El campeón del mundo convirtió el circuito belga en un escenario de epopeya. Sin esperar a nadie, clavó el primer estacazo y se marchó en solitario, volando sobre la arena con el giro más rápido del día y una autoridad que no admite discusión.
Ni el eterno descenso ni los infortunios mecánicos alteraron su guion. Dos pinchazos quisieron escribir suspense, pero Van der Poel los borró con temple y clase, administrando una renta cercana al medio minuto hasta cruzar la meta como dueño absoluto del barro.
Detrás, la carrera se fragmentó en la lucha por el honor. Su compatriota Tibor del Grosso aprovechó su oportunidad para firmar el segundo puesto, a 45 segundos del vencedor, mientras el belga Emiel Verstrynge completó el podio a 1:03 minutos, tras una prueba marcada por caídas y errores.
Con este triunfo, el neerlandés suma su novena victoria de la temporada y encadena veinte consecutivas, una racha que lo confirma como una fuerza de la naturaleza sobre el ciclocross.
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