viernes 12 de abril de 2024
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Trabajo forzado enriquece en el mundo a las mafias

Ginebra, 19 mar (Prensa Latina) Un informe de la agencia de empleo de las Naciones Unidas (ONU) relató hoy que los beneficios ilegales del trabajo forzoso en todo el mundo ascendieron a 236 mil millones de dólares al año.

Agrega el documento que la explotación sexual supone tres cuartos de un negocio que priva a los migrantes del dinero que podrían enviar a casa, suprime empleos legales y permite que los delincuentes responsables evadan impuestos.

Los datos de 2021, el año más reciente cubierto en el detallado estudio internacional, suponían un incremento del 37 por ciento, o 64 mil millones de dólares, en comparación con la estimación previa de una década antes.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ello se debe tanto a que hay más personas explotadas como a que cada víctima genera más dinero.

Al respecto de la primera cifra mencionada, la OIT señala que este es el obsceno nivel de los beneficios anuales generados por el trabajo forzoso en el mundo actual.

Esa cifra representa las ganancias robadas en la práctica de los bolsillos de los trabajadores por quienes les coaccionan para trabajar, un dinero que también se resta a las remesas de migrantes y supone impuestos perdidos para los gobiernos.

El trabajo forzoso puede fomentar la corrupción, fortalecer redes criminales e incentivar una explotación mayor

El director general de la agencia, Gilbert Houngbo, pidió cooperación internacional para combatir esta práctica.

La OIT define el trabajo forzoso como el impuesto contra la voluntad del empleado y exigido bajo castigo o amenaza.

Puede ocurrir en cualquier fase del empleo: durante la contratación, en las condiciones de vida asociadas al empleo o al obligar a alguien a quedarse en un empleo cuando quiere marcharse.

Se estima que en cualquier día de 2021 había 27,6 millones de personas sometidas a trabajos forzosos, un incremento del 10 por ciento en comparación con cinco años antes, según la agencia.

Más de la mitad de las víctimas se encontraban en la región Asia-Pacífico, mientras que África, América y Europa-Asia Central suponían cada una entre el 13 y el 14 por ciento.

mem/rfc

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