El anuncio, hecho oficial por la institución, puso fin a una relación que venía resquebrajándose entre resultados irregulares, tensiones internas y un calendario que no concedió treguas. Pese a los laureles recientes —la conquista de la Conference League y del Mundial de Clubes—, el crédito del técnico italiano se fue diluyendo partido a partido.
La prensa británica ya anticipaba el desenlace. El duelo del 4 de enero ante el Manchester City se perfilaba como un punto de quiebre, y finalmente el club optó por anticiparse al desgaste definitivo.
En un comunicado, el Chelsea agradeció a Maresca por “los logros que ya forman parte de la historia reciente del club” y reconoció su aporte en una etapa marcada por la exigencia constante. No obstante, la directiva consideró que un cambio en el banquillo es la vía más adecuada para enderezar el rumbo competitivo.
El equipo londinense marcha quinto en la Premier League, con 30 puntos producto de ocho victorias, seis empates y cinco derrotas, aún con objetivos abiertos en varias competiciones. El futuro inmediato del Chelsea, sin embargo, comienza hoy, con la sensación de que una era se cerró antes de tiempo.
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