domingo 21 de abril de 2024
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Dos leyendas de la receptoría cubana en aniversario de su natalicio

La Habana, 31 ene (Prensa Latina) Quiso el destino que dos de los mejores receptores que han pasado por el béisbol cubano -tal vez los dos más grandes- nacieran un día como hoy, aunque en años diferentes.

Juan Castro, oriundo de la occidental provincia de Pinar del Río y fallecido en 2020, estaría cumpliendo este miércoles 70 primaveras y Ariel Pestano, natal de la central Villa Clara, celebra el medio siglo de existencia.

Era un espectáculo ver a Castro recibir envíos que rompían en la arcilla o atrapar elevados a sus espaldas. En varias ocasiones declaró que, confiado en su capacidad para atrapar pelotas sin importar el efecto que traían, muchas veces ni siquiera pedía señas a los lanzadores.

Aunque durante sus 16 temporadas siempre fue un bateador discreto (.228), fue su defensa impecable la que lo hizo inmortal, con un promedio de fildeo de .985 y una media de atrapados robando de 46.8 por ciento, al sorprender a lo largo de su carrera a 330 corredores en 705 intentos.

Su elegancia detrás del plato, su inteligencia y profesionalidad probada en todos los escenarios donde participó, son bien difíciles de olvidar por todos aquellos que tuvieron el privilegio de verlo en acción.

Ganó seis títulos nacionales con Vegueros y cinco con Pinar del Río en Series Selectivas, además fue tres veces campeón mundial con el equipo Cuba y obtuvo medallas de oro en dos Juegos Panamericanos, en unos Centroamericanos y en dos en Copas Intercontinentales.

Pestano por su parte jugó 22 campañas y pasó 16 de ellas vistiendo los colores del equipo nacional, todo un récord que ninguno otro pelotero cubano ha podido igualar.

Muy respetado dentro del diamante y de carácter fuerte, poseía todas las herramientas de un buen receptor: habilidad, coraje, virtuosismo, potencia en el brazo y efectividad.

A la ofensiva, se le recordará siempre como un bateador de momentos claves. Casi en el ocaso de su carrera , su cuadrangular en los playoffs de 2013 contra el favorito Matanzas, que le dio el trofeo a sus Leopardos de Villa Clara, quedará en los archivos beisboleros como uno de los momentos más espectaculares de las Series Nacionales.

El enmascarado concluyó su carrera con un promedio ofensivo de .287, 153 vuelacercas y 905 carreras impulsadas. A la defensa apenas cometió 78 pifias, y dejó un impresionante récord sorprendiendo en las almohadillas el 56.5 por ciento de los corredores, al eliminar a 459 de los 812 que le salieron al robo.

Fue cuatro veces campeón nacional y en Juegos Olímpicos ganó una medalla de oro en Atenas 2004 y plata en Sidney 2000 y Beijing 2008.

Además, subió cuatro veces a lo más alto del podio en torneos del orbe, tres en Copas Intercontinentales, igual cantidad en citas panamericanas y una en Juegos Centroamericanos.

mem/blc

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