domingo 16 de junio de 2024
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La verdadera enfermedad es la ignorancia y no la transexualidad

La Habana, 17 may (Prensa Latina) La sociedad civil mundial celebra hoy el Día Internacional contra la Homofobia, la Trasfobia y la Bifobia, mientras el 14 de mayo la presidenta peruana, Dina Boluarte, declaró la transexualidad como una enfermedad mental en su país.

Por Verónica Núñez Lastres, estudiante de Periodismo

Resulta irónico e indigna, evidentemente la mandataria desconoce que hace 51 años, en 1973, la American Psychiatric Association (APA), retiró la homosexualidad de la lista de trastornos psíquicos.

Al parecer, los conocimientos psiquiátricos del equipo de Gobierno de Boluarte son superiores a los de la APA, y a los de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que tampoco considera a los trans como enfermos mentales.

Dicha organización declara que los miembros de la comunidad LGBTIQ son los más propensos a sufrir violaciones de derechos humanos en varias comunidades y países, sin contar por supuesto las actitudes discriminatorias más comunes.

Lamentablemente, siempre es posible encontrar personas que todavía dicen que ser gay es algo antinatural. Ni hablar de su opinión sobre los transexuales.

Si tildamos esto como antinatura, estaríamos ignorando las mismas leyes de la naturaleza a las que tan fuerte se aferran los homófobos.

Los caballitos de mar machos son quienes se embarazan, los peces payasos cambian de masculino a femenino si necesitan sobrevivir y los chimpancés bonobos tienen relaciones sexuales con hembras y machos.

Tampoco podemos ser ciegos y querer esconder debajo del tapete lo evidente: ¡la fluidez sexual y de género existe desde la antigüedad! Lo que era mucho menos evidente, más perseguido o incluso tomado con normalidad, dependiendo de la región y la época, según investigaciones, artículos periodísticos y declaraciones de los propios miembros de la comunidad.

Por solo mencionar algunos ejemplos, en diferentes mitologías hay relatos de relaciones entre personas del mismo sexo; las civilizaciones precolombinas nomiraban dos veces ante una relación homosexual; los griegos clásicos las veían como otra manera de transmitir conocimiento y crear lazos afectivos.

Incluso en una parte de Oaxaca, México, aún mantienen la tradición de las valiosas muxhes: personas biológicamente masculinas que no se consideran ni hombres ni mujeres; pertenecen a un tercer género.

Hay expertos que aseguran que uno de los posibles orígenes de los términos homo y heterosexual sea un panfleto escrito por Karl-Maria Kertbeny en el siglo XIX que, y esto puede ser sorprendente, arremetía contra la ley prusiana que criminalizaba este tipo de relaciones.

Durante muchos años esta comunidad fue perseguida y hasta torturada para “sacarles el demonio de adentro” o “quitarles lo marica”, sin contar a los asesinados; todo porque son diferentes.

¿Condenarías a alguien solo porque le gusta el helado de limón y al resto del barrio les parece un mal sabor? ¿Lo harías porque se viste con jeans cuando tú usas solo pantalón de hilo?

La historia indica que ellos siempre han estado allí y la ciencia dictaminó que no son enfermos mentales. Como dice mi abuela, quien por cierto tiene 81 años, así que esto no es solo una cosa de la llamada juventud libertina; con eso se nace, no se puede evitar y al final, lo importante es ser buena persona.

Yo me cuestiono: ¿dónde empieza y termina lo moralmente correcto? ¿Quién lo dicta? Ante todo, deberíamos repetirnos a diario la máxima: “Haz lo que quieras, mientras no dañes a otros”, en un intento por ser mejores seres humanos.

mem/mml/vnl

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