Lejos de quebrar la voluntad de sus habitantes, la violencia reforzó la determinación de los residentes de este poblado de resistir, permanecer en su tierra y aferrarse a la vida.
Pese a la magnitud del bombardeo y al dolor causado por la pérdida de seres queridos, los pobladores insisten en continuar con su cotidianidad como una forma de desafío frente a la agresión y de defensa de su derecho a vivir en paz en su propio territorio.
De acuerdo con testimonios recogidos por la agencia Prensa Latina, fuerzas militares israelíes atacaron directamente a los residentes de Beit Jinn, lo que provocó enfrentamientos con los aldeanos, quienes resistieron la incursión hasta obligar a la fuerza agresora a retirarse del territorio sirio.

Qassem Hamada, uno de los habitantes de la localidad, relató que el bombardeo contra su vivienda acabó con la vida de dos de sus hijos, dos nietos y su cuñada.

Aseguró que, tras el ataque inicial, un helicóptero abrió fuego con ametralladoras contra la casa, en lo que describió como un intento deliberado de matar a quienes aún permanecían con vida entre los escombros.
Somos gente sencilla, campesinos, no hacemos daño a nadie. Solo queremos vivir en paz después de largos años de guerra, expresó Hamada, quien calificó lo ocurrido como un crimen de guerra y de lesa humanidad.
Nosotros no atacamos a Israel; ellos vienen aquí a asesinarnos, subrayó.
La abuela Fadwa Hassan, de 71 años, narró a Prensa Latina los instantes de terror vividos durante el ataque. Contó que se encontraba en la misma vivienda junto a 25 miembros de su familia, en su mayoría niños, y que lograron salvarse de manera milagrosa tras refugiarse en el sótano, mientras un misil impactaba en la casa y la destruía por completo.
A pesar del miedo, la destrucción y el dolor, los habitantes de Beit Jinn reiteran su firme decisión de no abandonar sus hogares ni sus tierras, aun a costa de grandes sacrificios.
Consideran que su permanencia constituye una respuesta directa a los intentos de imponer el desplazamiento y alienta la resistencia frente a una política expansionista que, afirman, busca vaciar la región de sus pobladores.
En ese espíritu de resiliencia, los niños regresaron a las escuelas, los campesinos retomaron el trabajo en sus campos y los empleados volvieron a sus centros laborales, enviando un mensaje claro: la vida continúa y la esperanza persiste, pese a la amenaza constante del vecino agresor.
El Ministerio de Asuntos Exteriores y Expatriados de Siria condenó enérgicamente el ataque contra Beit Jinn,que calificó de brutal y deliberado, y un crimen de guerra cometido por las fuerzas de ocupación israelíes.
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