miércoles 19 de junio de 2024
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El capricho de Catalina la Grande

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Moscú, 27 may (Prensa Latina) El Museo-Reserva Natural de Tsarítsino, al suroeste de Moscú, es un complejo de palacios y parques construidos en 405 hectáreas como residencia de campo para la emperatriz Catalina la Grande, que destaca por su conjunto arquitectónico, la mayor parte rehabilitado para el uso público en el período 2005-2007.

El palacio principal de Tsarítsino es el único de estilo pseudo-gótico en el gigante euroasiático.

En 1775, Catalina la Grande compró la gran superficie con invernaderos que producían uvas y limones, entre otros frutales. El lugar comenzó a ser conocido como Tsaritsa, “el pueblo de la zarina”.

El lugar fue llamado antes Black Mud y en el año 1723, tras la muerte del príncipe de Moldavia Demetrio Cantemir, dueño de la zona, lo entregaron a sus hijos, hasta la compra de la finca por Catalina.

La emperatriz quería disponer de un palacio suburbano en esta propiedad por su magnífico entorno natural, y para ello contrató los servicios del arquitecto Vasily Bazhenov, quien empezó su construcción en 1776. La obra debía simbolizar la reciente victoria de Rusia sobre Turquía.

A juicio de historiadores, como muestra de una determinación irracional, aún hoy incomprendida, Catalina II mandó a derribar lo concebido y despidió a Bazhenov, en medio de serias diferencias con el especialista. En la actualidad los restos de las primeras edificaciones son visibles en Tsarítsino.

Luego de este incidente Matvéi Kazakov, otro arquitecto de gran prestigio, se hizo responsable de la evolución del lugar, practicando en el espacio el estilo denominado pseudo-gótico ruso.

Mientras se construía el palacio (1786-1796), la emperatriz falleció y el casi acabado entorno terminó en el abandono. Es así como el Gran Palacio de Tsarítsino es conocido hasta nuestros días como “el capricho de la emperatriz”.

Actualmente, el parque es un espacio abierto para su disfrute, donde convergen lo antiguo y lo moderno, y permite tener un recorrido desde el siglo XI hasta el XXI.

Entre sus principales atractivos está la Fuente Musical, una obra de 2006 con un diámetro de 55 metros; sus chorros de agua, más de 800, pueden llegar a alcanzar los 15 metros de altura, ofrece una espectacular combinación de música y luces de colores, en total más de tres mil subacuáticas.

Caminar por Tsarítsino es como imaginar una película de época, donde por momentos te tropiezas con Catalina la Grande portando sus más esplendorosos atuendos, o te imaginas cosechando junto a los Vyatichi las jugosas uvas del otoño moscovita.

(Tomado de 4ta Pared, suplemento cultural de Orbe)

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