En medio de la repercusión por la agresión a Venezuela que sigue ocupando titulares, los demócratas de la Cámara Baja invitaron a participar en el recordatorio de una insurrección sin precedentes en el corazón de la democracia estadounidense.
Exagentes federales, exfuncionarios estatales y testigos que se encontraban en el Capitolio el día del ataque formaron parte de los participantes en los paneles que analizaron en retrospectiva la trágica jornada, que dejó cinco muertos y 140 policías heridos. Luego se reunirán en los escalones del Capitolio.
Para algunos analistas, la violencia de aquel 6 de enero de 2021 continúa marcando gran parte de la agenda política de Estados Unidos en este segundo periodo de Trump y además hay un marcado aumento de la polarización entre republicanos y demócratas.
Hace un lustro, Trump, mandatario saliente, le pidió a una multitud en un mitin que marcharan al Capitolio —“y yo estaré allí con ustedes”, dijo. La exhortación era para protestar contra la certificación electoral del demócrata Joe Biden en las elecciones de noviembre de 2020.
Esa mañana de frío enero, el mundo fue testigo de escenas de verdadero caos. Pero en este quinto aniversario, no hay ningún evento oficial para rememorar lo que se tildó de golpe a la democracia, en cambio Trump se reunió en privado con los republicanos de la Cámara de Representantes en el Centro Kennedy, que el presidente rebautizó con su propio nombre pese a innumerables críticas.
Por su parte, el excabecilla del grupo supremacista Proud Boys Enrique Tarrio llamó a una marcha. “Pido a aquellos que puedan asistir que lo hagan”, escribió en X el exjefe de la organización nacionalista, quien fue sentenciado a 22 años de prisión por conspiración sediciosa por haber orquestado el ataque al Capitolio.
Tarrio es uno de los más de mil 500 acusados por aquellos graves incidentes que lograron evadir el castigo de la justicia de Estados Unidos cuando Trump decidió para ellos un indulto general al volver a la Casa Blanca en enero de 2025. Este aniversario tiene lugar mientras la atención se centra justo en el tema Venezuela y el secuestro del presidente en ejercicio de una nación soberana junto a su esposa, la primera dama, en una operación que ha conmocionado e indignado a la comunidad internacional.
Fuerzas especiales de Estados Unidos por orden de Trump arrancaron a Nicolás Maduro y a Cilia Flores de Venezuela y los trasladaron a Nueva York para enfrentar un juicio por cargos vinculados al narcotráfico, de los que aquí se declararon inocentes ambos durante su primera comparecencia ayer en un tribunal de Manhattan.
Los planes explícitos de Trump, en esta nueva e impactante era del expansionismo estadounidense, son tomar el control del país y de su industria petrolera. Curiosamente esa nación suramericana posee las mayores reservas probadas del mundo del hidrocarburo y cuenta, además, con apreciados recursos minerales.
Según datos publicados en la prensa local, ese 6 de enero unas 10 mil personas se dirigieron hacia la sede el Capitolio federal y unas 800 irrumpieron dentro del edificio, después de congregarse en el mitin Save America en el parque público de La Elipse, donde escucharon el discurso del presidente.
La manifestación culminó en la revuelta, después de numerosos intentos anteriores de Trump de anular los resultados de los comicios de noviembre de 2020 tras un supuesto fraude electoral.
Previo a este quinto aniversario, la placa oficial en honor a los policías que defendieron la democracia ese día desapareció. Su paradero se desconoce públicamente. El hecho de que no se coloque un elemento permanente permitirá en el futuro que los visitantes pueden atravesar el Capitolio sin ningún recordatorio formal de lo que ocurrió y daría pie a otras narrativas.
Aunque los mismos republicanos hablaron de insurrección al referirse al ataque a la sede del Congreso y de que fue el día más triste allí, Trump lo consideró un “día de amor”.
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