Proteccionismo de EE. UU. impulsa nueva arquitectura comercial
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Proteccionismo de EE. UU. impulsa nueva arquitectura comercial
2 de diciembre de 2019, 16:10Por Ivette Fernández Sosa*
La Habana, (Prensa Latina) El volumen del intercambio mundial de mercancías será de tan solo un 1,2 por ciento en 2019 debido al aumento del proteccionismo impulsado por Estados Unidos, determinó recientemente la Organización Mundial del Comercio (OMC).
La Habana, (Prensa Latina) El volumen del intercambio mundial de mercancías será de tan solo un 1,2 por ciento en 2019 debido al aumento del proteccionismo impulsado por Estados Unidos, determinó recientemente la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Frente al tres por ciento alcanzado al cierre del año anterior, esta esfera sufre una desaceleración marcada que se deja sentir en todos los confines del orbe.
El pulso arancelario que mantienen China y Estados Unidos, y las tensiones de este último también con Europa, son los mayores incentivos para que diversas regiones busquen y cierren nuevas alianzas en un intento por minimizar los retos crecientes en materia comercial.
Así, la Unión Europea (UE) descuella por ser la más dinámica de todas las regiones si de establecer convenios se trata.
En febrero pasado entre el bloque continental y Japón se firmó un acuerdo que nuclea casi el 37 por ciento del comercio global y el 27,8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del planeta.
Dicha asociación permitirá que el 99 por ciento de los productos importados por la UE desde la nación asiática carezcan de aranceles, en algunos casos con efectos inmediatos y otros progresivos, mientras que las importaciones llegadas a territorio nipón estarán exentas de gravámenes en el 94 por ciento.
Asimismo, y como puerta de entrada para estrechar los vínculos con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), estrenó el viejo continente un acuerdo con Singapur que facilitará eliminar todos los aranceles que todavía se aplican a productos europeos en esa nación.
Uno de los tratados más controvertidos de Europa, no obstante, es aquel establecido con el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay).
Tras 20 años de desencuentros, finalmente firmaron las partes un acuerdo que involucra a 770 millones de consumidores.
Mientras Mercosur se compromete a eliminar los aranceles del 35 por ciento que impone a los autos europeos y los aplicados a las piezas de vehículos procedentes del viejo continente, Europa modifica los aranceles a más del 99 por ciento de los productos agrícolas procedentes de los países latinos.
Se dispone la eliminación entonces de los impuestos de importación al 81,7 por ciento de los productos agrícolas del bloque sudamericano, mientras que ofrece cuotas o preferencias para el 17,7 por ciento restantes.
Algunos gravámenes se retirarán directamente y en algunos casos se suprimirán de forma gradual en un lapso estipulado entre cinco y 10 años.
El acuerdo final, sin embargo, no ha estado exento de objeciones por ambos lados.
Al recelo de los ganaderos europeos ante la competencia sudamericana, se sumó más recientemente el malestar que en la UE provoca el irrespeto del presidente brasileño Jair Bolsonaro hacia la protección del medio ambiente.
La mayor amenaza para su concreción, sin embargo, lo dio Austria en octubre pasado cuando su parlamento lo rechazó, lo que obliga al Gobierno a vetarlo ante el Consejo Europeo.
Según lo estipulado, esa alianza solo puede entrar en vigor si todos los países implicados están de acuerdo y esto se aplica a cada Parlamento nacional de todos los Estados miembros.
De esta manera, el mayor acuerdo comercial que la UE ha cerrado, de acuerdo con las consideraciones del presidente de la Comisión Europea en el momento de su firma, Jean-Claude Juncker, tiene todavía ante sí un camino tremendamente accidentado.
Si bien es el caso más notable, Europa no es el único continente que busca blindarse ante el proteccionismo comercial imperante.
A juzgar por el contenido del Tratado de Libre Comercio Africano (AfCFTA), esta zona continental apuesta por mirarse a sí mismo como un ente impulsor de su propio desarrollo.
Si bien no entrará plenamente en vigor hasta mediados de 2020, varios organismos ponderan su validez como un instrumento para impulsar el comercio interregional que representó solamente el 15 por ciento entre 2015 y 2017, pero que podría alcanzar un 33 por ciento tras la aplicación del acuerdo.
Así lo avalan datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) que consideró además que el instrumento atraerá más inversiones y creará oportunidades de mercado para fomentar la industrialización del continente por medio de cadenas de valor regionales.
La organización estimó también que PIB de la mayor parte de los países africanos, un mercado de mil 200 millones de personas, aumentaría entre un uno y un tres por ciento una vez eliminados todos los aranceles.
Uno de sus objetivos fundamentales estriba en la eliminación de los gravámenes en un 90 por ciento para la mayor parte de los bienes de consumo en un comercio que involucra a 55 países y cuyo PIB conjunto asciende a unos 3,4 billones de dólares.
La disparidad en relación al desarrollo de los diferentes países involucrados en el acuerdo es, en cambio, uno de los inconvenientes que hace prever que las economías avanzadas del continente, como las de Sudáfrica, Nigeria, Kenia y Egipto serán las más beneficiadas mientras que los más pobres podrían resultar vulnerables en materia fiscal.
Algunas dudas subsisten en relación al acuerdo, entre ellos, cómo funcionaría la inserción de los diferentes países dentro de las cadenas de valor con los principales inversores dentro de los que se halla China, y su coexistencia con múltiples alianzas ya establecidas dentro del continente.
Además de Europa y África, Asia es otro continente preocupado por el futuro de su actividad comercial.
Ya casi al final del año, 15 países asiáticos y no 16 como se pensó al principio, crearon el coloso de todos los tratados comerciales hasta ahora vigentes.
La Asociación Económica Integral Regional (RCEP), que será firmado oficialmente el próximo año, incluye a Australia, China, Corea del Sur, Japón, Nueva Zelanda y los miembros de la Asean (Birmania, Brunéi, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Singapur, Tailandia y Vietnam).
Al englobar al 30 por ciento de la población mundial, con más de dos mil millones de personas, representaría cifras cercanas al 25 y el 30 por ciento del comercio y la inversión mundiales, respectivamente.
La alianza, que requerirá la ratificación de los respectivos parlamentos nacionales, eliminará aranceles sobre más del 90 por ciento de los bienes intercambiados entre los miembros.
India, que a pesar de haber participado de las negociaciones finalmente decidió no sumarse al acuerdo, aclaró luego que permanecerá abierta a las conversaciones en dependencia de la satisfacción de sus demandas.
'La India no está fuera del pacto de manera áspera. Hemos planteado nuestros problemas de una manera lógica. Las negociaciones comerciales deben tener tiempo suficiente', dijo el ministro de Comercio e Industria, Piyush Goyal.
Pero, para que este acuerdo llegue a buen término, algunos escollos deberán ser solventados, entre ellos, la reciente disputa entre Corea del Sur y Japón, y las críticas que Australia y Nueva Zelanda profieren hacia leyes de otros países socios en material laboral y medioambiental.
Aunque todos los acuerdos que vieron la luz bajo este 2019 llevan varios años fraguándose, la postura de Estados Unidos durante los últimos meses en relación al comercio, les dio renovado impulso.
Las tensiones comerciales, el aumento del proteccionismo y la desconfianza en los organismos que lideran la orden global en materia económica, introducen retos para aquellos países defensores del multilateralismo como herramienta de cooperación y es evidente que abogan, ahora, por una nueva arquitectura para el comercio.
*Periodista de la Redacción Económica de Prensa Latina.
rr/ifs
El pulso arancelario que mantienen China y Estados Unidos, y las tensiones de este último también con Europa, son los mayores incentivos para que diversas regiones busquen y cierren nuevas alianzas en un intento por minimizar los retos crecientes en materia comercial.
Así, la Unión Europea (UE) descuella por ser la más dinámica de todas las regiones si de establecer convenios se trata.
En febrero pasado entre el bloque continental y Japón se firmó un acuerdo que nuclea casi el 37 por ciento del comercio global y el 27,8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del planeta.
Dicha asociación permitirá que el 99 por ciento de los productos importados por la UE desde la nación asiática carezcan de aranceles, en algunos casos con efectos inmediatos y otros progresivos, mientras que las importaciones llegadas a territorio nipón estarán exentas de gravámenes en el 94 por ciento.
Asimismo, y como puerta de entrada para estrechar los vínculos con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), estrenó el viejo continente un acuerdo con Singapur que facilitará eliminar todos los aranceles que todavía se aplican a productos europeos en esa nación.
Uno de los tratados más controvertidos de Europa, no obstante, es aquel establecido con el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay).
Tras 20 años de desencuentros, finalmente firmaron las partes un acuerdo que involucra a 770 millones de consumidores.
Mientras Mercosur se compromete a eliminar los aranceles del 35 por ciento que impone a los autos europeos y los aplicados a las piezas de vehículos procedentes del viejo continente, Europa modifica los aranceles a más del 99 por ciento de los productos agrícolas procedentes de los países latinos.
Se dispone la eliminación entonces de los impuestos de importación al 81,7 por ciento de los productos agrícolas del bloque sudamericano, mientras que ofrece cuotas o preferencias para el 17,7 por ciento restantes.
Algunos gravámenes se retirarán directamente y en algunos casos se suprimirán de forma gradual en un lapso estipulado entre cinco y 10 años.
El acuerdo final, sin embargo, no ha estado exento de objeciones por ambos lados.
Al recelo de los ganaderos europeos ante la competencia sudamericana, se sumó más recientemente el malestar que en la UE provoca el irrespeto del presidente brasileño Jair Bolsonaro hacia la protección del medio ambiente.
La mayor amenaza para su concreción, sin embargo, lo dio Austria en octubre pasado cuando su parlamento lo rechazó, lo que obliga al Gobierno a vetarlo ante el Consejo Europeo.
Según lo estipulado, esa alianza solo puede entrar en vigor si todos los países implicados están de acuerdo y esto se aplica a cada Parlamento nacional de todos los Estados miembros.
De esta manera, el mayor acuerdo comercial que la UE ha cerrado, de acuerdo con las consideraciones del presidente de la Comisión Europea en el momento de su firma, Jean-Claude Juncker, tiene todavía ante sí un camino tremendamente accidentado.
Si bien es el caso más notable, Europa no es el único continente que busca blindarse ante el proteccionismo comercial imperante.
A juzgar por el contenido del Tratado de Libre Comercio Africano (AfCFTA), esta zona continental apuesta por mirarse a sí mismo como un ente impulsor de su propio desarrollo.
Si bien no entrará plenamente en vigor hasta mediados de 2020, varios organismos ponderan su validez como un instrumento para impulsar el comercio interregional que representó solamente el 15 por ciento entre 2015 y 2017, pero que podría alcanzar un 33 por ciento tras la aplicación del acuerdo.
Así lo avalan datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) que consideró además que el instrumento atraerá más inversiones y creará oportunidades de mercado para fomentar la industrialización del continente por medio de cadenas de valor regionales.
La organización estimó también que PIB de la mayor parte de los países africanos, un mercado de mil 200 millones de personas, aumentaría entre un uno y un tres por ciento una vez eliminados todos los aranceles.
Uno de sus objetivos fundamentales estriba en la eliminación de los gravámenes en un 90 por ciento para la mayor parte de los bienes de consumo en un comercio que involucra a 55 países y cuyo PIB conjunto asciende a unos 3,4 billones de dólares.
La disparidad en relación al desarrollo de los diferentes países involucrados en el acuerdo es, en cambio, uno de los inconvenientes que hace prever que las economías avanzadas del continente, como las de Sudáfrica, Nigeria, Kenia y Egipto serán las más beneficiadas mientras que los más pobres podrían resultar vulnerables en materia fiscal.
Algunas dudas subsisten en relación al acuerdo, entre ellos, cómo funcionaría la inserción de los diferentes países dentro de las cadenas de valor con los principales inversores dentro de los que se halla China, y su coexistencia con múltiples alianzas ya establecidas dentro del continente.
Además de Europa y África, Asia es otro continente preocupado por el futuro de su actividad comercial.
Ya casi al final del año, 15 países asiáticos y no 16 como se pensó al principio, crearon el coloso de todos los tratados comerciales hasta ahora vigentes.
La Asociación Económica Integral Regional (RCEP), que será firmado oficialmente el próximo año, incluye a Australia, China, Corea del Sur, Japón, Nueva Zelanda y los miembros de la Asean (Birmania, Brunéi, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Singapur, Tailandia y Vietnam).
Al englobar al 30 por ciento de la población mundial, con más de dos mil millones de personas, representaría cifras cercanas al 25 y el 30 por ciento del comercio y la inversión mundiales, respectivamente.
La alianza, que requerirá la ratificación de los respectivos parlamentos nacionales, eliminará aranceles sobre más del 90 por ciento de los bienes intercambiados entre los miembros.
India, que a pesar de haber participado de las negociaciones finalmente decidió no sumarse al acuerdo, aclaró luego que permanecerá abierta a las conversaciones en dependencia de la satisfacción de sus demandas.
'La India no está fuera del pacto de manera áspera. Hemos planteado nuestros problemas de una manera lógica. Las negociaciones comerciales deben tener tiempo suficiente', dijo el ministro de Comercio e Industria, Piyush Goyal.
Pero, para que este acuerdo llegue a buen término, algunos escollos deberán ser solventados, entre ellos, la reciente disputa entre Corea del Sur y Japón, y las críticas que Australia y Nueva Zelanda profieren hacia leyes de otros países socios en material laboral y medioambiental.
Aunque todos los acuerdos que vieron la luz bajo este 2019 llevan varios años fraguándose, la postura de Estados Unidos durante los últimos meses en relación al comercio, les dio renovado impulso.
Las tensiones comerciales, el aumento del proteccionismo y la desconfianza en los organismos que lideran la orden global en materia económica, introducen retos para aquellos países defensores del multilateralismo como herramienta de cooperación y es evidente que abogan, ahora, por una nueva arquitectura para el comercio.
*Periodista de la Redacción Económica de Prensa Latina.
rr/ifs
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2 de diciembre de 2019, 16:10Por Ivette Fernández Sosa*
La Habana, (Prensa Latina) El volumen del intercambio mundial de mercancías será de tan solo un 1,2 por ciento en 2019 debido al aumento del proteccionismo impulsado por Estados Unidos, determinó recientemente la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Frente al tres por ciento alcanzado al cierre del año anterior, esta esfera sufre una desaceleración marcada que se deja sentir en todos los confines del orbe.
El pulso arancelario que mantienen China y Estados Unidos, y las tensiones de este último también con Europa, son los mayores incentivos para que diversas regiones busquen y cierren nuevas alianzas en un intento por minimizar los retos crecientes en materia comercial.
Así, la Unión Europea (UE) descuella por ser la más dinámica de todas las regiones si de establecer convenios se trata.
En febrero pasado entre el bloque continental y Japón se firmó un acuerdo que nuclea casi el 37 por ciento del comercio global y el 27,8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del planeta.
Dicha asociación permitirá que el 99 por ciento de los productos importados por la UE desde la nación asiática carezcan de aranceles, en algunos casos con efectos inmediatos y otros progresivos, mientras que las importaciones llegadas a territorio nipón estarán exentas de gravámenes en el 94 por ciento.
Asimismo, y como puerta de entrada para estrechar los vínculos con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), estrenó el viejo continente un acuerdo con Singapur que facilitará eliminar todos los aranceles que todavía se aplican a productos europeos en esa nación.
Uno de los tratados más controvertidos de Europa, no obstante, es aquel establecido con el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay).
Tras 20 años de desencuentros, finalmente firmaron las partes un acuerdo que involucra a 770 millones de consumidores.
Mientras Mercosur se compromete a eliminar los aranceles del 35 por ciento que impone a los autos europeos y los aplicados a las piezas de vehículos procedentes del viejo continente, Europa modifica los aranceles a más del 99 por ciento de los productos agrícolas procedentes de los países latinos.
Se dispone la eliminación entonces de los impuestos de importación al 81,7 por ciento de los productos agrícolas del bloque sudamericano, mientras que ofrece cuotas o preferencias para el 17,7 por ciento restantes.
Algunos gravámenes se retirarán directamente y en algunos casos se suprimirán de forma gradual en un lapso estipulado entre cinco y 10 años.
El acuerdo final, sin embargo, no ha estado exento de objeciones por ambos lados.
Al recelo de los ganaderos europeos ante la competencia sudamericana, se sumó más recientemente el malestar que en la UE provoca el irrespeto del presidente brasileño Jair Bolsonaro hacia la protección del medio ambiente.
La mayor amenaza para su concreción, sin embargo, lo dio Austria en octubre pasado cuando su parlamento lo rechazó, lo que obliga al Gobierno a vetarlo ante el Consejo Europeo.
Según lo estipulado, esa alianza solo puede entrar en vigor si todos los países implicados están de acuerdo y esto se aplica a cada Parlamento nacional de todos los Estados miembros.
De esta manera, el mayor acuerdo comercial que la UE ha cerrado, de acuerdo con las consideraciones del presidente de la Comisión Europea en el momento de su firma, Jean-Claude Juncker, tiene todavía ante sí un camino tremendamente accidentado.
Si bien es el caso más notable, Europa no es el único continente que busca blindarse ante el proteccionismo comercial imperante.
A juzgar por el contenido del Tratado de Libre Comercio Africano (AfCFTA), esta zona continental apuesta por mirarse a sí mismo como un ente impulsor de su propio desarrollo.
Si bien no entrará plenamente en vigor hasta mediados de 2020, varios organismos ponderan su validez como un instrumento para impulsar el comercio interregional que representó solamente el 15 por ciento entre 2015 y 2017, pero que podría alcanzar un 33 por ciento tras la aplicación del acuerdo.
Así lo avalan datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) que consideró además que el instrumento atraerá más inversiones y creará oportunidades de mercado para fomentar la industrialización del continente por medio de cadenas de valor regionales.
La organización estimó también que PIB de la mayor parte de los países africanos, un mercado de mil 200 millones de personas, aumentaría entre un uno y un tres por ciento una vez eliminados todos los aranceles.
Uno de sus objetivos fundamentales estriba en la eliminación de los gravámenes en un 90 por ciento para la mayor parte de los bienes de consumo en un comercio que involucra a 55 países y cuyo PIB conjunto asciende a unos 3,4 billones de dólares.
La disparidad en relación al desarrollo de los diferentes países involucrados en el acuerdo es, en cambio, uno de los inconvenientes que hace prever que las economías avanzadas del continente, como las de Sudáfrica, Nigeria, Kenia y Egipto serán las más beneficiadas mientras que los más pobres podrían resultar vulnerables en materia fiscal.
Algunas dudas subsisten en relación al acuerdo, entre ellos, cómo funcionaría la inserción de los diferentes países dentro de las cadenas de valor con los principales inversores dentro de los que se halla China, y su coexistencia con múltiples alianzas ya establecidas dentro del continente.
Además de Europa y África, Asia es otro continente preocupado por el futuro de su actividad comercial.
Ya casi al final del año, 15 países asiáticos y no 16 como se pensó al principio, crearon el coloso de todos los tratados comerciales hasta ahora vigentes.
La Asociación Económica Integral Regional (RCEP), que será firmado oficialmente el próximo año, incluye a Australia, China, Corea del Sur, Japón, Nueva Zelanda y los miembros de la Asean (Birmania, Brunéi, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Singapur, Tailandia y Vietnam).
Al englobar al 30 por ciento de la población mundial, con más de dos mil millones de personas, representaría cifras cercanas al 25 y el 30 por ciento del comercio y la inversión mundiales, respectivamente.
La alianza, que requerirá la ratificación de los respectivos parlamentos nacionales, eliminará aranceles sobre más del 90 por ciento de los bienes intercambiados entre los miembros.
India, que a pesar de haber participado de las negociaciones finalmente decidió no sumarse al acuerdo, aclaró luego que permanecerá abierta a las conversaciones en dependencia de la satisfacción de sus demandas.
'La India no está fuera del pacto de manera áspera. Hemos planteado nuestros problemas de una manera lógica. Las negociaciones comerciales deben tener tiempo suficiente', dijo el ministro de Comercio e Industria, Piyush Goyal.
Pero, para que este acuerdo llegue a buen término, algunos escollos deberán ser solventados, entre ellos, la reciente disputa entre Corea del Sur y Japón, y las críticas que Australia y Nueva Zelanda profieren hacia leyes de otros países socios en material laboral y medioambiental.
Aunque todos los acuerdos que vieron la luz bajo este 2019 llevan varios años fraguándose, la postura de Estados Unidos durante los últimos meses en relación al comercio, les dio renovado impulso.
Las tensiones comerciales, el aumento del proteccionismo y la desconfianza en los organismos que lideran la orden global en materia económica, introducen retos para aquellos países defensores del multilateralismo como herramienta de cooperación y es evidente que abogan, ahora, por una nueva arquitectura para el comercio.
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