El muy atractivo Valle de los Ingenios
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El muy atractivo Valle de los Ingenios
Por Roberto F. Campos*La Habana (Prensa Latina) La región central cubana cobra cada año mucho más auge desde el punto de vista turístico, como es el caso del Valle de los Ingenios, en la ciudad de Trinidad, la villa mejor conservada y atractiva del país.
Situado entre las montañas y el mar, es un verdadero monumento arqueológico a la industria azucarera cubana.
La historia del valle es tan antigua como la de la ciudad. Desde tiempos inmemoriales, los habitantes autóctonos cultivaron el tabaco, lo que fue asumido por los españoles tan pronto se asentaron en el territorio.
En las márgenes de los ríos Arimao, Caracusey y Agabama se establecieron vegas de tabaco desde principios del Siglo XVII.
El valle también fue sostén de la ganadería y del cultivo de frutos menores, lo que transformó a la región en uno de los asentamientos de mayores posibilidades de intercambio en la isla.
La llegada en 1655 de emigrantes españoles procedentes de Jamaica contribuyó al desarrollo de la industria azucarera en una zona que poseía óptimas condiciones para la producción de azúcar.
Eran tierras fértiles, regadas por caudalosos ríos, y cercanas a puertos de embarque. En la primera mitad del Siglo XVIII, la inversión de capitales foráneos operó como palanca impulsora.
De 1700 a 1750 existieron alrededor de 20 trapiches. En la segunda mitad del Siglo XVIII Trinidad definió su vocación azucarera y gracias a ello se levantó como una de las poblaciones más avanzadas de la isla.
En los inicios del Siglo XIX se inicia el gran boom azucarero de la zona, beneficiada por una serie de circunstancias nacionales e internacionales que repercutieron de modo favorable en la localidad.
Trinidad se había convertido en una de las ciudades de mayor florecimiento económico y socio-cultural de Cuba, lo que se debió al sorprendente desarrollo de la industria azucarera.
A mediados del siglo XIX se había convertido en una de las ciudades de mayor florecimiento económico y socio-cultural de Cuba, por el sorprendente desarrollo de la industria
azucarera en el bien delimitado territorio que hoy conocemos como el Valle de los Ingenios.
En esos años, se consolidaron las grandes fortunas locales que actuarían en la ciudad y en el valle.
Pero hacia 1840, las posibilidades de explotación estaban agotadas, tanto en lo referente a la fertilidad como a las tierras disponibles.
Se produjo un éxodo de capitales hacia otras regiones. La aparición del azúcar de remolacha en el mercado internacional provocó una desigual e insuperable competencia entre los productores cubanos y europeos.
Estos factores, conjuntamente con la crisis mundial de 1857 y el inicio de la guerra de independencia cubana en 1868, provocaron que la ciudad iniciara una larga trayectoria de decadencia a partir de mediados del siglo XIX.
Entre los exponentes conservados de mayor riqueza están las casas-hacienda de los ingenios Manaca-Iznaga, Buena Vista, Delicias, Guáimaro y Magua, ejemplos de la sobreimposición de los códigos de la arquitectura neoclásica y aprovechadas ahora por el turismo.
Esas haciendas y otras, forman parte de un amplio plan del Ministerio de Turismo de la isla por recuperarlas, con detalles históricos y también para disfrutar un descanso en esos lugares de mucha tradición.
Las casas de vivienda existentes constituyen exponentes del tipo de fabricación vinculada a actividades económicas como, esencialmente, la fabricación de azúcar.
De ahí que el 8 de diciembre de 1988 el Comité Intergubernamental de Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de la Unesco declaró a Trinidad y su Valle de los Ingenios Patrimonio de la Humanidad.
Esta designación fue en reconocimiento a los méritos de esta ciudad, que es un ejemplo eminente de un periodo histórico significativo y de un hábitat humano tradicional.
Trinidad pertenece a la provincia de Sancti Spíritus, situada al centro sur de la isla de Cuba, enmarcada por la cordillera de Guamuhaya, el Mar Caribe y el mencionado Valle de los Ingenios.
En particular el valle constituye un ejemplo de la inserción del hombre en la naturaleza, sin pérdida del equilibrio ni de la armonía en su unión, por lo que la conservación de sus valores no está en mantener imágenes aisladas de determinado sitio, sino en procurar un
equilibrio de conjunto.
El rescate de las haciendas incluye puntos de interés turístico y cultural, como los ingenios Guáimaro, Buena Vista, La Pastora, San Isidro, Delicias, Magua, Guinía de Soto, Algaba, Manacas, Guhachinango, la casa de Hacienda del Abanico y los poblados de
San Pedro y de Condado.
*Periodista de la redacción de Economía de Prensa Latina.
Em/rcf/rfc
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El muy atractivo Valle de los Ingenios
Por Roberto F. Campos*
La Habana (Prensa Latina) La región central cubana cobra cada año mucho más auge desde el punto de vista turístico, como es el caso del Valle de los Ingenios, en la ciudad de Trinidad, la villa mejor conservada y atractiva del país.
Denominado oficialmente como Valle de San Luis, los peregrinos lo conocen como el Valle de los Ingenios.
Situado entre las montañas y el mar, es un verdadero monumento arqueológico a la industria azucarera cubana.
La historia del valle es tan antigua como la de la ciudad. Desde tiempos inmemoriales, los habitantes autóctonos cultivaron el tabaco, lo que fue asumido por los españoles tan pronto se asentaron en el territorio.
En las márgenes de los ríos Arimao, Caracusey y Agabama se establecieron vegas de tabaco desde principios del Siglo XVII.
El valle también fue sostén de la ganadería y del cultivo de frutos menores, lo que transformó a la región en uno de los asentamientos de mayores posibilidades de intercambio en la isla.
La llegada en 1655 de emigrantes españoles procedentes de Jamaica contribuyó al desarrollo de la industria azucarera en una zona que poseía óptimas condiciones para la producción de azúcar.
Eran tierras fértiles, regadas por caudalosos ríos, y cercanas a puertos de embarque. En la primera mitad del Siglo XVIII, la inversión de capitales foráneos operó como palanca impulsora.
De 1700 a 1750 existieron alrededor de 20 trapiches. En la segunda mitad del Siglo XVIII Trinidad definió su vocación azucarera y gracias a ello se levantó como una de las poblaciones más avanzadas de la isla.
En los inicios del Siglo XIX se inicia el gran boom azucarero de la zona, beneficiada por una serie de circunstancias nacionales e internacionales que repercutieron de modo favorable en la localidad.
Trinidad se había convertido en una de las ciudades de mayor florecimiento económico y socio-cultural de Cuba, lo que se debió al sorprendente desarrollo de la industria azucarera.
A mediados del siglo XIX se había convertido en una de las ciudades de mayor florecimiento económico y socio-cultural de Cuba, por el sorprendente desarrollo de la industria
azucarera en el bien delimitado territorio que hoy conocemos como el Valle de los Ingenios.
En esos años, se consolidaron las grandes fortunas locales que actuarían en la ciudad y en el valle.
Pero hacia 1840, las posibilidades de explotación estaban agotadas, tanto en lo referente a la fertilidad como a las tierras disponibles.
Se produjo un éxodo de capitales hacia otras regiones. La aparición del azúcar de remolacha en el mercado internacional provocó una desigual e insuperable competencia entre los productores cubanos y europeos.
Estos factores, conjuntamente con la crisis mundial de 1857 y el inicio de la guerra de independencia cubana en 1868, provocaron que la ciudad iniciara una larga trayectoria de decadencia a partir de mediados del siglo XIX.
Entre los exponentes conservados de mayor riqueza están las casas-hacienda de los ingenios Manaca-Iznaga, Buena Vista, Delicias, Guáimaro y Magua, ejemplos de la sobreimposición de los códigos de la arquitectura neoclásica y aprovechadas ahora por el turismo.
Esas haciendas y otras, forman parte de un amplio plan del Ministerio de Turismo de la isla por recuperarlas, con detalles históricos y también para disfrutar un descanso en esos lugares de mucha tradición.
Las casas de vivienda existentes constituyen exponentes del tipo de fabricación vinculada a actividades económicas como, esencialmente, la fabricación de azúcar.
De ahí que el 8 de diciembre de 1988 el Comité Intergubernamental de Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de la Unesco declaró a Trinidad y su Valle de los Ingenios Patrimonio de la Humanidad.
Esta designación fue en reconocimiento a los méritos de esta ciudad, que es un ejemplo eminente de un periodo histórico significativo y de un hábitat humano tradicional.
Trinidad pertenece a la provincia de Sancti Spíritus, situada al centro sur de la isla de Cuba, enmarcada por la cordillera de Guamuhaya, el Mar Caribe y el mencionado Valle de los Ingenios.
En particular el valle constituye un ejemplo de la inserción del hombre en la naturaleza, sin pérdida del equilibrio ni de la armonía en su unión, por lo que la conservación de sus valores no está en mantener imágenes aisladas de determinado sitio, sino en procurar un
equilibrio de conjunto.
El rescate de las haciendas incluye puntos de interés turístico y cultural, como los ingenios Guáimaro, Buena Vista, La Pastora, San Isidro, Delicias, Magua, Guinía de Soto, Algaba, Manacas, Guhachinango, la casa de Hacienda del Abanico y los poblados de
San Pedro y de Condado.
*Periodista de la redacción de Economía de Prensa Latina.
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