El pabellón patrio parecía mecerse con un peso más, cargado de sus ausencias provocadas por la metralla estadounidense.
El silencio fue el primer orador, un minuto exacto y emocionado de tributo.

La embajadora Lissett Pérez encabezó el homenaje, con el que los miembros de la Embajada de Cuba en Montevideo se unieron al duelo nacional decretado durante 48 horas en la isla.
Como colofón, se entonaron las notas de La Bayamesa, el himno que desde octubre de 1868 acompaña las gestas libertarias de los cubanos.
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