiduría y esfuerzos incesantes'.
Se comprometió también a actuar de acuerdo con la Constitución ?que le prohíbe tajantemente intervenir en política?, cumplir sus responsabilidades como 'símbolo del Estado y de la unidad del pueblo de Japón', y tener siempre presente apoyar al pueblo.
Sin embargo, el estancamiento que sufre la economía nipona y los cambios en la política internacional ponen la situación un poco más difícil a Naruhito, quien declaró sus intenciones de 'mantener el talante del anterior emperador'.
¿Qué desafíos enfrenta el emperador en la era Reiwa?
La casa imperial japonesa es la monarquía más antigua del mundo y Naruhito proviene de una línea sucesoria que se remonta a la fundación del país en el año 600 antes de Cristo por el emperador Jimmu, de quien la leyenda dice que descendía del sol.
El reinado imperial mantuvo históricamente el derecho divino a gobernar pero solo en los siglos recientes algunos cultos alrededor del emperador comenzaron a deificar a estos gobernantes como semidioses.
Poco después de la Segunda Guerra Mundial, el abuelo del actual emperador, Hirohito, renunció a lo que llamó 'la falsa concepción de que el emperador tiene naturaleza divina'.
Según la constitución japonesa de 1947, el emperador es el 'símbolo del Estado y de la unidad del pueblo', y es la máxima autoridad de la religión shinto.
Está considerado una figura ceremonial y simbólica con funciones similares a las de un jefe de Estado en una monarquía constitucional, o sea, con funciones políticas casi nulas.
Representa al Estado, pero no tiene 'otras facultades de gobierno', según la actual carta magna, que marcó un nuevo rol del emperador, históricamente considerado inspiración divina.
No obstante, en Japón el emperador nombra al primer ministro según lo que decida el Parlamento o Dieta; designa al presidente de la Corte Suprema que elija el Gobierno, y pone su sello a las leyes y órdenes emitidas por las autoridades.
El emperador nipón no tiene funciones políticas, pero forma parte de su voluntad el querer cumplir con el limitado papel que posee y Akihito, por ejemplo, dejó a su hijo Naruhito una alta aceptación popular, tanto de su persona como del papel que ostenta.
Según una encuesta difundida en marzo por el diario Mainichi, el 87 por ciento de los japoneses considera que Akihito cumplió su rol como símbolo del Estado, muy por encima de las cuotas de popularidad de sus predecesores recientes.
Debido a ello, en su primer discurso como jefe de Estado, el mensaje fue de continuidad y prometió seguir los pasos de su padre.
'Desde que llegó al trono, se entregó a cumplir cada uno de sus deberes durante 30 años, al tiempo que rezaba por la paz mundial y la felicidad del pueblo, y en todo momento compartió las alegrías y las penas de la gente. Mostró una profunda compasión', indicó el emperador.
'Juro que reflexionaré profundamente sobre el camino que siguió su majestad y tendré en cuenta el camino seguido por los emperadores precedentes, y trataré continuamente de perfeccionarme', aseguró.
Sin embargo, el hijo mayor de Akihito ahora enfrenta entre sus principales retos, el de adecuar su papel al Japón del siglo XXI.
Cuando su padre llegó al trono hace treinta años, Japón se encontraba en la cúspide de su poderío económico pero hoy el país, aunque es la tercera economía del mundo, arrastra décadas de estancamiento.
Naruhito deberá luchar por conservar la posición japonesa a nivel mundial, por incrementar el turismo a 40 millones de visitantes en el 2020 y, ser anfitrión de los Juegos Olímpicos de Tokio.
Varios expertos señalan que tendrá, además, que determinar cómo inspirar a un Japón envejecido a abrirse -aunque de modo aún muy incipiente- a la inmigración como solución para suplir a las generaciones de mayor edad.
Se estima que, igualmente, entre sus prioridades están la defensa del medioambiente, uno de sus grandes intereses, así como empoderar a unas generaciones más jóvenes que hoy por hoy se sienten poco representadas en la vida política nipona.
Otro de los problemas con los que deberá lidiar es el machismo, que no solo veta a las mujeres en la línea de sucesión, sino que lastra la vida laboral.
Tanto él como su esposa Masako sorprendieron al pueblo japonés al salirse de los cánones y admitir el impacto de la presión para engendrar un heredero varón y los problemas que tuvo para salir de una grave depresión inducida por la falta de descendencia masculina.
La pareja real tiene una hija única, Aiko, nacida en 2001.
Precisamente, algunos estiman que la era Reiwa puede ser la que introduzca un cambio en la ley nipona, para permitir que las mujeres también puedan heredar el trono, aunque los conservadores se oponen fuertemente al cambio.
Como sea, el canal para que el emperador ejerza su influencia es el mismo que usó su padre y su abuelo: por la vía moral, según los expertos.
*La autora es periodista de la Redacción Internacional de Prensa Latina
rr/jcd/adr
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Por Amelia Duarte de la Rosa*
La Habana (Prensa Latina) En una ceremonia llena de simbolismo y tradición, la era Reiwa comenzó en Japón con la entronización al Trono del Crisantemo del emperador Naruhito, el monarca 126 del país asiático.
La ascensión imperial cerró oficialmente la era Heisei, que se inició el 8 de enero de 1989, cuando el padre de Naruhito -el emperador Akihito- accedió al trono, y culminó el 30 de abril último con la primera abdicación en 200 años de un monarca japonés.
El nombre de Heisei significa 'Realización de la Paz' y se caracterizó por ser una etapa pacífica en la que se mantuvo un sabio equilibrio entre la modernización y el respeto a las tradiciones, mientras Reiwa simboliza 'Armonía Hermosa', y proviene del Manyoshu -la más antigua antología existente de poesía nipona- y evoca a la cultura como puente para unificar a los ciudadanos del archipiélago.
Tradicionalmente el nombre de la nueva era se anuncia poco después del fallecimiento del emperador, por ejemplo, el 7 de enero de 1989, cuando Hirohito murió, Japón se encontraba en el año 64 de la era Showa (1926-1989) y de la noche a la mañana pasó a la era Heisei.
En esta ocasión, Akihito expresó en 2016 su deseo de retirarse debido a su edad y estado de salud, por lo que la Dieta de Japón aprobó en 2017 una ley que permitió que el trono pasase a Naruhito.
Sin embargo, la elección del nombre de la era se hace siguiendo un proceso riguroso que no depende de la Casa Imperial, sino del gobierno japonés.
El término seleccionado debe ser inédito, reflejar los ideales de la nación, estar compuesto por dos ideogramas, ser fácil de escribir y de leer y evitar los nombres de personas, compañías o lugares.
La designación de Reiwa fue anunciada por el Secretario Jefe del Gabinete japonés Yoshihide Suga, el 1 de abril de 2019 y es la primera vez que los caracteres de una era son tomados de una obra literaria japonesa, ya que los anteriores fueron tomados de la literatura china.
Muchos esperan que Reiwa sea similar a la anterior, donde Japón vivió tres décadas de cambios que lo convirtieron en una de las primeras potencias del mundo.
Los japoneses manifestaron su confianza en la dirigencia de la nueva era y varios vieron simbolismo en el futuro del país cuando comenzó la ceremonia y apareció la luz del sol, expresó el erudito literario japonés Susumu Nakanishi a varios medios locales.
Otras opiniones de figuras públicas y del pueblo japonés en general muestran esperanza en que Nahurito, como símbolo del Estado, continúe caminando junto a la gente.
Por su parte, el monarca de 59 años ascendió al trono con un discurso en el que se pronunció a favor de la amistad y a la paz de la comunidad internacional, así como 'el bienestar y la prosperidad de la humanidad con sabiduría y esfuerzos incesantes'.
Se comprometió también a actuar de acuerdo con la Constitución ?que le prohíbe tajantemente intervenir en política?, cumplir sus responsabilidades como 'símbolo del Estado y de la unidad del pueblo de Japón', y tener siempre presente apoyar al pueblo.
Sin embargo, el estancamiento que sufre la economía nipona y los cambios en la política internacional ponen la situación un poco más difícil a Naruhito, quien declaró sus intenciones de 'mantener el talante del anterior emperador'.
¿Qué desafíos enfrenta el emperador en la era Reiwa?
La casa imperial japonesa es la monarquía más antigua del mundo y Naruhito proviene de una línea sucesoria que se remonta a la fundación del país en el año 600 antes de Cristo por el emperador Jimmu, de quien la leyenda dice que descendía del sol.
El reinado imperial mantuvo históricamente el derecho divino a gobernar pero solo en los siglos recientes algunos cultos alrededor del emperador comenzaron a deificar a estos gobernantes como semidioses.
Poco después de la Segunda Guerra Mundial, el abuelo del actual emperador, Hirohito, renunció a lo que llamó 'la falsa concepción de que el emperador tiene naturaleza divina'.
Según la constitución japonesa de 1947, el emperador es el 'símbolo del Estado y de la unidad del pueblo', y es la máxima autoridad de la religión shinto.
Está considerado una figura ceremonial y simbólica con funciones similares a las de un jefe de Estado en una monarquía constitucional, o sea, con funciones políticas casi nulas.
Representa al Estado, pero no tiene 'otras facultades de gobierno', según la actual carta magna, que marcó un nuevo rol del emperador, históricamente considerado inspiración divina.
No obstante, en Japón el emperador nombra al primer ministro según lo que decida el Parlamento o Dieta; designa al presidente de la Corte Suprema que elija el Gobierno, y pone su sello a las leyes y órdenes emitidas por las autoridades.
El emperador nipón no tiene funciones políticas, pero forma parte de su voluntad el querer cumplir con el limitado papel que posee y Akihito, por ejemplo, dejó a su hijo Naruhito una alta aceptación popular, tanto de su persona como del papel que ostenta.
Según una encuesta difundida en marzo por el diario Mainichi, el 87 por ciento de los japoneses considera que Akihito cumplió su rol como símbolo del Estado, muy por encima de las cuotas de popularidad de sus predecesores recientes.
Debido a ello, en su primer discurso como jefe de Estado, el mensaje fue de continuidad y prometió seguir los pasos de su padre.
'Desde que llegó al trono, se entregó a cumplir cada uno de sus deberes durante 30 años, al tiempo que rezaba por la paz mundial y la felicidad del pueblo, y en todo momento compartió las alegrías y las penas de la gente. Mostró una profunda compasión', indicó el emperador.
'Juro que reflexionaré profundamente sobre el camino que siguió su majestad y tendré en cuenta el camino seguido por los emperadores precedentes, y trataré continuamente de perfeccionarme', aseguró.
Sin embargo, el hijo mayor de Akihito ahora enfrenta entre sus principales retos, el de adecuar su papel al Japón del siglo XXI.
Cuando su padre llegó al trono hace treinta años, Japón se encontraba en la cúspide de su poderío económico pero hoy el país, aunque es la tercera economía del mundo, arrastra décadas de estancamiento.
Naruhito deberá luchar por conservar la posición japonesa a nivel mundial, por incrementar el turismo a 40 millones de visitantes en el 2020 y, ser anfitrión de los Juegos Olímpicos de Tokio.
Varios expertos señalan que tendrá, además, que determinar cómo inspirar a un Japón envejecido a abrirse -aunque de modo aún muy incipiente- a la inmigración como solución para suplir a las generaciones de mayor edad.
Se estima que, igualmente, entre sus prioridades están la defensa del medioambiente, uno de sus grandes intereses, así como empoderar a unas generaciones más jóvenes que hoy por hoy se sienten poco representadas en la vida política nipona.
Otro de los problemas con los que deberá lidiar es el machismo, que no solo veta a las mujeres en la línea de sucesión, sino que lastra la vida laboral.
Tanto él como su esposa Masako sorprendieron al pueblo japonés al salirse de los cánones y admitir el impacto de la presión para engendrar un heredero varón y los problemas que tuvo para salir de una grave depresión inducida por la falta de descendencia masculina.
La pareja real tiene una hija única, Aiko, nacida en 2001.
Precisamente, algunos estiman que la era Reiwa puede ser la que introduzca un cambio en la ley nipona, para permitir que las mujeres también puedan heredar el trono, aunque los conservadores se oponen fuertemente al cambio.
Como sea, el canal para que el emperador ejerza su influencia es el mismo que usó su padre y su abuelo: por la vía moral, según los expertos.
*La autora es periodista de la Redacción Internacional de Prensa Latina
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