El ministro de Estado de Asuntos Exteriores, Berhanu Tsegaye, así lo expresó durante un diálogo con el representante especial del secretario general de la ONU ante la Unión Africana, Parfait Serge Onanga-Anyanga, y con el coordinador residente y humanitario del organismo multilateral en el país, Ozonnia Ojielo.
También asistió el enviado especial del secretario general de las Naciones Unidas para el Cuerno de África, Guang Cong, precisó la Cancillería local.
Tsegaye informó a los altos funcionarios sobre la situación en el norte de Etiopía, destacando especialmente la continua agresión de Eritrea y su participación militar directa en diversos frentes a lo largo de la frontera.
Subrayó que hacer frente a esta agresión no provocada es fundamental para preservar la estabilidad regional, salvaguardar los esfuerzos de paz en curso y garantizar la rendición de cuentas en todo el Cuerno de África.
El 1 de octubre, pasado, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Etiopía decidió cerrar su Embajada en Asmara, en respuesta a los actos directos e indirectos de hostilidad y beligerancia de ese país vecino contra Addis Abeba.
La cartera, mediante un comunicado, también declaró persona non grata a 10 diplomáticos eritreos en esta capital, incluidos el encargado de Negocios y personal acreditado ante la Unión Africana, por su participación en actividades que suponen una amenaza directa para la seguridad nacional, en violación de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.
Dichos diplomáticos abandonaron el país en un plazo de 48 horas.
Etiopía instó al Gobierno de Eritrea a cesar todo acto contrario a los principios que rigen las relaciones entre Estados soberanos.
Como respuesta, Eritrea anunció ese mismo día el rompimiento de lazos diplomáticos con Etiopía que, según su Cancillería, «para justificar estos actos de hostilidad injustificados, el Gobierno de Etiopía ha invertido la situación acusando a Eritrea de llevar a cabo actos directos e indirectos de hostilidad y beligerancia contra Etiopía».
De acuerdo con la fuente, en realidad Addis Abeba impulsa una agenda de hostilidad incesante —que equivale, en la práctica, a una declaración de guerra pública— contra Asmara desde hace tres años, con el objetivo de satisfacer «el imperativo de obtener un acceso soberano al mar» mediante la invasión de puertos y zonas costeras soberanas.
Mencionó también que Etiopía fue más allá al acoger, entrenar y armar a diversos grupos que denomina «grupos de oposición armada eritrea», con el fin de avivar un conflicto interno para lograr un «cambio de régimen» en el país.
El 23 de septiembre pasado, el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) ocupó los aeropuertos de Mekelle, Axum y Shire, detuvo al personal federal y por consiguiente fueron interrumpidos los servicios aéreos civiles.
Fuentes oficiales confirmaron la destrucción y saqueo de infraestructuras y recursos públicos, la militarización de escuelas y la participación forzosa de jóvenes, incluso niños, en los enfrentamientos del TPLF con las Fuerzas de Defensa Nacional de Etiopía.
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