En el camino de reducir pérdidas y desperdicios de alimentos
En el camino de reducir pérdidas y desperdicios de alimentos
En el camino de reducir pérdidas y desperdicios de alimentos
Por Silvia Martínez*Roma (Prensa Latina) Cada vez con más fuerza crecen los reclamos para que se adopten medidas contra la pérdida y el desperdicio de alimentos, un problema mundial plasmado en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible (ODS).
Ese propósito está muy vinculado al ODS 2: 'Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible' y repercute en el 6 (gestión sostenible del agua), el 13 (cambio climático), el 14 (recursos marinos), el 15 (ecosistemas terrestres, silvicultura, biodiversidad), entre otros de los 17 ODS y 169 metas que conforman la Agenda.
El problema concita mayor inquietud frente a la situación de hambruna que sufren más de 820 millones de personas, uno de cada nueve habitantes del planeta.
Fenómeno que lejos de disminuir crece tal como corrobora el informe 'Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2019' de la FAO el cual indica que el hambre 'está aumentando en casi todas las subregiones africanas' situada en casi el 20 por ciento.
También se eleva 'lentamente en América Latina y el Caribe aunque su prevalencia todavía se sitúa por debajo del siete por ciento'.
El 'Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación 2019' dedicado a los procesos de lucha contra la pérdida y el desperdicio de alimentos, destaca que ella es una meta importante de los ODS y un medio esencial para lograrlos, sobre todo en relación con la seguridad alimentaria, la nutrición y la sostenibilidad del medio ambiente.
Para ello, resalta el texto, es esencial abordar las causas, pero antes deberá disponerse de información sobre dónde se produce la pérdida y el desperdicio de alimentos en la cadena de suministro alimentario y sobre sus factores determinantes; establecer metas claras y crear políticas ajustadas a la realidad de cada región agrícola y cada país.
En el prólogo de ese documento, el director general de la FAO, Qu Dongyu, destacó la 'creciente sensibilización' en torno al problema dadas las 'fuertes connotaciones morales negativas' que tiene ese.
Destacó entre ellas la presión innecesaria sobre el medio ambiente y los recursos naturales que conlleva la producción de alimentos que luego se derrochan o dilapidan, que en esencia, significa desperdicio de tierra y agua, lo que además provoca contaminación y emite gases de efecto invernadero sin ningún motivo.
'También suelo preguntarme cómo podemos permitir que se tiren alimentos cuando más de 820 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo cada día', declaró.
Tras ponderar el esfuerzo realizado en muchos lugares para frenar la pérdida y el derroche, señaló que la eficacia de cuanto se haga pasa por una sólida comprensión del problema y tener en cuenta tres dimensiones, sobre las cuales argumenta ampliamente el informe.
Primero conocer con la mayor exactitud qué cantidad de alimentos se pierden y desperdician, dónde y por qué, además de fijar objetivos que respondan a la realidad de cada comunidad y país para determinar razones que conciten a esas reducciones, en el ámbito de la seguridad alimentaria o del medioambiente.
La tercera dimensión precisa comprender de qué manera la pérdida y el desperdicio de alimentos, así como las medidas dirigidas a reducirlos, afectan a los objetivos que se persiguen, para lo cual es menester determinar dónde se genera el problema.
La FAO llamó la atención sobre el asunto en 2011 en su primer reporte, cuando alertó que un tercio de los alimentos que se producían anualmente a nivel mundial se perdían o desperdiciaban, englobando a ambos conceptos.
El informe actual sostiene que la FAO y el Programa ONU-Medio Ambiente realizan esfuerzos para medir avances hacia la meta 12.3 de los ODS a través de dos índices diferenciados: el de pérdida de alimentos (IPA) y el de desperdicio de alimentos (IDA).
Las primeras estimaciones del IPA indican que a escala mundial, en términos de valor económico, se pierde alrededor del 14 por ciento de los alimentos desde la producción antes de llegar al nivel minorista. Estimaciones exactas del desperdicio por los minoristas y consumidores están en proceso, precisa el informe.
Al tema también se refirió en una entrevista concedida a news.un.org el asistente del director general y jefe del departamento de Desarrollo Económico de la FAO, Máximo Torero, quien fue parte del equipo multidisciplinario de ese organismo de ONU que participó en la elaboración del informe.
Para Torero la reducción de la pérdida y el desperdicio no quiere decir que el hambre en el mundo va a desaparecer; primero, dijo, hay que entender dónde está la pérdida en la cadena de valor y dónde es preciso intervenir para poder ser efectivo.
Eliminar las pérdidas, acotó, puede ayudar a una mayor disponibilidad de alimentos, a un uso más racional de los recursos naturales, agua y tierra, y puede también contribuir a reducir las emisiones, pero consideró pertinente destacar que reducir pérdidas no es tan sencillo como se cree.
Puso como ejemplo a un pequeño productor de maíz, quien desea vender su producto en un momento en que está perdiendo un 20 por ciento, porque al almacenarlo de forma inapropiada, genera humedad y por ende toxinas que son dañinas para la salud.
Para que ese productor decida reducir las pérdidas, detalló el experto, debe hacer inversiones al menos en el envasado del producto, las cuales acometerá si le resultan rentables, para lo cual el mercado al que él vende un maíz mejor almacenado, de mejor calidad y libre de toxinas, debe tener un precio superior.
Esa diferencia de calidad en muchos países pobres no se da, por lo que los productores pierden incentivo para hacer esos cambios, advirtió Torero.
Corroboró en tal sentido que para la solución del problema también son importantes los incentivos apropiados para el productor; en el caso del desperdicio evaluar que políticas aplicar en términos de información a los consumidores o de regulaciones para el uso más adecuados de los desperdicios, en restaurantes y supermercados.
En cuanto a políticas, a juicio del experto de FAO, es importante que se diferencie el lugar donde se apliquen; en un país donde hay insuficiencia alimentaria es importante atender el problema de la pérdida y también en paralelo reducir los desperdicios.
Pero en una nación donde no existe escasez de alimentos, pero se quiere contribuir a frenar el cambio climático, las acciones para el caso de las emisiones deben estar enfocadas en reducir los desperdicios y para la protección de los recursos naturales (agua y tierra) reducir las pérdidas.
*Corresponsal de Prensa Latina en Italia
rr/smp
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En el camino de reducir pérdidas y desperdicios de alimentos
Por Silvia Martínez*
Roma (Prensa Latina) Cada vez con más fuerza crecen los reclamos para que se adopten medidas contra la pérdida y el desperdicio de alimentos, un problema mundial plasmado en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible (ODS).
La tercera meta del ODS12 de ese plan de acción a favor de las personas y el planeta, para el cual resta apenas una década, insta a reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita mundial en la venta al por menor y a nivel de los consumidores y las pérdidas en las cadenas de producción y suministro, incluidas las ocurridas en postcosecha.
Ese propósito está muy vinculado al ODS 2: 'Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible' y repercute en el 6 (gestión sostenible del agua), el 13 (cambio climático), el 14 (recursos marinos), el 15 (ecosistemas terrestres, silvicultura, biodiversidad), entre otros de los 17 ODS y 169 metas que conforman la Agenda.
El problema concita mayor inquietud frente a la situación de hambruna que sufren más de 820 millones de personas, uno de cada nueve habitantes del planeta.
Fenómeno que lejos de disminuir crece tal como corrobora el informe 'Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2019' de la FAO el cual indica que el hambre 'está aumentando en casi todas las subregiones africanas' situada en casi el 20 por ciento.
También se eleva 'lentamente en América Latina y el Caribe aunque su prevalencia todavía se sitúa por debajo del siete por ciento'.
El 'Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación 2019' dedicado a los procesos de lucha contra la pérdida y el desperdicio de alimentos, destaca que ella es una meta importante de los ODS y un medio esencial para lograrlos, sobre todo en relación con la seguridad alimentaria, la nutrición y la sostenibilidad del medio ambiente.
Para ello, resalta el texto, es esencial abordar las causas, pero antes deberá disponerse de información sobre dónde se produce la pérdida y el desperdicio de alimentos en la cadena de suministro alimentario y sobre sus factores determinantes; establecer metas claras y crear políticas ajustadas a la realidad de cada región agrícola y cada país.
En el prólogo de ese documento, el director general de la FAO, Qu Dongyu, destacó la 'creciente sensibilización' en torno al problema dadas las 'fuertes connotaciones morales negativas' que tiene ese.
Destacó entre ellas la presión innecesaria sobre el medio ambiente y los recursos naturales que conlleva la producción de alimentos que luego se derrochan o dilapidan, que en esencia, significa desperdicio de tierra y agua, lo que además provoca contaminación y emite gases de efecto invernadero sin ningún motivo.
'También suelo preguntarme cómo podemos permitir que se tiren alimentos cuando más de 820 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo cada día', declaró.
Tras ponderar el esfuerzo realizado en muchos lugares para frenar la pérdida y el derroche, señaló que la eficacia de cuanto se haga pasa por una sólida comprensión del problema y tener en cuenta tres dimensiones, sobre las cuales argumenta ampliamente el informe.
Primero conocer con la mayor exactitud qué cantidad de alimentos se pierden y desperdician, dónde y por qué, además de fijar objetivos que respondan a la realidad de cada comunidad y país para determinar razones que conciten a esas reducciones, en el ámbito de la seguridad alimentaria o del medioambiente.
La tercera dimensión precisa comprender de qué manera la pérdida y el desperdicio de alimentos, así como las medidas dirigidas a reducirlos, afectan a los objetivos que se persiguen, para lo cual es menester determinar dónde se genera el problema.
La FAO llamó la atención sobre el asunto en 2011 en su primer reporte, cuando alertó que un tercio de los alimentos que se producían anualmente a nivel mundial se perdían o desperdiciaban, englobando a ambos conceptos.
El informe actual sostiene que la FAO y el Programa ONU-Medio Ambiente realizan esfuerzos para medir avances hacia la meta 12.3 de los ODS a través de dos índices diferenciados: el de pérdida de alimentos (IPA) y el de desperdicio de alimentos (IDA).
Las primeras estimaciones del IPA indican que a escala mundial, en términos de valor económico, se pierde alrededor del 14 por ciento de los alimentos desde la producción antes de llegar al nivel minorista. Estimaciones exactas del desperdicio por los minoristas y consumidores están en proceso, precisa el informe.
Al tema también se refirió en una entrevista concedida a news.un.org el asistente del director general y jefe del departamento de Desarrollo Económico de la FAO, Máximo Torero, quien fue parte del equipo multidisciplinario de ese organismo de ONU que participó en la elaboración del informe.
Para Torero la reducción de la pérdida y el desperdicio no quiere decir que el hambre en el mundo va a desaparecer; primero, dijo, hay que entender dónde está la pérdida en la cadena de valor y dónde es preciso intervenir para poder ser efectivo.
Eliminar las pérdidas, acotó, puede ayudar a una mayor disponibilidad de alimentos, a un uso más racional de los recursos naturales, agua y tierra, y puede también contribuir a reducir las emisiones, pero consideró pertinente destacar que reducir pérdidas no es tan sencillo como se cree.
Puso como ejemplo a un pequeño productor de maíz, quien desea vender su producto en un momento en que está perdiendo un 20 por ciento, porque al almacenarlo de forma inapropiada, genera humedad y por ende toxinas que son dañinas para la salud.
Para que ese productor decida reducir las pérdidas, detalló el experto, debe hacer inversiones al menos en el envasado del producto, las cuales acometerá si le resultan rentables, para lo cual el mercado al que él vende un maíz mejor almacenado, de mejor calidad y libre de toxinas, debe tener un precio superior.
Esa diferencia de calidad en muchos países pobres no se da, por lo que los productores pierden incentivo para hacer esos cambios, advirtió Torero.
Corroboró en tal sentido que para la solución del problema también son importantes los incentivos apropiados para el productor; en el caso del desperdicio evaluar que políticas aplicar en términos de información a los consumidores o de regulaciones para el uso más adecuados de los desperdicios, en restaurantes y supermercados.
En cuanto a políticas, a juicio del experto de FAO, es importante que se diferencie el lugar donde se apliquen; en un país donde hay insuficiencia alimentaria es importante atender el problema de la pérdida y también en paralelo reducir los desperdicios.
Pero en una nación donde no existe escasez de alimentos, pero se quiere contribuir a frenar el cambio climático, las acciones para el caso de las emisiones deben estar enfocadas en reducir los desperdicios y para la protección de los recursos naturales (agua y tierra) reducir las pérdidas.
*Corresponsal de Prensa Latina en Italia
rr/smp
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