Desde temprano, la ciudad respira olimpismo. Se oyen tambores, se ven trajes típicos, se siente el vértigo de lo inminente. Es viernes, pero todo tiene sabor a víspera. En los alrededores de la villa panamericana se cruzan idiomas, abrazos, selfies, uniformes recién planchados y sueños con fecha de estreno.
Cuba, fiel a su historia deportiva, alzará su enseña nacional con la dignidad de quien nunca ha competido solo por medallas, sino también por orgullo. Son 231 atletas los que representan a la Isla, formados entre carencias y esperanza, decididos a brillar en 28 deportes y 42 disciplinas.
El acto simbólico de esta tarde marcará el inicio espiritual de unos juegos donde estarán los futuros campeones olímpicos del continente. Mañana se encenderá la llama en el Estadio Defensores del Chaco, pero hoy, con las banderas alzadas, comienza a latir el alma del evento.
Y cuando la estrella solitaria se eleve entre todas, será también la imagen de una Cuba que, aún en la dificultad, sigue diciendo presente en pugna por ubicarse entre las primeras del medallero continental.
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